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Oliver Sacks ante su muerte inminente

En esta edición presentamos  un escrito realizado por Oliver Sacks sobre la eminencia de su fallecimiento
Este articulo se publica en el blog de literatura y poesía manejado por el Profesor Alejandro Oliveros
http://www.revistamontero.com/

Autor de numerosos libros, como Migraña, La isla de los ciegos al color, Despertares o El hombre que confundía a su mujer con un sombrero, el neurólogo Oliver Sacks (Londres, 1933) sorprendió a sus muchos lectores el 19 de febrero pasado cuando publicó en la sección de opinión de The New York Times el ensayo que sigue, en el que informó que sufre de un cáncer terminal. Se trata de un breve y poderoso manifiesto de agradecimiento por la existencia y de valentía frente a la muerte que resuena con su serenidad clásica, y que esplende con la luz que solo produce la verdadera inteligencia.
Rafael Osío Cabrices

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Hace un mes, yo me sentía saludable. Me parecía incluso que tenía una salud robusta. Con 81 años, todavía puedo nadar una milla al día. Pero la suerte se me acabó: hace unas pocas semanas me enteré de que tengo metástasis múltiple en el hígado. Nueve años atrás me encontraron un raro tumor en un ojo, un melanoma ocular. La radiación y el láser que me aplicaron para remover el tumor me dejaron ciego de ese ojo, pero aparte de eso, solo en casos muy infrecuentes ese tumor puede hacer metástasis. Yo estoy en ese desafortunado dos por ciento.
Me siento agradecido por esos nueve años que se me concedieron de buena salud y productividad desde el diagnóstico original, pero ahora estoy cara a cara con la muerte. El cáncer ocupa un tercio de mi hígado, y aunque podemos lograr que avance más lentamente, a este tipo de cáncer en particular no podremos detenerlo.

Depende de mí ahora el elegir cómo vivir los meses que me quedan. Debo vivirlos del modo más rico, profundo y productivo que pueda. En esto me brindan coraje las palabras de uno de mis filósofos favoritos, David Hume, quien cuando supo a los 65 años que estaba mortalmente enfermo escribió una corta autobiografía, en un solo día, en abril de 1776. La tituló “My Own Life.”
“Padecí un rápido deterioro,” escribió. “No he sentido hasta ahora mucho dolor, y, lo que resulta más raro, no obstante mi quebranto, nunca ha decaído mi ánimo (…) Soy dueño de la misma pasión de siempre hacia el estudio y del mismo regocijo hacia la compañía de mis amistades”.

Yo he sido lo suficientemente afortunado como para haber pasado de los 80, y los 15 años con que superé la cuenta de Hume han sido tan ricos en trabajo como en amor. En ese período, he publicado cinco libros y completé una autobiografía (bastante más larga que las pocas páginas de la de Hume) que saldrá esta primavera; tengo varios otros libros a punto de estar listos.

Hume escribió también de sí mismo que “soy, o fui (…), un hombre de carácter dócil, con fuerza de mando, de humor abierto y risueño, con capacidad para los afectos y de pasiones muy moderadas”.
Aquí es donde divergimos él y yo. Si bien he disfrutado de amores y amistades y no tengo verdaderas enemistades, no podría decir (como tampoco pueden decirlo quienes me conocen) que soy un hombre de carácter dócil. Al contrario, mi disposición es vehemente, mis entusiasmos violentos, y hay extrema inmoderación en todas mis pasiones.

Sin embargo, una línea del ensayo de Hume me golpea con la fuerza de su verdad: “Es difícil sentir más desafecto del que ahora tengo por la vida”. Durante los últimos días, he podido ver mi vida como desde una gran altura, como si fuera un paisaje, y con un cada vez más profundo sentido de la conexión que hay entre todas sus partes. Eso no significa que considere que mi vida ya haya terminado.
Es más bien al revés. Me siento intensamente vivo. Y quiero y espero que en el tiempo que me queda pueda profundizar mis amistades, despedirme de quienes amo, escribir más, viajar si cuento con las fuerzas, alcanzar nuevos niveles de comprensión y conocimiento.
Eso demandará audacia, claridad y franqueza; el tratar de cerrar mis cuentas con el mundo. Pero habrá tiempo, también, para algo de diversión (y para algo de tontería, de paso).
Percibo una súbita claridad de foco y de perspectiva. No hay tiempo para nada que no sea esencial. Debo concentrarme en mí mismo, en mi trabajo y en mis amigos. Ya no veré “NewsHour” cada noche. Ni prestaré más atención a la política o a las discusiones sobre el calentamiento global.
Esto no es indiferencia, sino desapego; todavía me preocupan intensamente el Medio Oriente, el calentamiento global o la creciente desigualdad, pero nada eso es ya mi problema, son cosas que pertenecen al futuro. Me regocija el conocer jóvenes talentosos, incluyendo a quien hizo la biopsia y el diagnóstico de mi metástasis. Creo que el futuro está en buenas manos.
Me he vuelto cada vez más consciente, durante más o menos los últimos diez años, de que mis contemporáneos han ido muriéndose. Mi generación anda de salida, y he sentido cada una de esas muertes como una abrubción, como si me hubieran arrancado una parte de mí mismo. No quedará nadie que sea como nosotros cuando nos hayamos ido, pero es que de cualquier manera no hay nadie que sea igual que otro. Cuando alguien muere, no puede ser reemplazado. Los que parten dejan agujeros que no pueden volver a llenarse, ya que ese es el destino -el destino neutral de la genética- de cada ser humano: ser un individuo único, hallar su propio camino, vivir su propia vida, morir su propia muerte.
No puedo pretender que no tengo miedo. Pero el sentimiento que en mí predomina es la gratitud. He amado y he sido amado; mucho me ha sido dado y algo he devuelto a cambio; he leído y he viajado y he pensado y he escrito. He tenido un intercambio especial con el mundo; el que tienen los lectores y los escritores.
Sobre todas las cosas, he sido un ser sensible, un animal que piensa, en este hermoso planeta, y eso ha sido en sí mismo un enorme privilegio y una aventura.

Versión en español de Rafael Osío Cabrices
Traducción de las citas de David Hume de Danubio Torres Fierro

Acerca de Jaime Piquero Martín

Profesor Emerito Instituto de Biomedicina Jacinto Convit UCV. Ex Jefe del Servicio del Hospital Vargas de Caracas. Coeditor de Piel latinoamericana. Fundador del Global Alliance para el estudio del acne, del Grupo iberolatinoamericano del acné (Gilea), Grupo latinoamericano del acné (GALA) y del Grupo de acné y Rosacea en Venezuela (GARVE)

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