{"id":1453,"date":"2007-11-23T18:02:55","date_gmt":"2007-11-23T22:02:55","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=1453"},"modified":"2007-11-23T18:02:55","modified_gmt":"2007-11-23T22:02:55","slug":"cuento-el-gigante-egoista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/1453","title":{"rendered":"Cuento: El Gigante Ego\u00edsta"},"content":{"rendered":"<p>Autor: Oscar  Wilde<\/p>\n<p> Todas las tardes, a  la salida de la escuela, los ni\u00f1os se hab\u00edan acostumbrado a ir a jugar al jard\u00edn  del gigante. Era un jard\u00edn grande y hermoso, cubierto de verde y suave c\u00e9sped.  Dispersas sobre la hierba brillaban bellas flores como estrellas, y hab\u00eda una  docena de melocotones que, en primavera, se cubr\u00edan de delicados capullos  rosados, y en oto\u00f1o daban sabroso fruto.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p> Los p\u00e1jaros se posaban en los  \u00e1rboles y cantaban tan deliciosamente que los ni\u00f1os interrump\u00edan sus juegos para  escucharlos.<\/p>\n<p> -&iexcl;Qu\u00e9 felices somos aqu\u00ed!- se gritaban unos a otros.<\/p>\n<p> Un d\u00eda el gigante regres\u00f3. Hab\u00eda ido a visitar a su amigo, el ogro de  Cornualles, y permaneci\u00f3 con \u00e9l durante siete a\u00f1os. Transcurridos los siete  a\u00f1os, hab\u00eda dicho todo lo que ten\u00eda que decir, pues su conversaci\u00f3n era  limitada, y decidi\u00f3 volver a su castillo. Al llegar vio a los ni\u00f1os jugando en  el jard\u00edn.<\/p>\n<p> -\u00bf;Qu\u00e9 est\u00e1is haciendo aqu\u00ed?- les grit\u00f3 con voz agria. Y los  ni\u00f1os salieron corriendo.<\/p>\n<p> -Mi jard\u00edn es mi jard\u00edn- dijo el gigante. -Ya  es hora de que lo entend\u00e1is, y no voy a permitir que nadie mas que yo juegue en  \u00e9l.<\/p>\n<p> Entonces construy\u00f3 un alto muro alrededor y puso este cartel:<br \/> Prohibida la entrada.<br \/> Los transgresores  ser\u00e1n<br \/> procesados judicialmente.<\/p>\n<p> Era un gigante muy ego\u00edsta.<\/p>\n<p> Los pobres ni\u00f1os no ten\u00edan ahora donde jugar.<\/p>\n<p> Trataron de  hacerlo en la carretera, pero la carretera estaba llena de polvo y agudas  piedras, y no les gust\u00f3.<\/p>\n<p> Se acostumbraron a vagar, una vez terminadas  sus lecciones, alrededor del alto muro, para hablar del hermoso jard\u00edn que hab\u00eda  al otro lado.<\/p>\n<p> -&iexcl;Que felices \u00e9ramos all\u00ed!- se dec\u00edan unos a otros.<\/p>\n<p> Entonces lleg\u00f3 la primavera y todo el pa\u00eds se llen\u00f3 de capullos y  pajaritos. Solo en el jard\u00edn del gigante ego\u00edsta continuaba el invierno.<\/p>\n<p> Los p\u00e1jaros no se preocupaban de cantar en \u00e9l desde que no hab\u00eda ni\u00f1os,  y los \u00e1rboles se olvidaban de florecer. Solo una bonita flor levant\u00f3 su cabeza  entre el c\u00e9sped, pero cuando vio el cartel se entristeci\u00f3 tanto, pensando en los  ni\u00f1os, que se dej\u00f3 caer otra vez en tierra y se ech\u00f3 a dormir.<\/p>\n<p> Los  \u00fanicos complacidos eran la Nieve y el Hielo.<\/p>\n<p> -La primavera se ha  olvidado de este jard\u00edn- gritaban. -Podremos vivir aqu\u00ed durante todo el  a\u00f1o<\/p>\n<p>La Nieve cubri\u00f3 todo el  c\u00e9sped con su manto blanco y el Hielo pint\u00f3 de plata todos los \u00e1rboles. Entonces  invitaron al viento del Norte a pasar una temporada con ellos, y el Viento  acept\u00f3.<\/p>\n<p> Lleg\u00f3 envuelto en pieles y aullaba todo el d\u00eda por el jard\u00edn,  derribando los capuchones de la chimeneas.<\/p>\n<p> -Este es un sitio delicioso-  dec\u00eda. -Tendremos que invitar al Granizo a visitarnos.<\/p>\n<p> Y lleg\u00f3 el  Granizo. Cada d\u00eda durante tres horas tocaba el tambor sobre el tejado del  castillo, hasta que rompi\u00f3 la mayor\u00eda de las pizarras, y entonces se puso a dar  vueltas alrededor del jard\u00edn corriendo lo m\u00e1s veloz que pudo. Vest\u00eda de gris y  su aliento era como el hielo.<\/p>\n<p> -No puedo comprender como la primavera  tarda tanto en llegar- dec\u00eda el gigante ego\u00edsta, al asomarse a la ventana y ver  su jard\u00edn blanco y fr\u00edo. -&iexcl;Espero que este tiempo cambiar\u00e1!<\/p>\n<p> Pero la  primavera no lleg\u00f3, y el verano tampoco. El oto\u00f1o dio dorados frutos a todos los  jardines, pero al jard\u00edn del gigante no le dio ninguno.<\/p>\n<p> -Es demasiado  ego\u00edsta- se dijo.<\/p>\n<p> As\u00ed pues, siempre era invierno en casa del gigante, y  el Viento del Norte, el Hielo, el Granizo y la Nieve danzaban entre los \u00e1rboles.<\/p>\n<p> Una ma\u00f1ana el gigante yac\u00eda despierto en su cama, cuando oy\u00f3 una m\u00fasica  deliciosa. Sonaba tan dulcemente en sus o\u00eddos que crey\u00f3 ser\u00eda el rey de los  m\u00fasicos que pasaba por all\u00ed. En realidad solo era un jilguerillo que cantaba  ante su ventana, pero hac\u00eda tanto tiempo que no o\u00eda cantar un p\u00e1jaro en su  jard\u00edn, que le pareci\u00f3 la m\u00fasica m\u00e1s bella del mundo. Entonces el Granizo dej\u00f3  de bailar sobre su cabeza, el Viento del Norte dej\u00f3 de rugir, y un delicado  perfume lleg\u00f3 hasta \u00e9l, a trav\u00e9s de la ventana abierta.<\/p>\n<p> -Creo que, por  fin, ha llegado la primavera- dijo el gigante; y saltando de la cama mir\u00f3 el  exterior. \u00bf;Qu\u00e9 es lo que vio?<\/p>\n<p> Vio un espect\u00e1culo maravilloso. Por una  brecha abierta en el muro los ni\u00f1os hab\u00edan penetrado en el jard\u00edn, hab\u00edan subido  a los \u00e1rboles y estaban sentados en sus ramas. En todos los \u00e1rboles que estaban  al alcance de su vista, hab\u00eda un ni\u00f1o. Y los \u00e1rboles se sent\u00edan tan dichosos de  volver a tener consigo a los ni\u00f1os, que se hab\u00edan cubierto de capullos y  agitaban suavemente sus brazos sobre las cabezas de los peque\u00f1os.<\/p>\n<p> Los  p\u00e1jaros revoloteaban y parloteaban con deleite, y las flores re\u00edan irguiendo sus  cabezas sobre el c\u00e9sped. Era una escena encantadora. S\u00f3lo en un rinc\u00f3n  continuaba siendo invierno. Era el rinc\u00f3n m\u00e1s apartado del jard\u00edn, y all\u00ed se  encontraba un ni\u00f1o muy peque\u00f1o. Tan peque\u00f1o era, no pod\u00eda alcanzar las ramas del  \u00e1rbol, y daba vueltas a su alrededor llorando amargamente. El pobre \u00e1rbol segu\u00eda  a\u00fan cubierto de hielo y nieve, y el Viento del Norte soplaba y rug\u00eda en torno a  \u00e9l.<\/p>\n<p> -&iexcl;Sube, peque\u00f1o!- dec\u00eda el \u00e1rbol, y le tend\u00eda sus ramas tan bajo  como pod\u00eda; pero el ni\u00f1o era demasiado peque\u00f1o. El coraz\u00f3n del gigante se  enterneci\u00f3 al contemplar ese espect\u00e1culo.<\/p>\n<p>-&iexcl;Qu\u00e9 ego\u00edsta he sido- se  dijo. -Ahora comprendo por qu\u00e9 la primavera no ha venido hasta aqu\u00ed. Voy a  colocar al pobre peque\u00f1o sobre la copa del \u00e1rbol, derribar\u00e9 el muro y mi jard\u00edn  ser\u00e1 el parque de recreo de los ni\u00f1os para siempre.<\/p>\n<p> Estaba verdaderamente apenado por  lo que hab\u00eda hecho.<\/p>\n<p> Se precipit\u00f3 escaleras abajo, abri\u00f3 la puerta  principal con toda suavidad y sali\u00f3 al jard\u00edn.<\/p>\n<p> Pero los ni\u00f1os quedaron  tan asustados cuando lo vieron, que huyeron corriendo, y en el jard\u00edn volvi\u00f3 a  ser invierno.<\/p>\n<p> S\u00f3lo el ni\u00f1o peque\u00f1o no corri\u00f3, pues sus ojos estaban tan  llenos de l\u00e1grimas, que no vio acercarse al gigante. Y el gigante se desliz\u00f3 por  su espalda, lo cogi\u00f3 cari\u00f1osamente en su mano y lo coloc\u00f3 sobre el \u00e1rbol. El  \u00e1rbol floreci\u00f3 inmediatamente, los p\u00e1jaros fueron a cantar en \u00e9l, y el ni\u00f1o  extendi\u00f3 sus bracitos, rode\u00f3 con ellos el cuello del gigante y le bes\u00f3.<\/p>\n<p> Cuando los otros ni\u00f1os vieron que el gigante ya no era malo, volvieron  corriendo y la primavera volvi\u00f3 con ellos.<\/p>\n<p> -Desde ahora, este es vuestro  jard\u00edn, queridos ni\u00f1os- dijo el gigante, y cogiendo una gran hacha derrib\u00f3 el  muro. Y cuando al mediod\u00eda pas\u00f3 la gente, yendo al mercado, encontraron al  gigante jugando con los ni\u00f1os en el m\u00e1s hermoso de los jardines que jam\u00e1s hab\u00edan  visto.<\/p>\n<p> Durante todo el d\u00eda estuvieron jugando y al atardecer fueron a  despedirse del gigante.<\/p>\n<p> -Pero, \u00bf;d\u00f3nde est\u00e1 vuestro peque\u00f1o compa\u00f1ero, el  ni\u00f1o que sub\u00ed al \u00e1rbol?- pregunt\u00f3.<\/p>\n<p> El gigante era a este al que m\u00e1s  quer\u00eda, porque lo hab\u00eda besado.<\/p>\n<p> -No sabemos contestaron los ni\u00f1os- se ha  marchado.<\/p>\n<p> -Deb\u00e9is decirle que venga ma\u00f1ana sin falta- dijo el gigante.<\/p>\n<p> Pero los ni\u00f1os dijeron que no sab\u00edan donde viv\u00eda y nunca antes lo hab\u00edan  visto. El gigante se qued\u00f3 muy triste.<\/p>\n<p> Todas las tardes, cuando  terminaba la escuela, los ni\u00f1os iban y jugaban con el gigante. Pero al ni\u00f1o  peque\u00f1o, que tanto quer\u00eda el gigante, no se le volvi\u00f3 a ver. El gigante era muy  bondadoso con todos los ni\u00f1os pero echaba de menos a su primer amiguito y a  menudo hablaba de \u00e9l.<\/p>\n<p> -&iexcl;Cu\u00e1nto me gustar\u00eda verlo!- sol\u00eda decir.<\/p>\n<p> Los a\u00f1os transcurrieron y el gigante envejeci\u00f3 mucho y cada vez estaba  m\u00e1s d\u00e9bil. Ya no pod\u00eda tomar parte en los juegos; sentado en un gran sill\u00f3n ve\u00eda  jugar a los ni\u00f1os y admiraba su jard\u00edn.<\/p>\n<p> -Tengo muchas flores hermosas-  dec\u00eda, pero los ni\u00f1os son las flores m\u00e1s bellas.<\/p>\n<p><strong>&nbsp;<\/strong>Una ma\u00f1ana invernal mir\u00f3 por la  ventana, mientras se estaba vistiendo. Ya no detestaba el invierno, pues sab\u00eda  que no es sino la primavera adormecida y el reposo de las flores.<\/p>\n<p> De  pronto se frot\u00f3 los ojos at\u00f3nito y mir\u00f3 y remir\u00f3. Verdaderamente era una visi\u00f3n  maravillosa. En el m\u00e1s alejado rinc\u00f3n del jard\u00edn hab\u00eda un \u00e1rbol completamente  cubierto de hermosos capullos blancos. Sus ramas eran doradas, frutos de plata  colgaban de ellas y debajo, de pie, estaba el peque\u00f1o al que tanto quiso.<\/p>\n<p> El gigante corri\u00f3 escaleras abajo con gran alegr\u00eda y sali\u00f3 al jard\u00edn.  Corri\u00f3 precipitadamente por el c\u00e9sped y lleg\u00f3 cerca del ni\u00f1o. Cuando estuvo  junto a \u00e9l, su cara enrojeci\u00f3 de c\u00f3lera y exclam\u00f3:<\/p>\n<p> &#8211; \u00bf;Qui\u00e9n se atrevi\u00f3 a  herirte?- Pues en las palmas de sus manos se ve\u00edan las se\u00f1ales de dos clavos, y  las mismas se\u00f1ales se ve\u00edan en los piececitos.<\/p>\n<p> -\u00bf;Qui\u00e9n se ha atrevido a  herirte?- grit\u00f3 el gigante. -D\u00edmelo para que pueda coger mi espada y matarle.<\/p>\n<p> -No- replic\u00f3 el ni\u00f1o, pues estas son las heridas del amor.<\/p>\n<p> -\u00bf;Qui\u00e9n eres?- dijo el gigante; y un extra\u00f1o temor lo invadi\u00f3,  haci\u00e9ndole caer de rodillas ante el peque\u00f1o.<\/p>\n<p> Y el ni\u00f1o sonri\u00f3 al gigante  y le dijo:<\/p>\n<p> -Una vez me dejaste jugar en tu jard\u00edn, hoy vendr\u00e1s conmigo a  mi jard\u00edn, que es el Para\u00edso.<\/p>\n<p> Y cuando llegaron los ni\u00f1os aquella tarde,  encontraron al gigante tendido, muerto, bajo el \u00e1rbol, todo cubierto de capullos  blancos.<\/p>\n<p>Colaboraci\u00f3n de la Dra. Raquel M Ramos  M.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Autor: Oscar Wilde Todas las tardes, a la salida de la escuela, los ni\u00f1os se hab\u00edan acostumbrado a ir a jugar al jard\u00edn del gigante. Era un jard\u00edn grande y hermoso, cubierto de verde y suave c\u00e9sped. 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