{"id":2431,"date":"2008-03-28T18:57:16","date_gmt":"2008-03-28T22:57:16","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=2431"},"modified":"2008-03-28T18:57:16","modified_gmt":"2008-03-28T22:57:16","slug":"prosa-el-alquimista-paulo-coelho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/2431","title":{"rendered":"Prosa: EL ALQUIMISTA. PAULO COELHO"},"content":{"rendered":"<p><strong><u>UNA HISTORIA SOBRE SUE\u00d1OS<\/u><\/strong><\/p>\n<p>En la antigua Roma, en la  \u00e9poca del Emperador Tiberio, viv\u00eda un hombre muy bondadoso, que ten\u00eda dos hijos:  uno era militar y cuando entr\u00f3 en el ej\u00e9rcito, fue enviado a las m\u00e1s lejanas  regiones del imperio. El otro hijo era poeta, y encantaba a toda Roma con sus  hermosos versos.<\/p>\n<p><!--more--> <\/p>\n<p>Una noche, el viejo tuvo un sue\u00f1o. Se  le aparec\u00eda un \u00e1ngel, para decirle que las palabras de uno de sus hijos, ser\u00edan  conocidas y repetidas en el mundo entero por todas las generaciones futuras.  Aquella noche el anciano se despert\u00f3 agradecido y llorando, porque la vida era  generosa y le hab\u00eda revelado una cosa que cualquier padre estar\u00eda orgulloso de  saber.<\/p>\n<p>Poco tiempo despu\u00e9s, el viejo muri\u00f3 al  intentar salvar a un ni\u00f1o que iba a ser aplastado por las ruedas de un carruaje.  Como se hab\u00eda portado de manera correcta durante toda su vida, fue directo al  cielo y se encontr\u00f3 con el \u00e1ngel que se le hab\u00eda aparecido en su  sue\u00f1o.<\/p>\n<p>&quot;Fuiste un hombre bueno -le dijo el  \u00e1ngel- . Viviste tu existencia con amor y moriste con dignidad. Ahora puedo  concederte cualquier deseo que tengas&quot;.<\/p>\n<p>&quot;La vida tambi\u00e9n fue buena conmigo  -respondi\u00f3 el viejo-. Cuando apareciste en mi sue\u00f1o, sent\u00ed que todos mis  esfuerzos estaban justificados, porque los versos de mi hijo quedar\u00edan entre los  hombres de los siglos venideros. Nada tengo que pedir para mi, no obstante, todo  padre estar\u00eda orgulloso de ver la forma de alguien a quien cuid\u00f3 cuando era ni\u00f1o  y educ\u00f3 cuando joven. Me gustar\u00eda o\u00edr en el futuro lejano las palabras de mi  hijo&quot;.<\/p>\n<p>El \u00e1ngel toc\u00f3 al viejo en el hombro y  ambos fueron proyectados a un futuro lejano. Alrededor de ellos apareci\u00f3 un  lugar inmenso, con millones de personas que hablaban una lengua extra\u00f1a. El  viejo llor\u00f3 de alegr\u00eda. &quot;Yo sab\u00eda que los versos de mi hijo eran buenos e  inmortales -le dijo al \u00e1ngel entre l\u00e1grimas-. Me gustar\u00eda que me dijeras cu\u00e1l de  sus poes\u00edas es la que estas personas est\u00e1n  repitiendo&quot;.<\/p>\n<p>Entonces el \u00e1ngel se aproxim\u00f3 al viejo  con cari\u00f1o, y se sentaron en uno de los bancos de aquel viejo  lugar.<\/p>\n<p> &quot;Los versos de tu hijo poeta fueron  muy populares en Roma -dijo el \u00e1ngel-. A todos gustaban, y todos se divert\u00edan  con ellos. Pero cuando el reinado de Tiberio acab\u00f3, sus versos tambi\u00e9n fueron  olvidados. Estas palabras son de tu otro hijo, el que entr\u00f3 en el ej\u00e9rcito&quot;. El  viejo mir\u00f3 sorprendido al \u00e1ngel. &quot;tu hijo fue a servir a un lugar lejano, y se  hizo centuri\u00f3n. Tambi\u00e9n era un hombre justo y bueno. Cierta tarde, uno de sus  siervos enferm\u00f3 y estaba a punto de morir. Tu hijo entonces, oy\u00f3 hablar de un  rabino, que curaba enfermos y anduvo d\u00edas y d\u00edas buscando a ese hombre. Mientras  caminaba descubri\u00f3 que el hombre que estaba buscando era el Hijo de Dios.  Encontr\u00f3 a otras personas que hab\u00edan sido curadas por El, aprendi\u00f3 sus  ense\u00f1anzas, y a pesar de ser un centuri\u00f3n romano, se convirti\u00f3 a su fe. Hasta  que cierta ma\u00f1ana lleg\u00f3 hasta el rabino. Le cont\u00f3 que ten\u00eda un siervo enfermo, y  el rabino se ofreci\u00f3 a ir a su casa. Pero el centuri\u00f3n era un hombre de fe, y  mirando al fondo de los ojos del rabino, comprendi\u00f3 que estaba delante del Hijo  de Dios. ESTAS SON LAS PALABRAS DE TU HIJO. Son las palabras que le dijo al  Rabino en aquel momento y que nunca fueron olvidadas: &quot;Se\u00f1or, yo no soy digno de  que entres en mi casa, pero decid una sola palabra, y mi siervo ser\u00e1  sano&quot;.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>UNA HISTORIA SOBRE SUE\u00d1OS En la antigua Roma, en la \u00e9poca del Emperador Tiberio, viv\u00eda un hombre muy bondadoso, que ten\u00eda dos hijos: uno era militar y cuando entr\u00f3 en el ej\u00e9rcito, fue enviado a las m\u00e1s lejanas regiones del imperio. 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