{"id":2435,"date":"2008-03-28T19:05:16","date_gmt":"2008-03-28T23:05:16","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=2435"},"modified":"2008-03-28T19:52:26","modified_gmt":"2008-03-28T23:52:26","slug":"la-burla","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/2435","title":{"rendered":"La Burla"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><strong>La autora de la prosa de la burla&nbsp;es la Dra.  Martha Mini\u00f1o<br \/> y las poesias&nbsp; del Dr. Antonio Guzm\u00e1n<br \/> 09-03-08<\/strong><\/p>\n<p>Era una mujer &nbsp;pues, que todos achacar\u00edan de vieja, a sus 52 a\u00f1os escond\u00eda las canas en vistosos tintes y elaborados peinados, se hab\u00eda hecho estirar y recortar el pellejo de los ojos, en un corto viaje a la capital que disfraz\u00f3 de una visita urgente a un familiar muy querido, por lo que a nadie extra\u00f1\u00f3 que anduviese con lentes de sol a toda hora, es por el llanto dijeron. Se mataba de hambre para preservar una escu\u00e1lida figura, aunque a escondidas y cuando se sent\u00eda deprimida, se atiborraba de chocolates mientras le\u00eda una novelita rosa lacrimosa con la m\u00fasica de Serrat o Camilo Sesto y que luego escond\u00eda detr\u00e1s del enorme librero que s\u00f3lo ostentaba t\u00edtulos de Tolstoy, Baudelaire, Sastre, Borges, Dumas, Garc\u00eda Lorca, Whitman, P\u00e9rez Galdoz, Amado Nervo, Bouvoir, Carpentier, Octavio Paz, Carlos Fuentes y muchos, muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p><!--more--> <\/p>\n<p>Se preocupaba por su garbo y por su supuesta intelectualidad por la que era conocida. Jamona, perd\u00f3n se\u00f1orita, de profesi\u00f3n, digo, por obligaci\u00f3n,&nbsp;&nbsp; hac\u00eda dotes de grandilocuencia y recitaba en p\u00fablico, en particular en esas aburridas tardes de t\u00e9 a las que asist\u00edan muchas amas de casa, hermosos poemas y retazos de obras, los que se aprend\u00eda con muchos pormenores, practicando frente al espejo todos sus modales, sus gestos y hasta como caminar\u00eda o mover\u00eda el pelo, y que al terminar nadie entender\u00eda y aplaudir\u00edan por pura cortes\u00eda. S\u00f3lo las m\u00e1s tontas calificar\u00edan a Estela como un genio.<\/p>\n<p>Pues si, se llamaba Estela, otro nombre de solterona, perd\u00f3n, de intelectual, aunque hubiese preferido llamarse Eloisa, no como aquella sentada bajo un almendro, tal vez como la amante de Abelardo, una hero\u00edna pura que conquistar\u00eda a su pr\u00edncipe por la elocuencia de sus palabras y sus hermosos ojos avellanas, porque si, esto era lo \u00fanico hermoso de Estela, sus ojos, los que escond\u00eda tras unas enormes gafas de carey.<\/p>\n<p>Pues as\u00ed pasaba el tiempo, recortando peque\u00f1os cartones y papeles en los que escrib\u00eda las citas de libros y autores, los que ten\u00eda en su cartera, bolsillos y diversos sitios de su saloncito, donde recib\u00eda a las visitas, para siempre y en el momento oportuno, poder soltar una frase o un comentario de alg\u00fan libro y as\u00ed sorprender a la concurrencia.<\/p>\n<p>Y sucedi\u00f3 que en el pueblo se arm\u00f3 un grupo literario a los que asistieron muchos j\u00f3venes universitarios y personalidades ilustres del lugar. Ni decir que Estela fue la primera en apuntarse y tanto &nbsp;diligenci\u00f3, que&nbsp; entr\u00f3 a formar parte de la directiva, que se encargaba de estudiar y buscar los textos y las poes\u00edas que se leer\u00edan en la pr\u00f3xima reuni\u00f3n y los ensayos y debates que ello conllevar\u00eda.<\/p>\n<p>Pues claro que Estela escribi\u00f3 ensayos, no uno, sino varios; despu\u00e9s de su apresurado viaje a la capital, so pretexto de visitar a una t\u00eda enferma, como dijo; por lo que muchos se preguntaron por qu\u00e9 una visita tan corta requiri\u00f3 maletas tan pesadas que cayeron con estr\u00e9pito del tren a su llegada y que presurosa quiso levantar. Son cosas de mi querida t\u00eda, replic\u00f3, muy valiosas y fr\u00e1giles, raz\u00f3n por la que diligentes mozos las cargaron con esmero y llevaron a la casa y ella los despach\u00f3 r\u00e1pidamente, cerrando ventanas y sacando con mucho secreto los numerosos vol\u00famenes que hab\u00eda comprado.<\/p>\n<p>La siguiente semana no se hizo esperar y ley\u00f3 en la reuni\u00f3n un elaborado ensayo, con tantos vericuetos y retr\u00e9cuanos que nadie entendi\u00f3 y que todos aplaudieron a rabiar, muchos porque al fin y al cabo hab\u00eda concluido. Todos la felicitaron por sus dotes intelectuales. Unos, por compasi\u00f3n y la mayor\u00eda, por l\u00e1stima e hipocres\u00eda. Nadie se pegunt\u00f3 como le hab\u00eda rendido el tiempo si hab\u00eda tenido que atender a la t\u00eda enferma.<\/p>\n<p>Estela se sent\u00eda feliz, era como la reina del lugar y ahora dominaba y se sent\u00eda, m\u00e1s bien lo era, superior intelectualmente a todos, en particular los hombres, a quienes ve\u00eda con el rabillo del ojo, pero que mentalmente desnudaba y criticaba en sus partes e imaginaba como ser\u00edan en la cama, descart\u00e1ndoles por imaginarios vicios y defectos, hechos que los pon\u00edan muy por debajo de su condici\u00f3n de ser superior.<\/p>\n<p>Pero en las noches de invierno, junto a una taza de chocolate caliente con brandy, suspiraba por tener al que fuese, al m\u00e1s inferior de ellos y revolcarse entre las s\u00e1banas, gemir como animal en celo y terminar oliendo a sudor y a sexo.<\/p>\n<p>El grupo literario creci\u00f3, Estela segu\u00eda siendo l\u00edder absoluto e impresionaba a los m\u00e1s j\u00f3venes con sus vanidosos discursos, en particular a las chicas. Una de ellas, fue Josefina, &iexcl;pero que nombre m\u00e1s vulgar tiene esta chica!, pens\u00f3 con desd\u00e9n, aunque no quiso demostrarlo; era la hija de uno de los m\u00e1s acaudalados se\u00f1ores del lugar y el principal patrocinador del grupo.<\/p>\n<p>Josefina se esmeraba y le\u00eda mucha poes\u00eda, recitaba con falta de talento, pero la gracia de su belleza natural y sin artificios hac\u00eda que todos olvidasen estos defectos y le felicitasen por sus esfuerzos, a lo que ella respond\u00eda con una t\u00edmida sonrisa. En balde correg\u00eda Estela su falta de articulaci\u00f3n; no hab\u00eda forma, la chica era una tonta, pensaba, sin detenerse a ver que detr\u00e1s de esos enormes ojos casta\u00f1os se escond\u00eda un terror al p\u00fablico y que s\u00f3lo obligada por su madre, trataba de superarlo con estas dichosas presentaciones, pues su futuro universitario era otro, ser\u00eda abogada, al igual que su padre, y seg\u00fan sus progenitores, el \u00e9xito depend\u00eda en mucho, de su destreza de comunicarse frente a las personas.<\/p>\n<p>&nbsp;Pero con el tiempo, &nbsp;Josefina entendi\u00f3 que m\u00e1s que leer y declamar, su verdadera pasi\u00f3n era escribir, escrib\u00eda largos sonetos y poemas que luego escond\u00eda por temor de que fuesen vistos, mientras en las reuniones se conformaba con declamar los versos de Violeta Parra, que significaban tortura para Estela, quien hab\u00eda agenciado otra maleta de libros para sus ensayos en otra visita a la supuesta t\u00eda enferma.<\/p>\n<p>Mauro lleg\u00f3 casi en el oto\u00f1o, un apuesto maestro de pelo negro, delicioso hoyuelo en la barbilla, voz ronca, de ademanes pausados y que gustaba de gui\u00f1ar los ojos con una p\u00edcara sonrisa. Joven todav\u00eda para su profesi\u00f3n, pero dotado de verdaderas proporciones intelectuales. Empez\u00f3 a asistir a las reuniones del grupo literario, gustaba de escuchar ensayos, declamaciones, aunque le era un tanto fastidiosas las presentaciones de Estela, quien ya se hab\u00eda fijado en el guapo forastero y aunque en un principio le pareci\u00f3 como competencia, sus ojos avellana empezaron a verle cargado de sensualidad, creando de \u00e9l un oscuro objeto de deseos que descargaba en la soledad de su habitaci\u00f3n, mientras gem\u00eda pidiendo m\u00e1s y maldiciendo su nombre por llenarla de tantas pasiones.<\/p>\n<p>Mauro se fij\u00f3 en Josefina, quien a su vez se dio cuenta de su cortejo visual, y en una peque\u00f1a servilleta le entreg\u00f3 unos versos que \u00e9l admirado de su hermosura, guard\u00f3 secretamente, se acerc\u00f3 a ella, elogiando su talento para la rima y el arte de componer los sustantivos, ella colorada de la verg&uuml;enza no atinaba a guardar la compostura de muchacha t\u00edpica de bien, \u00e9l se ofreci\u00f3 a ense\u00f1arle y desarrollar sus dotes, ella agradecida empez\u00f3 a recibir sus clases frente a la mirada atenta de la madre, quien no ve\u00eda nada inusual entre maestro y alumna.<\/p>\n<p>Pero las obligaciones, los estudios y el acontecer social imped\u00edan sus encuentros; una correspondencia de prosas y versos se estableci\u00f3 entre ambos en blancas cuartillas que diariamente eran enviadas por los chiquillos del barrio, pagados con monedas de poca monta, &nbsp;y que de un extremo a otro del pueblo llevaban sus&nbsp; secretos y los entregaban de tal manera que no llamasen la atenci\u00f3n<\/p>\n<p>Si tal vez &nbsp;te enterases, *<\/p>\n<p>de lo mucho que te quiero,<\/p>\n<p>quiz\u00e1s sonreir\u00edas.<\/p>\n<p>Que solo puedo en frases,<\/p>\n<p>decir que por ti muero,<\/p>\n<p>\u00bf;acaso creer\u00edas?<\/p>\n<p>Si digo lo que siento,<\/p>\n<p>\u00bf;tus caricias llegar\u00edan?<\/p>\n<p>M\u00e1s se que en el intento,<\/p>\n<p>mis palabras no saldr\u00edan.<\/p>\n<p>Tal vez se perder\u00edan<\/p>\n<p>o las llevar\u00eda el viento.<\/p>\n<p>La mirada me delata.<\/p>\n<p>Al ver tus ojos tristes<\/p>\n<p>Tu sonrisa me arrebata<\/p>\n<p>\u00bf;Ser\u00e1 que me quisiste?<\/p>\n<p>Las cartas se alargaron, el tono subi\u00f3 de puros deseos juveniles a las ansias de secretos encuentros y labios h\u00famedos buscando beberse unos a otros, la eterna espera, la agon\u00eda de no verse era mucha para los desdichados amantes, amantes no, ni siquiera hab\u00edan podido tomarse de las manos y cuya desdicha se aumentaba m\u00e1s a\u00fan al perder a &nbsp;uno de sus m\u00e1s diligentes y sigilosos correos, cuando se inici\u00f3 el trabajo en la panader\u00eda. Adem\u00e1s de que otros ni\u00f1os no estaban dispuestos seguir haciendo de celestinas, pues se hab\u00edan aburrido de tanta correr\u00eda y tanto secreto a voces.<\/p>\n<p>Josefina ansiosa no sab\u00eda qu\u00e9 hacer, pero segu\u00eda escribiendo sus cuartillas, que escond\u00eda bajo su colch\u00f3n y no mostraba a nadie, asist\u00eda a las reuniones y cada vez declamaba menos, para satisfacci\u00f3n de Estela, quien ya estaba cansada de su hilillo de voz virginal y su cara de bobalicona.<\/p>\n<p>Segu\u00eda viendo a Mauro con toda su mente desplegada hacia los m\u00e1s rec\u00f3nditos rincones de su inhibida sensualidad, quien sentado desde una esquina del sal\u00f3n s\u00f3lo parec\u00eda tener ojos para ella, y cuya mirada no pod\u00eda ya por momentos sostener, pues era tan fija sobre ella, que sent\u00eda como se pon\u00eda colorada mientras nerviosamente se arreglaba el pelo o buscaba alg\u00fan dato inexistente en cualquier libro que estuviese a su alcance.<\/p>\n<p>Pero Mauro s\u00f3lo ten\u00eda ojos para Josefina, quien siempre sentada en la misma butaca, callada y t\u00edmida, apenas pod\u00eda sostener su mirada y se concentraba en la exposici\u00f3n del orador, no sabiendo c\u00f3mo comunicarse con el talentoso maestro de la palabra, m\u00e1s que con un cort\u00e9s buenas noches, \u00bf;c\u00f3mo est\u00e1 usted?, que tambi\u00e9n cort\u00e9smente era respondido por \u00e9l.<\/p>\n<p>La comunicaci\u00f3n tuvo lugar de forma inusual. La noche del martes era especial, pues el profesor Mauro Echevarr\u00eda declamar\u00eda una pieza suya, que &iexcl;ay! Comentaban algunos, estaba dedicada a alguien, un amor no correspondido, quiz\u00e1s alguno de su pasado; muchas jovencitas suspiraban; m\u00e1s Estela pensaba, &iexcl;ha de ser alguna poes\u00eda pegajosa y melanc\u00f3lica con sabor a B\u00e9cquer! y con mal talante ocup\u00f3 hoscamente su lugar en la mesa directiva.<\/p>\n<p align=\"center\">La luz de tus ojos*<br \/> Ser\u00e1s solo tu,&nbsp;<br \/> solamente tu,<br \/> la luz del sendero,<br \/> de mi oscuro andar.<\/p>\n<p align=\"center\"> Tu lumbre dar\u00e1,<br \/> nuevas primaveras,<br \/> a un amor prohibido,<br \/> que no fui a buscar<\/p>\n<p> En mis negras noches,<br \/> presto me levanto,<br \/> buscando una estrella,<br \/> que quiera alumbrar,<br \/> con su tibio haz,<br \/> flama incandescente,<br \/> candil del camino<br \/> de mi transitar<\/p>\n<p> La luz de tus ojos,<br \/> de claro lunar<br \/> trajeron alegr\u00eda<br \/> a mi umbr\u00edo pasar<\/p>\n<p align=\"center\">&nbsp;<\/p>\n<p>Todos aplaudieron a rabiar, muchas damas suspiraron y muchos &iexcl;oh! de admiraci\u00f3n quedaron ahogados por la belleza de la pieza, una de ellas era Estela. Josefina entendi\u00f3 el mensaje de inmediato; se hab\u00eda establecido la &nbsp;comunicaci\u00f3n y Mauro frente a ella daba muestras de su desesperado amor.<\/p>\n<p>Estela se sinti\u00f3 pose\u00edda por un raro estremecimiento, como si estuviera levitando en los aires y extasiada se enamor\u00f3 de la poes\u00eda que comprend\u00eda que hab\u00eda sido escrita para ella, nadie m\u00e1s ten\u00eda esos ojos y despu\u00e9s de tantas veces&nbsp; sentir como su mirada desgarraba su cuerpo, esta p\u00fablica declaraci\u00f3n de amor del desdichado significaban que no se atrev\u00eda a llegar hasta ella, pero con toda la elegancia de un caballero ilustrado, al igual que Abelardo, iniciar\u00eda su larga correspondencia de amor a ella, su Elo\u00edsa.<\/p>\n<p>Cada martes Mauro exploraba sus m\u00e1s \u00edntimos sentimientos al declamar un nuevo verso de su creaci\u00f3n, entre los aplausos, Josefina se sent\u00eda halagada y en un roce casual, le entregaba otra carta con versos que \u00e9l leer\u00eda a escondidas. Estela, se sent\u00eda transportada, \u00e9l, su Abelardo, le contestaba a su amada, quien todav\u00eda con miedo, timidez y turbaci\u00f3n de llenar un papel con sus sentimientos, no se atrev\u00eda a escribirle.<\/p>\n<p>Ella era su musa inspiradora, ella, Estela, la diva intelectual se sent\u00eda ahora, amada por un hombre de carne y hueso, amor de la vida real, no en est\u00fapidas p\u00e1ginas de novelitas rosas de quiosco que ya no ten\u00eda d\u00f3nde m\u00e1s guardar.<\/p>\n<p>Temblorosa inici\u00f3 su primera carta, hizo un borrador que fue descartando muchas veces, nada pod\u00eda escribir que le resultara hermoso, nada real. Entonces recurri\u00f3 a lo que siempre hab\u00eda hecho, sus libros, y copiando unos versos de all\u00ed, otros de all\u00e1, complet\u00f3 una extensa misiva que consider\u00f3 digna de su altura y roci\u00e1ndole perfume, le puso un sello que lacr\u00f3 el mensaje y con un beso se la entreg\u00f3 a un corresponsal, quien en el camino se burl\u00f3 de la vieja jamona esta, perd\u00f3n se\u00f1orita, al entregarle dos m\u00edseras monedas por el encargo.<\/p>\n<p>Mauro recibi\u00f3 la carta y la ley\u00f3 apresurado, con indiferencia, pero luego se detuvo sorprendido ante el supuesto enamoramiento hacia la intelectual del pueblo y crey\u00f3 reconocer algunas frases, por lo que revis\u00f3 su biblioteca y encontr\u00f3 el origen de una de ellas. Hab\u00eda quedado claro para \u00e9l, adem\u00e1s de chiflada era culpable de plagio y encima de todo ello, la muy lun\u00e1tica hab\u00eda entendido que los versos de amor eran para ella, pero lo que m\u00e1s le molest\u00f3 fue entender que sus afectadas poses culturales eran tan s\u00f3lo robadas de libros, frases y p\u00e1rrafos de otros autores y que ella hac\u00eda impunemente suyos.<\/p>\n<p>Se dedic\u00f3 a rastrear cada ensayo, cada alocuci\u00f3n de Estela, por lo que siempre muy amable le solicitaba una copia al final de la reuni\u00f3n, no sin antes haber recitado una de sus nuevas creaciones, y a lo que ella muy colorada entregaba una copia, pensando que adem\u00e1s de verle como mujer hab\u00eda alguien que entend\u00eda su intelectualidad.<\/p>\n<p>Cada verso era un mensaje para Josefina; m\u00e1s para Estela, era un amor desdichado que no se atrev\u00eda a consumir frente a la disparidad de edades; cada mensaje para Josefina era un encuentro furtivo, en los que los amantes corr\u00edan a besarse en un rinc\u00f3n oscuro con miedos de ser vistos; cada verso era para Estela una hoguera que se desataba esa y otras noches, en la soledad de su cama y que &nbsp;no pod\u00eda ser apagada.<\/p>\n<p>Cada presentaci\u00f3n de Estela era una b\u00fasqueda de Mauro en textos, obteniendo muchas veces la fuente de la minuciosa intelectualidad de Estela, quien segu\u00eda escribiendo largas p\u00e1ginas de un amor letrado y desdichado y que s\u00f3lo era respondido por unos sonetos o unos versos frente al p\u00fablico cada martes en la noche.<\/p>\n<p>La insistencia de Estela fue aumentando con su correspondencia, llamaba Abelardo a Mauro y se hac\u00eda firmar como Eloisa, sus escritos empezaron a ser banales y cursis, tal como las novelitas baratas que le\u00eda a escondidas. No tard\u00f3 en empezar a rogar y a suplicar una prueba f\u00edsica de amor; a Mauro la situaci\u00f3n le empez\u00f3 a hastiar.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Una noche Mauro anunci\u00f3 una pieza muy especial para alguien muy especial, el coraz\u00f3n de Estela dio un vuelco y sinti\u00f3 una opresi\u00f3n en el pecho, el poema era una despedida, un adi\u00f3s de amante, que part\u00eda en la bruma del puerto. Estela comprendi\u00f3 que Mauro tomar\u00eda el barco de regreso a su patria, sin delatarse, pero ahogada por la emoci\u00f3n, felicit\u00f3 al profesor por su nueva creaci\u00f3n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; A tempranas horas de la ma\u00f1ana parti\u00f3 para el puerto, una d\u00e9bil neblina cubr\u00eda el barco, que todav\u00eda no alzaba el ancla, pocos pasajeros sub\u00edan, ninguno era Mauro. Estela pregunt\u00f3 a los marineros, vendedores, borrachos y meretrices del puerto, pero nadie sab\u00eda de este misterioso peregrino.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lleg\u00f3 a su casa hecha un mar de l\u00e1grimas, en el camino hab\u00eda conocido la noticia, Mauro y Josefina hab\u00edan marchado sigilosamente en la noche y varios pueblos m\u00e1s adelante se hab\u00edan casado.<\/p>\n<p>Un ni\u00f1o, otro de los improvisados mensajeros, lleg\u00f3 con un abultado sobre para ella, en \u00e9l estaba su \u00faltimo ensayo, a su lado, las fuentes y tachaduras con letra de Mauro que documentaban socarronamente sus plagios.<\/p>\n<p>*Antonio Guzm\u00e1n Fawcett, Asunci\u00f3n, Paraguay, 27 de diciembre del 2007<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La autora de la prosa de la burla&nbsp;es la Dra. 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