{"id":26588,"date":"2012-06-01T02:02:27","date_gmt":"2012-06-01T06:32:27","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=26588"},"modified":"2012-06-02T02:15:44","modified_gmt":"2012-06-02T06:45:44","slug":"el-que-invento-la-polvora-carlos-fuentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/26588","title":{"rendered":"El que invent\u00f3 la polvora. Carlos Fuentes"},"content":{"rendered":"<p><strong>Dermatologia y Arte. Edici\u00f3n 212.<br \/><\/strong><strong>Dermatologia y Literatura.\u00a0<\/strong><strong>Cuento.<\/strong><\/p>\n<p><strong>El que invent\u00f3 la polvora. Carlos Fuentes.<\/strong><\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Uno de los pocos intelectuales que a\u00fan exist\u00edan en los d\u00edas anteriores a la cat\u00e1strofe, expres\u00f3 que quiz\u00e1 la culpa de todo la ten\u00eda Aldous Huxley. Aquel intelectual -titular de la misma c\u00e1tedra de sociolog\u00eda, durante el a\u00f1o famoso en que a la humanidad entera se le otorg\u00f3 un Doctorado Honoris Causa, y clausuraron sus puertas todas las Universidades-, recordaba todav\u00eda alg\u00fan ensayo de Music at Night: los snobismos de nuestra \u00e9poca son el de la ignorancia y el de la \u00faltima moda; y gracias a \u00e9ste se mantienen el progreso, la industria y las actividades civilizadas. Huxley, recordaba mi amigo, inclu\u00eda la sentencia de un ingeniero norteamericano: \u00abQuien construya un rascacielos que dure m\u00e1s de cuarenta a\u00f1os, es traidor a la industria de la construcci\u00f3n\u00bb. De haber tenido el tiempo necesario para reflexionar sobre la reflexi\u00f3n de mi amigo, acaso hubiera re\u00eddo, llorado, ante su intento est\u00e9ril de proseguir el complicado juego de causas y efectos, ideas que se hacen acci\u00f3n, acci\u00f3n que nutre ideas. Pero en esos d\u00edas, el tiempo, las ideas, la acci\u00f3n, estaban a punto de morir.<\/p>\n<p>La situaci\u00f3n, intr\u00ednsecamente, no era nueva. S\u00f3lo que, hasta entonces, hab\u00edamos sido nosotros, los hombres, quienes la provoc\u00e1bamos. Era esto lo que la justificaba, la dotaba de humor y la hac\u00eda inteligible. \u00c9ramos nosotros los que cambi\u00e1bamos el autom\u00f3vil viejo por el de este a\u00f1o. Nosotros, quienes arroj\u00e1bamos las cosas inservibles a la basura. Nosotros, quienes opt\u00e1bamos entre las distintas marcas de un producto. A veces, las circunstancias eran c\u00f3micas; recuerdo que una joven amiga m\u00eda cambi\u00f3 un desodorante por otro s\u00f3lo porque los anuncios le aseguraban que la nueva mercanc\u00eda era algo as\u00ed como el certificado de amor a primera vista. Otras, eran tristes; uno llega a encari\u00f1arse con una pipa, los zapatos c\u00f3modos, los discos que acaban te\u00f1idos de nostalgia, y tener que desecharlos, ofrendarlos al anonimato del ropavejero y la basura, era ocasi\u00f3n de cierta melancol\u00eda.<\/p>\n<p>Nunca hubo tiempo de averiguar a qu\u00e9 plan diab\u00f3lico obedeci\u00f3, o si todo fue la irrupci\u00f3n acelerada de un fen\u00f3meno natural que cre\u00edamos dome\u00f1ado. Tampoco, d\u00f3nde se inici\u00f3 la rebeli\u00f3n, el castigo, el destino -no sabemos c\u00f3mo designarlo. El hecho es que un d\u00eda, la cuchara con que yo desayunaba, de leg\u00edtima plata Christoph; se derriti\u00f3 en mis manos. No di mayor importancia al asunto, y supl\u00ed el utensilio inservible con otro semejante, del mismo dise\u00f1o, para no dejar incompleto mi servicio y poder recibir con cierta elegancia a doce personas. La nueva cuchara dur\u00f3 una semana; con ella, se derriti\u00f3 el cuchillo. Los nuevos repuestos no sobrevivieron las setenta y dos horas sin convertirse en gelatina. Y claro, tuve que abrir los cajones y cerciorarme: toda la cuchiller\u00eda descansaba en el fondo de las gavetas, excreci\u00f3n gris y espesa. Durante alg\u00fan tiempo, pens\u00e9 que estas ocurrencias ostentaban un car\u00e1cter singular. Buen cuidado tomaron los felices propietarios de objetos tan valiosos en no comunicar algo que, despu\u00e9s tuvo que saberse, era ya un hecho universal. Cuando comenzaron a derretirse las cucharas, cuchillos, tenedores, amarillentos, de alumno y hojalata, que usan los hospitales, los pobres, las fondas, los cuarteles, no fue posible ocultar la desgracia que nos aflig\u00eda. Se levant\u00f3 un clamor: las industrias respondieron que estaban en posibilidad de cumplir con la demanda, mediante un gigantesco esfuerzo, hasta el grado de poder reemplazar los \u00fatiles de mesa de cien millones de hogares, cada veinticuatro horas.<\/p>\n<p>El c\u00e1lculo result\u00f3 exacto. Todos los d\u00edas, mi cucharita de t\u00e9 -a ella me reduje, al art\u00edculo m\u00e1s barato, para todos los usos culinarios- se convert\u00eda, despu\u00e9s del desayuno, en polvo. Con premura, sal\u00edamos todos a formar cola para adquirir una nueva. Que yo sepa, muy pocas gentes compraron al mayoreo; sospech\u00e1bamos que cien cucharas adquiridas hoy ser\u00edan pasta ma\u00f1ana, o quiz\u00e1 nuestra esperanza de que sobrevivieran veinticuatro horas era tan grande como infundada. Las gracias sociales sufrieron un deterioro total; nadie pod\u00eda invitar a sus amistades, y tuvo corta vida el movimiento, malentendido y nost\u00e1lgico, en pro de un regreso a las costumbres de los vikingos.<\/p>\n<p>Esta situaci\u00f3n, hasta cierto punto amable, dur\u00f3 apenas seis meses. Alguna ma\u00f1ana, terminaba mi cotidiano aseo dental. Sent\u00ed que el cepillo, todav\u00eda en la boca, se convert\u00eda en culebrita de pl\u00e1stico; lo escup\u00ed en peque\u00f1os trozos. Este g\u00e9nero de calamidades comenz\u00f3 a repetirse casi sin interrupciones. Recuerdo que ese mismo d\u00eda, cuando entr\u00e9 a la oficina de mi jefe en el Banco, el escritorio se desintegr\u00f3 en terrones de acero, mientras los puros del financiero tos\u00edan y se deshebraban, y los cheques mismos daban extra\u00f1as muestras de inquietud&#8230; Regresando a la casa, mis zapatos se abrieron como flor de cuero, y tuve que continuar descalzo. Llegu\u00e9 casi desnudo: la ropa se habla ca\u00eddo a jirones, los colores de la corbata se separaron y emprendieron un vuelo de mariposas. Entonces me di cuenta de otra cosa: los autom\u00f3viles que transitaban por las calles se detuvieron de manera abrupta, y mientras los conductores descend\u00edan, sus sacos haci\u00e9ndose polvo en las espaldas, emanando un olor colectivo de tintorer\u00eda y axilas, los veh\u00edculos, envueltos en gases rojos, temblaban. Al reponerme de la impresi\u00f3n, fij\u00e9 los ojos en aquellas carrocer\u00edas. La calle herv\u00eda en una confusi\u00f3n de caricaturas: Fords Modelo T, carcachas de 1909, Tin Lizzies, orugas cuadriculadas, veh\u00edculos pasados de moda.<\/p>\n<p>La invasi\u00f3n de esa tarde a las tiendas de ropa y muebles, a las agencias de autom\u00f3vil, resulta indescriptible. Los vendedores de coches -esto podr\u00eda haber despertado sospechas- ya ten\u00edan preparado el Modelo del Futuro, que en unas cuantas horas fue vendido por millares. (Al d\u00eda siguiente, todas las agencias anunciaron la aparici\u00f3n del Nov\u00edsimo Modelo del Futuro, la ciudad se llen\u00f3 de anuncios d\u00e9mod\u00e9 del Modelo del d\u00eda anterior -que, ciertamente, ya dejaba escapar un tufillo apolillado-, y una nueva avalancha de compradores cay\u00f3 sobre las agencias.)<\/p>\n<p>Aqu\u00ed debo insertar una advertencia. La serie de acontecimientos a que me vengo refiriendo, y cuyos efectos finales nunca fueron apreciados debidamente, lejos de provocar asombro o disgusto, fueron aceptados con alborozo, a veces con delirio, por la poblaci\u00f3n de nuestros pa\u00edses. Las f\u00e1bricas trabajaban a todo vapor y termin\u00f3 el problema de los desocupados. Magnavoces instalados en todas las esquinas, aclaraban el sentido de esta nueva revoluci\u00f3n industrial: los beneficios de la libre empresa llegaban hoy, como nunca, a un mercado cada vez m\u00e1s amplio; sometida a este reto del progreso, la iniciativa privada respond\u00eda a las exigencias diarias del individuo en escala sin paralelo; la diversificaci\u00f3n de un mercado caracterizado por la renovaci\u00f3n continua de los art\u00edculos de consumo aseguraba una vida rica, higi\u00e9nica y libre. \u00abCarlomagno muri\u00f3 con sus viejos calcetines puestos -declaraba un cartel- usted morir\u00e1 con unos Elasto-Plastex reci\u00e9n salidos de la f\u00e1brica.\u00bb La bonanza era incre\u00edble; todos trabajaban en las industrias, percib\u00edan enormes sueldos, y los gastaban en cambiar diariamente las cosas inservibles por los nuevos productos. Se calcula que, en mi comunidad solamente, llegaron a circular en valores y en efectivo, m\u00e1s de doscientos mil millones de d\u00f3lares cada dieciocho horas.<\/p>\n<p>El abandono de las labores agr\u00edcolas se vio suplido, y concordado, por las industrias qu\u00edmica, mobiliaria y el\u00e9ctrica. Ahora com\u00edamos p\u00edldoras de vitamina, c\u00e1psulas y granulados, con la severa advertencia m\u00e9dica de que era necesario prepararlos en la estufa y comerlos con cubiertos (las p\u00edldoras, envueltas por una cera el\u00e9ctrica, escapan al contacto con los dedos del comensal).<\/p>\n<p>Yo, justo es confesarlo, me adapt\u00e9 a la situaci\u00f3n con toda tranquilidad. El primer sentimiento de terror lo experiment\u00e9 una noche, al entrar a mi biblioteca. Regadas por el piso, como larvas de tinta, yac\u00edan las letras de todos los libros. Apresuradamente, revis\u00e9 varios tomos: sus p\u00e1ginas, en blanco. Una m\u00fasica dolorosa, lenta, despedida, me envolvi\u00f3; quise distinguir las voces de las letras; al minuto agonizaron. Eran cenizas. Sal\u00ed a la calle, ansioso de saber qu\u00e9 nuevos sucesos anunciaba \u00e9ste; por el aire, con el loco empe\u00f1o de los vampiros, corr\u00edan nubes de letras; a veces, en chispazos el\u00e9ctricos, se reun\u00edan&#8230; amor rosa palabra, brillaban un instante en el cielo, para disolverse en llanto. A la luz de uno de estos fulgores, vi otra cosa: nuestros grandes edificios empezaban a resquebrajarse; en uno, distingu\u00ed la carrera de una vena rajada que se iba abriendo por el cuerpo de cemento. Lo mismo ocurr\u00eda en las aceras, en los \u00e1rboles, acaso en el aire. La ma\u00f1ana nos depar\u00f3 una piel brillante de heridas. Buen sector de obreros tuvo que abandonar las f\u00e1bricas para atender a la reparaci\u00f3n material de la ciudad; de nada sirvi\u00f3, pues cada remiendo hac\u00eda brotar nuevas cuarteaduras.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed conclu\u00eda el periodo que pareci\u00f3 haberse regido por el signo de las veinticuatro horas. A partir de este instante, nuestros utensilios comenzaron a descomponerse en menos tiempo; a veces en diez, a veces en tres o cuatro horas. Las calles se llenaron de monta\u00f1as de zapatos y papeles, de bosques de platos rotos, dentaduras postizas, abrigos desbaratados, de c\u00e1scaras de libros, edificios y pieles, de muebles y flores muertas y chicle y aparatos de televisi\u00f3n y bater\u00edas. Algunos intentaron dominar a las cosas, maltratarlas, obligarlas a continuar prestando sus servicios; pronto se supo de varias muertes extra\u00f1as de hombres y mujeres atravesados por cucharas y escobas, sofocados por sus almohadas, ahorcados por las corbatas. Todo lo que no era arrojado a la basura despu\u00e9s de cumplir el t\u00e9rmino estricto de sus funciones, se vengaba as\u00ed del consumidor reticente.<\/p>\n<p>La acumulaci\u00f3n de basura en las calles las hac\u00eda intransitables. Con la huida del alfabeto, ya no se pod\u00edan escribir directrices; los magnavoces dejaban de funcionar cada cinco minutos, y todo el d\u00eda se iba en suplirlos con otros. \u00bfNecesito se\u00f1alar que los basureros se convirtieron en la capa social privilegiada, y que la Hermandad Secreta de Verrere era, de facto, el poder activo detr\u00e1s de nuestras instituciones republicanas? De viva voz se corri\u00f3 la consigna: los intereses sociales exigen que para salvar la situaci\u00f3n se utilicen y consuman las cosas con una rapidez cada d\u00eda mayor. Los obreros ya no sal\u00edan de las f\u00e1bricas; en ellas se concentr\u00f3 la vida de la ciudad, abandon\u00e1ndose a su suerte edificios, plazas, las habitaciones mismas. En las f\u00e1bricas, tengo entendido que un trabajador armaba una bicicleta, corr\u00eda por el patio montado en ella; la bicicleta se reblandec\u00eda y era tirada al carro de la basura que, cada d\u00eda m\u00e1s alto, corr\u00eda como arteria paral\u00edtica por la ciudad; inmediatamente, el mismo obrero regresaba a armar otra bicicleta, y el proceso se repet\u00eda sin soluci\u00f3n. Lo mismo pasaba con los dem\u00e1s productos; una camisa era usada inmediatamente por el obrero que la fabricaba, y arrojada al minuto; las bebidas alcoh\u00f3licas ten\u00edan que ser ingeridas por quienes las embotellaban, y las medicinas de alivio respectivas por sus fabricantes, que nunca ten\u00edan oportunidad de emborracharse. As\u00ed suced\u00eda en todas las actividades.<\/p>\n<p>Mi trabajo en el Banco ya no ten\u00eda sentido. El dinero hab\u00eda dejado de circular desde que productores y consumidores, encerrados en las factor\u00edas, hac\u00edan de los dos actos uno. Se me asign\u00f3 una f\u00e1brica de armamentos como nuevo sitio de labores. Yo sab\u00eda que las armas eran llevadas a parajes desiertos, y usadas all\u00ed; un puente a\u00e9reo se encargaba de transportar las bombas con rapidez, antes de que estallaran, y depositarlas, huevecillos negros, entre las arenas de estos lugares misteriosos.<\/p>\n<p>Ahora que ha pasado un a\u00f1o desde que mi primera cuchara se derriti\u00f3, subo a las ramas de un \u00e1rbol y trato de distinguir, entre el humo y las sirenas, algo de las costras del mundo. El ruido, que se ha hecho sustancia, gime sobre los valles de desperdicio; temo -por lo que mis \u00faltimas experiencias con los pocos objetos servibles que encuentro delatan- que el espacio de utilidad de las cosas se ha reducido a fracciones de segundo. Los aviones estallan en el aire, cargados de bombas; pero un mensajero permanente vuela en helic\u00f3ptero sobre la ciudad, comunicando la vieja consigna: \u00abUsen, usen, consuman, consuman, \u00a1todo, todo!\u00bb \u00bfQu\u00e9 queda por usarse? Pocas cosas, sin duda.<\/p>\n<p>Aqu\u00ed, desde hace un mes, vivo escondido, entre las ruinas de mi antigua casa. Hu\u00ed del arsenal cuando me di cuenta que todos, obreros y patrones, han perdido la memoria, y tambi\u00e9n, la facultad previsora&#8230; Viven al d\u00eda, emparedados por los segundos. Y yo, de pronto, sent\u00ed la urgencia de regresar a esta casa, tratar de recordar algo apenas estas notas que apunto con urgencia, y que tampoco dicen de un a\u00f1o relleno de datos- y formular alg\u00fan proyecto.<\/p>\n<p>\u00a1Qu\u00e9 gusto! En mi s\u00f3tano encontr\u00e9 un libro con letras impresas; es Treasure Island, y gracias a \u00e9l, he recuperado el recuerdo de m\u00ed mismo, el ritmo de muchas cosas&#8230; Termino el libro (\u00ab\u00a1Pieces of eight! \u00a1Pieces of eight!\u00bb) y miro en redor m\u00edo. La espina dorsal de los objetos despreciados, su velo de peste. \u00bfLos novios, los ni\u00f1os, los que sab\u00edan cantar, d\u00f3nde est\u00e1n, por qu\u00e9 los olvid\u00e9, los olvidamos, durante todo este tiempo? \u00bfQu\u00e9 fue de ellos mientras s\u00f3lo pens\u00e1bamos (y yo s\u00f3lo he escrito) en el deterioro y creaci\u00f3n de nuestros \u00fatiles? Extend\u00ed la vista sobre los montones de inmundicia. La opacidad chiclosa se entrevera en mil rasgu\u00f1os; las llantas y los trapos, la obsesidad maloliente, la carne inflamada del detritus, se extienden enterrados por los cauces de asfalto; y pude ver algunas cicatrices, que eran cuerpos abrazados, manos de cuerda, bocas abiertas, y supe de ellos.<\/p>\n<p>No puedo dar idea de los monumentos aleg\u00f3ricos que sobre los desperdicios se han construido, en honor de los economistas del pasado. El dedicado a las Armon\u00edas de Bastiat, es especialmente grotesco.<\/p>\n<p>Entre las p\u00e1ginas de Stevenson, un paquete de semillas de hortaliza. Las he estado metiendo en la tierra, \u00a1con qu\u00e9 gran cari\u00f1o!&#8230; Ah\u00ed pasa otra vez el mensajero:<\/p>\n<p>\u00abUSEN TODO&#8230; TODO&#8230; TODO\u00bb<\/p>\n<p>Ahora, ahora un hongo azul que luce penachos de sombra y me ahoga en el rumor de los cristales rotos&#8230;<\/p>\n<p>Estoy sentado en una playa que antes -si recuerdo algo de geograf\u00eda- no ba\u00f1aba mar alguno. No hay m\u00e1s muebles en el universo que dos estrellas, las olas y arena. He tomado unas ramas secas; las froto, durante mucho tiempo&#8230; ah, la primera chispa&#8230;<\/p>\n<p>FIN<\/p>\n<p><strong>Colaboraci\u00f3n del Dr. Jaime Piquero Martin<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>CARLOS FUENTES,\u00a0 EL INTELECTUAL.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-full wp-image-26589 alignnone\" title=\"carlos-fuentes\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2012\/06\/carlos-fuentes.jpg\" alt=\"\" width=\"253\" height=\"275\" \/><\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p>El escritor mexicano Carlos Fuentes, fallecido a los 83 a\u00f1os, fue un intelectual extraordinario que cuestion\u00f3 durante toda su vida a su pa\u00eds, M\u00e9xico, por ser incapaz de construir una democracia m\u00e1s aut\u00e9ntica y desde la literatura encamin\u00f3 a la narrativa en lengua espa\u00f1ola hacia la modernidad.<\/p>\n<p>Cr\u00edtico del nacionalismo oficial mexicano, cosmopolita, Fuentes (Ciudad de Panam\u00e1, 1928) ejerci\u00f3 una notable cr\u00edtica contra su pa\u00eds, en particular invocando una y otra vez su incapacidad para convertirse en una sociedad moderna y en desvelar los misterios del alma mexicana.<\/p>\n<p>Su concepci\u00f3n de la lengua era que la misma era \u201ccomo un r\u00edo caudaloso a veces, apenas un arroyo otras, pero siempre due\u00f1o de un cauce<strong> <\/strong>(\u2026), toda una profusa corriente de oralidad que corre entre dos riberas: la memoria y la imaginaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>Amante del idioma en que escrib\u00eda, lleg\u00f3 a decir que su lucha por conservar el espa\u00f1ol dur\u00f3 toda su ni\u00f1ez, pues estuvo \u201ca punto de perder su idioma nativo cada 24 horas\u201d.<\/p>\n<p>\u00a0\u201cEl idioma quer\u00eda decir para m\u00ed nacionalidad: era un conjunto opresivo de significados sujetos siempre a lucha, a reconquista\u201d, apunt\u00f3.<\/p>\n<p>Considerado el fundador de la novela modernista en M\u00e9xico, el intelectual curs\u00f3 estudios superiores en la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico (UNAM) y en el Instituto de Altos Estudios Internacionales de Ginebra (Suiza).<\/p>\n<p>Fue desde muy joven cuando su val\u00eda literaria comenz\u00f3 a sobresalir y a contribuir a la universalidad de una generaci\u00f3n de escritores extraordinarios que formar\u00edan<strong> <\/strong>el llamado \u201cboom latinoamericano\u201c.<\/p>\n<p>Admirador de autores como los brit\u00e1nicos D.H. Lawrence (1885-1930) y Aldous Huxley (1894-1963), Fuentes consideraba pertinente la ficci\u00f3n para responder a las preguntas de c\u00f3mo \u00e9ramos y c\u00f3mo seremos, y conocer el mundo desprovistos de la racionalidad.<\/p>\n<p>\u201cNi la ciencia, ni la l\u00f3gica, ni la pol\u00edtica nos dar\u00e1n una respuesta. Tampoco nos la dar\u00e1 la novela. Lo que hace la novela es plantear la pregunta de una manera equ\u00edvoca, de una manera c\u00f3mica,<strong> <\/strong>transgresiva que las otras disciplinas no nos permiten\u201c, lleg\u00f3 a decir.<\/p>\n<p><span style=\"color: #ff6600;\">Amante del idioma en que escrib\u00eda, lleg\u00f3 a decir que su lucha por conservar el espa\u00f1ol dur\u00f3 toda su ni\u00f1ez, pues estuvo \u201ca punto de perder su idioma nativo cada 24 horas\u201d<\/span><\/p>\n<p>A su obra narrativa el propio Fuentes la llam\u00f3 la \u201cEdad del tiempo\u201d, e incluye t\u00edtulos como \u201cLos d\u00edas enmascarados\u201d (1954), \u201cLa regi\u00f3n m\u00e1s transparente\u201d (1958), \u201cLa muerte de Artemio Cruz\u201d (1962), \u201cGringo viejo\u201d (1985), \u201cLa silla del \u00c1guila\u201d (2003) y \u201cLa voluntad y la fortuna\u201d (2008), sobre la violencia ligada con el narcotr\u00e1fico.<\/p>\n<p>Entre sus ensayos destacan t\u00edtulos como \u201cCervantes o la cr\u00edtica de la lectura<strong>\u201d <\/strong>(1976), \u201cLos 68? (2005), y \u201cLa gran novela latinoamericana\u201d (2011).<\/p>\n<p>En 2008, el espa\u00f1ol Juan Goytisolo dijo que Carlos Fuentes logr\u00f3 junto con Garc\u00eda M\u00e1rquez y el resto de los llamados autores del \u201cboom latinoamericano\u201d \u201cque entroncara de nuevo la literatura espa\u00f1ola con la modernidad\u201d despu\u00e9s de que Espa\u00f1a diera la espalda a la cultura universal durante siglos.<\/p>\n<p>Para el cr\u00edtico literario mexicano Christopher Dom\u00ednguez, \u201cla obra de Fuentes es el conjunto m\u00e1s complejo y variado de la narrativa mexicana\u201d, y en la misma estuvieron \u201ctodas las conquistas y tendencias de la literatura contempor\u00e1nea\u201c.<\/p>\n<p>Se\u00f1ala que \u201cel desarraigo\u201d es el punto de partida permanente de Fuentes, un escritor que lleg\u00f3 a describir su quehacer literario como una lucha de un boxeador con las palabras, a las que siempre trat\u00f3 de no dejarlas entrar en su acepci\u00f3n com\u00fan y corriente.<\/p>\n<p>Dom\u00ednguez destaca entre toda su obra la novela \u201cTerra Nostra\u201d (1975), \u201cel \u00fanico de sus libros que puede ser le\u00eddo m\u00e1s all\u00e1 del horizonte mexicano y la novela que lo sobrevivir\u00e1\u201c.<\/p>\n<p>De esa novela dice que est\u00e1 hermanada con \u201cRayuela\u201d, de Julio Cort\u00e1zar; \u201cCien a\u00f1os de soledad\u201d, de Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez, y \u201cConversaci\u00f3n en La Catedral\u201d, de Mario Vargas Llosa, y la considera el m\u00e1s alto exponente del \u201cgran Fuentes\u201d.<\/p>\n<p>Sobre la transici\u00f3n que comenz\u00f3 en 2000 en M\u00e9xico con la llegada al poder de Vicente Fox de la mano del conservador Partido Acci\u00f3n Nacional (PAN), Fuentes dijo que el mandatario \u201clleg\u00f3 con<strong> <\/strong>una ola de entusiasmo renovador que no se pod\u00eda cumplir\u201c.<\/p>\n<p>En ese mandato, que durar\u00eda hasta 2006, hubo seg\u00fan el escritor un \u201cGobierno holgaz\u00e1n\u201d en M\u00e9xico, que \u201cdej\u00f3 pasar el momento hist\u00f3rico\u201d que le correspond\u00eda tras sacar al Partido Revolucionario Institucional (PRI) de 71 a\u00f1os consecutivos en el poder. Entre los muchos premios que ha recibido destacan el Cervantes (1987), el Pr\u00edncipe de Asturias de las Letras (1994), el de Biblioteca Breve por \u201cCambio de piel\u201d (1967), y el Nacional de Literatura de M\u00e9xico (1984).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s se hizo acreedor a distinciones tales como la Orden de la Independencia Cultural Rub\u00e9n Dar\u00edo, otorgada por el Gobierno sandinista (1988); la Orden al M\u00e9rito en Chile (1993) y la espa\u00f1ola Gran Cruz de la Orden de Isabel la Cat\u00f3lica (2008).<\/p>\n<p>Si quieren leer la biograf\u00eda de Fuentes escrita por \u00e9l mismo, accedan a Carlos Fuentes: una opini\u00f3n personal :\u00a0<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.clubcultura.com\/clubliteratura\/clubescritores\/carlosfuentes\/crono1.htm\">http:\/\/www.clubcultura.com\/clubliteratura\/clubescritores\/carlosfuentes\/crono1.htm<\/a><\/p>\n<p>Con toda sinceridad, no les dejar\u00e1 indiferentes.<\/p>\n<p><strong>Colaboraci\u00f3n de la Dra. Raquel M Ramos M.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dermatologia y Arte. Edici\u00f3n 212.Dermatologia y Literatura.\u00a0Cuento. El que invent\u00f3 la polvora. Carlos Fuentes.<\/p>\n","protected":false},"author":22,"featured_media":26589,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[11,9],"tags":[],"class_list":["post-26588","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","","category-secciones-de-colaboradores","category-dermatologia-y-arte"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26588","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/22"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=26588"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/26588\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/26589"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=26588"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=26588"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=26588"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}