{"id":2835,"date":"2008-05-23T19:26:32","date_gmt":"2008-05-23T23:26:32","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=2835"},"modified":"2008-05-23T19:26:32","modified_gmt":"2008-05-23T23:26:32","slug":"el-sutil-arte-de-agradecer-los-anos-recibidos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/2835","title":{"rendered":"El sutil arte de agradecer los a\u00f1os recibidos"},"content":{"rendered":"<div align=\"center\"><img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/198\/dali.jpg\" alt=\"dali.jpg\" \/><br \/> <em>La Ciudad de los cajones 1936 Salvador Dal\u00ed<\/em><\/p>\n<p> &ldquo;He tenido tres Maestros<br \/> Tres Maestros he tenido,<br \/> De uno aprend\u00ed el tes\u00f3n<br \/> Del otro el arte de ser pr\u00e1ctico<br \/> Y del otro el estricto apego a la \u00c9tica&hellip;.<br \/> Tres Maestros he tenido<br \/> He tenido tres Maestros&rdquo; <\/div>\n<p> El proceso de envejecer&nbsp; ha sido visto siempre como la \u00faltima parte de la existencia, como un ocaso triste y de abandono, como el \u00faltimo tramo de un camino que nos lleva indefectiblemente hacia un final triste y penoso. Pero, \u00bf;debe esto ser as\u00ed? \u00bf;Por qu\u00e9 necesariamente hablar de tristeza cuando la acumulaci\u00f3n de los a\u00f1os nos ha llenado de experiencias maravillosas y conocimientos bellos, sumamente enriquecedores?<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p> A lo largo del trayecto hemos hecho amistades entra\u00f1ables que han arraigado profundamente en nuestros corazones. Lo que cre\u00edmos conocer cuando \u00e9ramos j\u00f3venes (correcci\u00f3n, &ldquo;m\u00e1s j\u00f3venes&rdquo;) lo sentimos ahora como muy inexacto e insuficiente. Como el fruto inmaduro que a\u00fan est\u00e1 a la espera de nuevas lluvias y el abono oportuno para prosperar. El horizonte, ahora ensanchado, se nos muestra como un nuevo punto de partida. No estamos llegando al final. Estamos avanzando hacia alturas cada vez mayores, y el mismo proceso del aprendizaje de toda una vida nos permite ver, disfrutar, deleitarnos al saber que aunque estemos aqu\u00ed, en esta elevada meseta, nuestra misma experiencia nos proporciona la casi seguridad de que dif\u00edcilmente vamos a caer por haber hecho un juicio equivocado. Ciertamente disponemos de m\u00e1s elementos para equivocarnos menos.<\/p>\n<p> Durante el m\u00e1s \u00f3 menos largo viaje hicimos amigos con cuya compa\u00f1\u00eda nos sentimos profundamente honrados y con quienes al mismo tiempo que compartimos penas y alegr\u00edas, sensible \u00f3 insensiblemente aprendimos mucho de la vida. No fue menester que esa ense\u00f1anza se nos diera bajo la forma de clases, conferencias \u00f3 consejos. La vida se aprende en los afanes diarios. La amistad sincera, estrecha, constituida por el cari\u00f1o, la lealtad y la comprensi\u00f3n de unos pocos, nos dejaron un capital mucho m\u00e1s precioso que el estar en medio de un grupo muy grande pero con poca proximidad real. All\u00ed aprendimos a aquilatar a los verdaderos amigos, aqu\u00e9llos que realmente nos apreciaron a pesar de estar conscientes de nuestros defectos. Los que fueron siempre leales a\u00fan durante las peores tormentas \u00f3 cuando nuestra misma inmadurez nos hizo comportarnos como tiranos con nuestros allegados m\u00e1s queridos. Tambi\u00e9n sentimos el latigazo de la envidia, la deslealtad y la ingratitud, tanto m\u00e1s dolorosas cuanto m\u00e1s empe\u00f1o hab\u00edamos puesto en hacerles sentir nuestro cari\u00f1o \u00f3 hab\u00edamos hecho casi un punto de honor el tratar de empujarlos en sus carreras. De todo esto salimos m\u00e1s fortalecidos. Porque s\u00f3lo quien no ha experimentado tropiezos no conoce tampoco las dulces mieles de la recuperaci\u00f3n. Es duro recibir un agravio, pero nos revelamos grandes cuando fuimos capaces de perdonar&hellip; \u00f3 al menos ignorar.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n<p> Y al hablar de allegados, cabe mencionar nuestro n\u00facleo familiar. Bendito sea el Cielo que nos depar\u00f3 tal regalo, sinceramente sin merecerlo. Por ellos estamos donde estamos. Su apoyo fue crucial en cada momento, depar\u00e1ndonos el regazo cierto donde reclinarnos cuando las circunstancias nos parec\u00edan m\u00e1s sombr\u00edas. A\u00fan sabi\u00e9ndonos culpables, nunca nos retiraron su apoyo. Despu\u00e9s de aquella fiesta en la que perdimos la compostura, cuando los lastimamos con frases hirientes \u00f3 cuando cometimos alguna torpeza imperdonable&hellip; para cualquiera otra persona.<\/p>\n<p> Fuimos de la \u00e9poca pre-televisi\u00f3n, cuando para nuestros padres la diversi\u00f3n por las noches eran las tertulias al visitar a los amigos, se estilaba&mdash;sin riesgo&mdash;sacar las mecedoras a la acera para ver pasar a los vecinos y nos divert\u00edan los caballos percherones de los carros cerveceros. La \u00e9poca del ladr\u00f3n librado, el toque y cuarta, las g&uuml;imbas, el yo- yo, los patines&nbsp; y las piscuchas. Los m\u00e1s que inocentes &ldquo;mat\u00f3 tunco tu tata&rdquo;, el &ldquo;tilinte&rdquo;, &ldquo;no hay aceite&rdquo; y arranca cebolla.<\/p>\n<p> Y vivimos tambi\u00e9n la preciosa experiencia, \u00fanica, sin par, de aprender de nuestros maestros. De quienes nos ense\u00f1aron a decantar la esencia en medio del caudal inmenso de los conocimientos in\u00fatiles. Quienes nos guiaron en el muy dif\u00edcil arte de olvidar nuestro cansancio, arrebatar horas a nuestras familias, sumergirnos en la vor\u00e1gine de los nuevos libros y revistas, en busca de conocimientos nuevos para volcarlos en favor de nuestros pacientes. Con su ejemplo, que no s\u00f3lo con sus palabras, aprendimos a querer a la humanidad doliente, pero muy particularmente a los enfermos m\u00e1s necesitados. A entender plenamente que son ellos el punto medular de nuestra existencia como m\u00e9dicos. Nuestros maestros nos ense\u00f1aron que los conocimientos sin valores no son nada. Que la \u00e9tica m\u00e1s elemental no s\u00f3lo nos dice &ldquo;primum non nocere&rdquo;, sino que &ldquo;tu pr\u00f3jimo sufre y t\u00fa est\u00e1s dotado con el divino arte de curar &ndash; \u00f3 aliviar- el dolor&rdquo;.&nbsp; Que la misma \u00e9tica no debe circunscribirse nada m\u00e1s a un conjunto de reglas m\u00e1s \u00f3 menos r\u00edgidas, sino en su forma m\u00e1s amplia amar a tus hermanos y darles, sin ninguna restricci\u00f3n, todo aqu\u00e9llo que te transmitieron tus maestros y cuya recompensa efectiva, \u00fanica, pudo ser una t\u00edmida y fugaz sonrisa, \u00f3 una peque\u00f1a bolsa con las primeras frutas de la estaci\u00f3n.<\/p>\n<p> Ser ahora part\u00edcipes de este honroso correr de los a\u00f1os con su enorme bagaje de conocimientos, vivencias, tristezas y alegr\u00edas, nos enriquecen profundamente. No debemos estar acongojados ni tristes. Si acaso nost\u00e1lgicos, porque esta \u00faltima, la nostalgia, es como la p\u00e1tina que reviste las \u00e1nforas de nuestras existencias, donde los recuerdos agradables y positivos deben siempre estar arriba, visibles y plenamente a flote.<\/p>\n<p> Pero estamos orientados hacia la cosm\u00e9tica. \u00bf;Significa eso que vamos a descuidar nuestra apariencia, nuestro aspecto f\u00edsico, o el de nuestros pacientes? De ninguna manera. Si hemos de sentirnos bien, debemos vernos bien. La autoestima contribuye enormemente a nuestra relaci\u00f3n con todos los dem\u00e1s.<\/p>\n<p> \u00bf;Agradecer por los a\u00f1os vividos? Por supuesto que s\u00ed.&nbsp; La sabidur\u00eda consiste en el sutil arte de sopesarlos, aquilatarlos y disfrutar esas experiencias tan perfectas como s\u00f3lo pueden darlas una larga vida.<\/p>\n<p> &nbsp;<br \/> <img decoding=\"async\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/03\/198\/ehp.jpg\" alt=\"ehp.jpg\" \/><br \/> <strong> Dr. Enrique Hern\u00e1ndez-P\u00e9rez *&nbsp;<\/strong>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;<\/p>\n<p> *Editorialista invitado. &ldquo;Conferencista Jacinto Convit&rdquo; en la XIV Reuni\u00f3n Internacional de Terap\u00e9utica dermatol\u00f3gica<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Ciudad de los cajones 1936 Salvador Dal\u00ed &ldquo;He tenido tres Maestros Tres Maestros he tenido, De uno aprend\u00ed el tes\u00f3n Del otro el arte de ser pr\u00e1ctico Y del otro el estricto apego a la \u00c9tica&hellip;. Tres Maestros he tenido He tenido tres Maestros&rdquo; El proceso de envejecer&nbsp; ha sido visto siempre como la &hellip;<\/p>\n","protected":false},"author":16,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-2835","post","type-post","status-publish","format-standard","","category-editorial"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2835","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/16"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2835"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2835\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2835"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2835"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2835"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}