{"id":29695,"date":"2013-01-18T09:41:57","date_gmt":"2013-01-18T14:11:57","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=29695"},"modified":"2013-01-19T09:48:01","modified_gmt":"2013-01-19T14:18:01","slug":"el-maestro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/29695","title":{"rendered":"El Maestro"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2013\/01\/Hermann.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-thumbnail wp-image-29698 alignleft\" alt=\"Hermann\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2013\/01\/Hermann-150x150.jpg\" width=\"150\" height=\"150\" srcset=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Hermann-150x150.jpg 150w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Hermann-25x25.jpg 25w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Hermann-260x260.jpg 260w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2013\/01\/Hermann.jpg 300w\" sizes=\"auto, (max-width: 150px) 100vw, 150px\" \/><\/a>El juego de los abalorios, novela del siglo pasado del escritor alem\u00e1n Hermam Hesse, en cierto modo nos muestra, a trav\u00e9s de una densa trama literaria, lo que en el fondo significa un Maestro para una inteligencia tan alta e iluminada como lo fue y sigue siendo la de este autor. En efecto, la historia discurre en torno a una organizaci\u00f3n llamada Castalia cuyos miembros cultivan el conocimiento mediante el juego de la inteligencia&#8230; espiritualizada y la lucha interior por el desapego a las cosas materiales del mundo mientras simult\u00e1neamente consagran su vida al saber.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>El relato de esta novela nos va mostrando los afanes de una ilustre instituci\u00f3n y en particular los de un hombre por acceder al conocimiento m\u00e1s elaborado y profundo de la cultura y con ello alcanzar la m\u00e1s elevada conciencia digna de iluminar disc\u00edpulos.<\/p>\n<p>Lo primero que llama la atenci\u00f3n es el ambiente futurista que recrea el autor, bas\u00e1ndose en un arquetipo de sociedad que se basa en su propia satisfacci\u00f3n, sin desarrollar ning\u00fan tipo de sentimiento cr\u00edtico hacia lo que les rodea. Resulta cuanto menos curioso que un autor de principios del siglo pasado reflejara de una forma tan v\u00edvida, una sociedad que se aproxima mucho a la actual en la que los libros han perdido vigencia frente a los televisores que son, muchas veces, quienes hacen de ni\u00f1eras de lo que ser\u00e1n los dirigentes del futuro. Crea el juego de los abalorios, que da nombre al libro, partiendo seguramente de la idea del \u00e1baco y plante\u00e1ndolo como un sistema que combina todas las ciencias del conocimiento y que incentiva a pensar y descubrir nuevos puntos de vista de aquellos privilegiados que lo practican, siendo el eslab\u00f3n m\u00e1s alto el del Maestro del juego. Con todo no deja de ser un juego emp\u00edrico y para ello utiliza Hesse a su protagonista, un hombre que asciende poco a poco estudiando y progresando desde su infancia por la escalera social que va asimilada al juego y que, estando en lo m\u00e1s alto, no puede evitar comparar su vida con el mundo viendo que ha estado hasta ese momento en una utop\u00eda, no tanto irrealizable como imposible en la pr\u00e1ctica, que le lleva a cambiar su concepto de la vida.<\/p>\n<p>Joshep Sneckt, el maestro ludens, protagonista de esta novela, ilustra los reg\u00edmenes disciplinarios y de trabajo sobre el esp\u00edritu y el intelecto, e incluso sobre el cuerpo mismo para lograr ese estado de conciencia superior sobre el Ser, la cultura y el mundo.<\/p>\n<p>Las p\u00e1ginas de esta gran obra europea del siglo pasado me vienen a la cabeza a prop\u00f3sito del tema que hemos discutido y ha sido el argumento de editoriales anteriores en Piel-L Latinoamericana: \u201cEl Maestro\u201d hombres y mujeres que han sido ejemplo y testimonio fehaciente, ejerciendo su vocaci\u00f3n con la mayor fidelidad a los m\u00e1s altos prop\u00f3sitos de la Dermatolog\u00eda, sin extrav\u00edos que dispersen su voluntad y esfuerzo; enriqueciendo el conocimiento con su propia experiencia vivencial en el mismo acto de transmitirlo; y he all\u00ed donde se va expresando ese magisterio que hace, en los que somos sus compa\u00f1eros de trabajo y disc\u00edpulos que su simple presencia en los ambientes de trabajo transfiera a nuestros quehaceres profesionales esa dignidad que posee el esfuerzo, m\u00e1xime cuando se consagra a la b\u00fasqueda de verdades cient\u00edficas emanadas desde una alta condici\u00f3n humana, que es a mi juicio otra de las se\u00f1ales que identifican a un maestro.<\/p>\n<p>Sabido es por todos que la m\u00e1xima distinci\u00f3n que hist\u00f3ricamente se otorga para el reconocimiento de los saberes es la de Maestro; y es que en esta jerarqu\u00eda del saber como lo es la condici\u00f3n de Maestro confluye un haz de capacidades que abarca no solamente el esmerado dominio de la materia y con ello los trabajos divulgados y los a\u00f1os de desempe\u00f1o, sino tambi\u00e9n, y en mayor grado, una elevada condici\u00f3n humana que se va construyendo en la \u00edntima interrelaci\u00f3n con la materia tratada de tal suerte que la identidad<\/p>\n<p>del individuo se hace inseparable de su oficio y de esa simbiosis, casi siempre se desprende una alt\u00edsima pedagog\u00eda raz\u00f3n por la cual ser Maestro implica inevitablemente tener disc\u00edpulos y seguidores, es decir \u201cgente que hace escuela\u201d<\/p>\n<p>Para nosotros, la imagen paradigm\u00e1tica del maestro, al menos en Occidente, est\u00e1 representada por la figura de Cristo \u00bfy qui\u00e9n es Cristo? en sentido estricto: Cristo es el portador y m\u00e1s ejemplar expositor de una sabidur\u00eda divina, tan universal e infalible que hasta el presente no existe otra escuela con mayor n\u00famero de disc\u00edpulos y seguidores que el cristianismo; en otras palabras el mayor ejemplo de la labor magisterial.<\/p>\n<p>Nuestra Dermatolog\u00eda tiene un selecto grupo de hombres y mujeres que desde diversos \u00e1ngulos cumplen cabalmente esta concepci\u00f3n y han hecho de nuestra disciplina m\u00e9dica una forma de vida a trav\u00e9s de la escritura, ense\u00f1anzas en las universidades o en los hospitales de nuestro continente.<\/p>\n<p>Piel-L Latinoamericana quiere iniciar este a\u00f1o nuevo 2013 haciendo una afirmaci\u00f3n a estos colegas latinoamericanos que desde diversas frentes hacen una meritoria labor educativa llevando conocimientos de forma desinteresada con una vida simple, limpia y \u00e9tica, que hacen de nuestra dermatolog\u00eda occidental una inspiraci\u00f3n.\u00a0<\/p>\n<p><strong>Rolando Hern\u00e1ndez P\u00e9rez<\/strong><br \/><strong>Co-editor Piel-L Latinoamericana<\/strong><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: x-large;\"><em>El juego de los abalorios, novela del siglo pasado del escritor alem\u00e1n Hermam Hesse, en cierto modo nos muestra, a trav\u00e9s de una densa trama literaria, lo que en el fondo significa un Maestro<\/em><\/span><\/p>\n<div style=\"width: 48%; float: left;\" class=\"first column\">El relato de esta novela nos va mostrando los afanes de una ilustre instituci\u00f3n y en particular los de un hombre por acceder al conocimiento m\u00e1s elaborado y profundo de la cultura.<\/div>\n<div style=\"width: 48%; float: left;\" class=\"first column\">Lo primero que llama la atenci\u00f3n es el ambiente futurista que recrea el autor, bas\u00e1ndose en un arquetipo de sociedad que se basa en su propia satisfacci\u00f3n.<\/div>\n","protected":false},"author":65,"featured_media":29698,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15,574],"tags":[],"class_list":["post-29695","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","","category-editorial","category-seccion-inicial"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29695","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/65"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=29695"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/29695\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/29698"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=29695"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=29695"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=29695"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}