{"id":3782,"date":"2008-08-15T15:14:51","date_gmt":"2008-08-15T19:14:51","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=3782"},"modified":"2008-08-15T17:12:20","modified_gmt":"2008-08-15T21:12:20","slug":"el-profesor-quedo-sin-tiempo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/3782","title":{"rendered":"Cuento: El profesor qued\u00f3 sin tiempo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Martha Mini\u00f1o<br \/>\nPara Antonio Guzm\u00e1n Fawcet<\/strong><\/p>\n<p>El profesor trabajaba tanto que apenas ten\u00eda tiempo para si mismo o cambiarse. A veces lo ve\u00edamos que llegaba a la c\u00e1tedra con el mismo saco, semana tras semana, o bien, un calcet\u00edn azul y uno blanco, que despistado no atinaba a mirar. Los estudiantes no se atrev\u00edan a\u00a0 re\u00edrse de \u00e9l, era tanto el respeto que inspiraban sus clases que nadie osaba por pecar de gracioso o m\u00e1s simp\u00e1tico de la cuenta.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Lo cierto es que las clases del profesor Guzm\u00e1n eran las m\u00e1s solicitadas por el estudiantado de la facultad, llenas de tope a tope, casi no se o\u00eda un susurro, s\u00f3lo el rasgado de los l\u00e1pices sobre el papel de los que osaban desviar su atenci\u00f3n de la elegante figura vestida de negro, corbata negra o azul e impecable camisa blanca, que con el tiempo empez\u00f3 a lucir arrugada y mientras m\u00e1s surcos mostraba la ropa, m\u00e1s animadas y did\u00e1cticas resultaban sus clases, m\u00e1s empapadas de conocimientos, an\u00e9cdotas y frases p\u00edcaras, muchas de doble sentido.<\/p>\n<p>Dictaba c\u00e1tedras de Fisiolog\u00eda, Histolog\u00eda y Patolog\u00eda en la Escuela de Medicina de nuestra ciudad. Apuraba a sus alumnos a estudiar de varios libros a la vez y muchas veces la clase se desviaba por derroteros m\u00e1s filos\u00f3ficos e inundaba el sal\u00f3n con experiencias en la mesa de disecci\u00f3n o historias propias de la vida, sacando del sue\u00f1o a cualquiera con una de sus preguntas, que lanzaba como dardos y sin venir al tema metaf\u00edsico en cuesti\u00f3n, hac\u00eda que el pobre estudiante, tarado por la sorpresa, razonase su respuesta en base a las experiencias previas citadas.<\/p>\n<p>Guzm\u00e1n lleg\u00f3 de un pueblecito a la ciudad, aturdido por el tr\u00e1nsito y el bullicio s\u00f3lo ten\u00eda en mente un cosa, ser un buen m\u00e9dico e instalarse en ese pueblo perdido de donde ven\u00eda. Otra historia le depar\u00f3 el destino. Ennoviado desde muy temprano, las circunstancias el endilgaron un embarazo a destiempo, a duras penas termin\u00f3 la carrera, con excelentes notas, eso si, pero endeudado hasta m\u00e1s no poder.<\/p>\n<p>La facultad le ofreci\u00f3 una sencilla c\u00e1tedra como ayuda, entusiasmado, se dedic\u00f3 a ella, mientras acud\u00eda diariamente al hospital a sus pr\u00e1cticas de disecci\u00f3n, necropsias, practicando en muertos sus futuras cirug\u00edas, pero de ah\u00ed no paso, su escalpelo no lleg\u00f3 a lacerar la piel viva y hacerle sangrar. Otra boca m\u00e1s, puf \u00a1 M\u00e1s c\u00e1tedra, mas estudios.<\/p>\n<p>El tiempo pas\u00f3 y sumaron cuatro chiquitines, cuatro c\u00e1tedras, al hospital s\u00f3lo sal\u00eda los fines de semana, para desesperaci\u00f3n de su esposa, quien le reclamaba su ayuda y compa\u00f1\u00eda en su tiempo libre, tiempo libre ? Ora estudiando para ir d\u00eda a d\u00eda con sus clases, ora disecando y escudri\u00f1ando en las necropsias y el microscopio. A ello se le suman los diferentes textos de la m\u00e1s variada \u00edndole, desde Homero y S\u00e9neca hasta Descartes, Montesquieu, Chatobriand, Roussseu, Joice, Verne, Sagan, Isamov, Clark, Borges, Fuentes, Poe, Lovecraft, Planx, etc, etc. Cualquier autor que valiese la pena mencionar ca\u00eda a sus manos y era objeto de estudio y hasta devoci\u00f3n, y no mencionemos las inmensas columnas de libros m\u00e9dicos de todo tipo, que diariamente consultaba, levantando el polvo de sus tapas, eso si, nadie, ni siquiera su mujer pod\u00eda entrar a su estudio, que pod\u00eda lucir como cualquier cosa y que era llamado el cuarto de los desesperados por la fr\u00e1gil esposa, algo encorvadita con los a\u00f1os y los partos.<\/p>\n<p>Lo que apenas comenz\u00f3 como una c\u00e1tedra con pocos estudiantes de cara aburrida se fue tornando en uno de los principales atractivos de la casa universitaria. Los estudiantes sal\u00edan satisfechos con el profesor que no aburr\u00eda a nadie con sus peroratas y cuyos ex\u00e1menes, a pesar del miedo que le ten\u00edan, eran cuesti\u00f3n de pura l\u00f3gica, razonamiento y si claro, asistir a las clases. Rara vez alguien no aprobaba el examen y esto obligaba al preocupado profesor a reunirse con el estudiante\u00a0 revisar que hab\u00eda salido mal. Hasta que no llegaba al meollo del asunto, no soltaba al infeliz, quien muchas veces prefer\u00eda tomar de nuevo la materia.<\/p>\n<p>Algunos profesores asist\u00edan a sus clases para refrescar sus conocimientos o bien, como distracci\u00f3n ante las ocurrencias de Guzm\u00e1n, quien con su ingenio agudo saltaba con las respuestas m\u00e1s chispeantes y salidas muy inesperadas.<\/p>\n<p>Pero todo lo que Guzm\u00e1n llevaba al podio de\u00a0 la clase representaba un sacrificio, era tiempo, noches enteras leyendo, fines de semana en el microscopio o en disecci\u00f3n, perdiendo contacto con sus cuatro cr\u00edos, a quienes apenas ya distingu\u00eda uno del otro y cuyos cumplea\u00f1os por lo general perd\u00eda a\u00f1o tras a\u00f1o, aparecieron las primeras canas, se le pobl\u00f3 el pelo de blanco, la frente se extendi\u00f3, pero la mente \u00e1gil y fluida era cada vez m\u00e1s pr\u00edstina y funcionaba a velocidad incre\u00edble, a tal punto que a veces maneja las ideas de forma tan asombrosa que pocos pod\u00edan seguirle el rastro con dificultad.<\/p>\n<p>Las clases se colmaron, a veces improvisaba paseos\u00a0 y clases en los jardines, donde era objeto de estudio la bot\u00e1nica y la herbolaria, las aves y sus vuelos, la migraci\u00f3n, la hibernaci\u00f3n de ciertos insectos o la laboriosidad de las hormigas, el empleo de viejas recetas tradicionales y c\u00f3mo el sistema nervioso actuaba\u00a0 con ellas, platillos y embuchados de brujas, creencias religiosas\u00a0 rituales, la m\u00fasica desde sus inicios y c\u00f3mo Vivaldi se conoci\u00f3 despu\u00e9s de la segunda guerra mundial, la melancol\u00eda de Thaikovski\u00a0 y la pasi\u00f3n por Clara Schumann de Brahms, la esquizofrenia de Van Gogh y la megaloman\u00eda de Dal\u00ed, la homosexualidad de Da Vinci y las eternas correr\u00edas de Mozart, las manipulaciones de las cortes francesa, espa\u00f1ola y alemana, la falsa belleza de Carlos el Hermoso y su fracaso en la guerra, las siete esposas de Enrique Octavo, el misticismo de Santa Teresa y Sor Juana In\u00e9s hasta las sencillas historias de San Mart\u00edn de Porres, sin olvidar las tradiciones peruanas de Palma y los cuentos de Kipling, para terminar con los horrores de Itsmuth de Lovecraft y el cuervo de Poe.<\/p>\n<p>Todo lo entremezclaba con detalles amenos que vert\u00eda aqu\u00ed y all\u00e1, chispeantes y hasta c\u00f3micos, olvidaba el horario y segu\u00eda hablando o depart\u00eda con sus alumnos, quienes deseosos de aprender acud\u00edan con sus dudas anotadas.<\/p>\n<p>Para nadie ten\u00eda un no o no puedo, una sonrisa, paciencia y saber escuchar. Hasta que llegaba a su casa. All\u00ed el t\u00e9rmino no, nunca, no puedo eran inevitables que le ayudaban a arrinconarse en su estudio atestado de libros y polvo, notas a medio hacer, viejos libros por releer, Ovidio, El Banquete, El Rey Lear, La Nausea junto a compendios de disecci\u00f3n, anatom\u00eda y fisiolog\u00eda.<\/p>\n<p>Cuantas Nochebuenas se perdi\u00f3 o no cont\u00f3 o simplemente cen\u00f3 y r\u00e1pido bes\u00f3 a su familia sin pensar, no se dio cuenta, los d\u00edas eran como minutos que sal\u00edan corriendo y que s\u00f3lo deten\u00edan su alocada carrera los fines de semana, cuando sentado en su estudio hurgaba aburrido textos y libros, escrib\u00eda a medias y sin avisar sal\u00eda a pasear en b\u00fasqueda de gente con quien hablar y que escuchase sus largos mon\u00f3logos de erudito.<\/p>\n<p>En una de esas escapadas la divis\u00f3, a la conoc\u00eda, una cara an\u00f3nima de su clase que apenas hab\u00eda visto entre la multitud silente y embobada. Caminaron juntos, \u00e9l con su perorata inacabable, ella silenciosa y atenta le escuchaba.<\/p>\n<p>Los paseos fueron ahora otro de sus afanes, ya no s\u00f3lo le\u00eda para condimentar su clase, ten\u00eda un p\u00fablico privado que le reservaba su tiempo para escucharle a \u00e9l, que no ten\u00eda nadie con quien hablar, o monologar ? M\u00e1s paseos, mas cortos los discursos, la voz grandilocuente fue bajando el tono, los pasos se enlentecieron, las manos se entrecruzaron, el mon\u00f3logo suspir\u00f3 y un arrebato le llev\u00f3 a tocar sus labios y hundir sus dedos aspirando el perfume de sus cabellos.<\/p>\n<p>El profesor dej\u00f3 los paseos para esconderse en un oscuro rinc\u00f3n donde devoraba y era devorado, sus cuerpos se un\u00edan, ni la pasi\u00f3n de Ofelia ni los versos de Keats pod\u00edan arrancarle esa hambre que le atormentaba.<\/p>\n<p>Apenas hablaba en casa, como fantasma divagaba y apenas ya le\u00eda sus libros que acumularon p\u00e1tinas y cenizas del tiempo, mientras esperaba que el minutero acabase su lenta caminata para hacer sonar el gong que le desped\u00eda a la calle.<\/p>\n<p>Y mientras su pasi\u00f3n aumentaba y le consum\u00eda, sus clases perdieron brillo, sus discursos fueron repetitivos, an\u00e9cdotas pasadas, parlamentos ins\u00edpidos, oratoria cansada de anciano, peroratas ausentes de chispa, sin paseos ni sorpresas, Homero y sus h\u00e9roes egeos dej\u00f3 de interesar a la joven concurrencia y el cuervo de Poe perdi\u00f3 las alas, mientras la eterna letan\u00eda de Hamlet era desaprobada, Plat\u00f3n se convert\u00eda en enemigo de la Rep\u00fablica.<\/p>\n<p>Sus hijos ya crecidos abandonaron el hogar y su mujer, un fantasma del pasado, apenas le hablaba. Su pasi\u00f3n tambi\u00e9n perdi\u00f3 br\u00edos, y la figura ahora huidiza le empezaba a esquivar.<\/p>\n<p>Las clases del profesor perdieron brillo, perdieron p\u00fablico, perdieron todo.<\/p>\n<p>El tiempo huy\u00f3, las manecillas del reloj se negaban a caminar y le miraba fijamente desde la pared.<\/p>\n<p>Se encontr\u00f3 solo, sin hogar, sin pasi\u00f3n\u00a0 con quien compartir, quien hab\u00eda marchado dej\u00e1ndole una triste nota.<\/p>\n<p>Entristecido march\u00f3 al sal\u00f3n de clases. Estaba cerrado, todo vac\u00edo.<\/p>\n<p>Hab\u00eda perdido su vida, hab\u00eda perdido sus clases.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Martha Mini\u00f1o Para Antonio Guzm\u00e1n Fawcet El profesor trabajaba tanto que apenas ten\u00eda tiempo para si mismo o cambiarse. A veces lo ve\u00edamos que llegaba a la c\u00e1tedra con el mismo saco, semana tras semana, o bien, un calcet\u00edn azul y uno blanco, que despistado no atinaba a mirar. 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