{"id":38087,"date":"2014-12-12T22:55:03","date_gmt":"2014-12-13T03:25:03","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=38087"},"modified":"2014-12-14T00:06:48","modified_gmt":"2014-12-14T04:36:48","slug":"mas-alla-de-la-clinica","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/38087","title":{"rendered":"M\u00e1s all\u00e1 de la cl\u00ednica\u2026"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_38291\" aria-describedby=\"caption-attachment-38291\" style=\"width: 598px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><a href=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2014\/12\/antiochus_and_stratonice_c1640-Theodore-van-Tulden.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\" wp-image-38291\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2014\/12\/antiochus_and_stratonice_c1640-Theodore-van-Tulden-1024x601.jpg\" alt=\"Eras\u00edstrato descubre la enfermedad de Ant\u00edoco ante Estratonice y Seleuco. 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Oleo sobre lienzo 220 X 164 cm<\/figcaption><\/figure>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de la capacidad cient\u00edfica del m\u00e9dico, subyace en \u00e9l una especial y, casi dir\u00edamos, natural facultad para inducir la sanaci\u00f3n en el paciente.<\/p>\n<p>Podr\u00edamos, incluso, estar hablando de cierto poder benefactor que el m\u00e9dico&#8212; a trav\u00e9s de su formaci\u00f3n integral, pero en especial del aproximarse a la esfera subjetiva del sujeto y su patolog\u00eda&#8212; logra constituir en instrumento terap\u00e9utico.<\/p>\n<p>Ahora bien, esta singular aptitud que en ocasiones se manifiesta y materializa con la simple presencia de \u00e9ste frente al paciente, nace con los inicios de la pr\u00e1ctica m\u00e9dica durante las fases m\u00e1gicas de la medicina.<\/p>\n<p>Recordemos el v\u00ednculo que en los comienzos de esta ciencia existi\u00f3 entre la pr\u00e1ctica m\u00e9dica, lo sobrenatural y religioso. En efecto, la medicina constituy\u00f3 un sacerdocio, de hecho permaneci\u00f3 durante la etapa prehipocr\u00e1tica en manos de oficiantes y sacerdotes del mundo arcaico.<\/p>\n<p>Quienes ejerc\u00edan la medicina en la antigua Grecia, estaban ungidos del poder divino de Asklepios &#8212;-Dios de la medicina griega&#8212;. De modo que la medicina antigua recorr\u00eda un trayecto que iba desde lo sobrenatural, m\u00e1gico y religioso a la pr\u00e1ctica propiamente dicha.<br \/>\nEstos sacerdotes sanadores o mejor a\u00fan, sanadores divinizados, eran llamados asklep\u00edades y sus lugares de trabajo estaban en los templos; de modo que los hospitales y dem\u00e1s centros de atenci\u00f3n m\u00e9dica tienen como lugar de origen la casa de un dios.<\/p>\n<p>Desde los templos ejerc\u00edan el sacerdocio sanador mediante una visi\u00f3n cosmog\u00f3nica de lo humano. En otras palabras, el hombre era concebido como un ser integrado al universo, formando parte de la gran totalidad: lo humano, lo sobrenatural y el universo coexist\u00edan indisolublemente. En cierto modo se trataba de una visi\u00f3n hol\u00edstica, de alguna forma representada hoy en el paradigma cu\u00e1ntico que explica al universo.<\/p>\n<p>La sanaci\u00f3n no se dirig\u00eda \u00fanicamente al cuerpo porque tambi\u00e9n el alma deb\u00eda ser tratada; el individuo se conceb\u00eda inseparable de su dimensi\u00f3n abstracta; con ella se constitu\u00eda en Ser, a su vez, inserto en esa gran totalidad universal a la cual ya nos hemos referido. Por eso la conciencia de estos primeros m\u00e9dicos no hac\u00eda distinci\u00f3n entre lo humano y el cosmos, ambas instancias no se percibieron de modo contradictorio.<\/p>\n<p>Probablemente, este punto de arranque dot\u00f3 a la medicina y al m\u00e9dico, en especial, de una singular potestad con su correlato en la conciencia del paciente. Estamos hablando entonces de una especie de memoria arquetipal que a\u00fan se manifiesta en la voluntad de sanar y el deseo de ser sanado, tal relaci\u00f3n, no cabe dudas, predispone estados de conciencia inevitablemente terap\u00e9uticos.<\/p>\n<p>Esta relaci\u00f3n, experimentada m\u00e1s all\u00e1 de la pr\u00e1ctica siqui\u00e1trica, diferente a los fen\u00f3menos psicosom\u00e1ticos suele ocurrir con mayor frecuencia de lo que sospechamos. Ahora bien, cabe entonces preguntarse, c\u00f3mo es que opera este poder del m\u00e9dico, generalmente, sin que este lo ponga en pr\u00e1ctica conscientemente.<\/p>\n<p>La respuesta no es otra sino en la comunicaci\u00f3n que el m\u00e9dico puede establecer con su paciente. En un editorial anterior de fecha 01 de marzo 2013, titulado El Poder de la Palabra, tratamos el tema de la comunicaci\u00f3n entre el m\u00e9dico y el paciente. Hicimos referencias a eventos universales que plasman y simbolizan el poder terap\u00e9utico de la comunicaci\u00f3n. El m\u00e9dico, m\u00e1s que otro profesional, tiene en la palabra el \u00edmpetu y el poder\u00edo para lograr con ella el inicio de la sanaci\u00f3n o de la curaci\u00f3n; cuando el paciente acude al m\u00e9dico en busca de una soluci\u00f3n a su problema de salud, este puede con la voz aliviar o agravar su dolor, complementado con el tacto y el don de escuchar, condiciones estas vitales para iniciar el alivio o la curaci\u00f3n de sus males.<\/p>\n<p>Si bien es cierto que el m\u00e9dico debe actuar desde la objetividad cient\u00edfica, no quiere decir ello que la rigidez y la frialdad deben mediar el acto m\u00e9dico. La distancia no permitir\u00e1 indagar las dimensiones abstractas de la patolog\u00eda, no permitir\u00e1 las revelaciones claves que subyacen en el habla; no permitir\u00e1 la incorporaci\u00f3n del paciente como sujeto esencial de la misma sanaci\u00f3n; en definitiva, no permitir\u00e1 hacer del paciente un sujeto sino un objeto m\u00e1s de la terapia.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: x-large;\"><em>En el m\u00e9dico subyace una especial facultad para inducir la sanaci\u00f3n en el paciente<\/em><\/span><\/p>\n<div style=\"width: 48%; float: left;\" class=\"first column\">M\u00e1s que otro profesional, tiene en la palabra el \u00edmpetu y el poder\u00edo para lograr con ella el inicio de la sanaci\u00f3n o de la curaci\u00f3n<\/div>\n<div style=\"width: 48%; float: left;\" class=\"first column\">Si bien es cierto que debe actuar desde la objetividad cient\u00edfica, no quiere decir ello que la rigidez y la frialdad deben mediar el acto m\u00e9dico<\/div>\n","protected":false},"author":65,"featured_media":38291,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15,574],"tags":[],"class_list":["post-38087","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","","category-editorial","category-seccion-inicial"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38087","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/65"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=38087"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/38087\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/38291"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=38087"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=38087"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=38087"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}