{"id":3937,"date":"2008-09-12T19:13:45","date_gmt":"2008-09-12T23:13:45","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=3937"},"modified":"2008-09-12T19:13:45","modified_gmt":"2008-09-12T23:13:45","slug":"la-dificil-racionalidad-del-ciudadano-del-siglo-xxi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/3937","title":{"rendered":"La dif\u00edcil racionalidad del ciudadano del siglo XXI"},"content":{"rendered":"<p>F. Borrell i Carri\u00f3<br \/>\nM\u00e9dico de Familia. ICS. Profesor de la Facultat de Medicina. Departament Ci\u00e8ncies Cl\u00edniques, Campus de Bellvitge. Universitat de Barcelona.<\/p>\n<p>Los pol\u00edticos est\u00e1n asustados. Las demandas de salud parecen no tener fin. Los esfuerzos preventivos tienen la virtud de alargar la vida, pero los pol\u00edticos ya saben que no disminuyen la presi\u00f3n sobre los servicios asistenciales. Y lo que es peor: tampoco la factura sanitaria. Fruto del miedo ante fen\u00f3menos que no controlamos ni entendemos en profundidad, el pol\u00edtico echa mano de construcciones ideol\u00f3gicas \u00abpopulares\u00bb. A fin de cuentas es lo que hacemos todos. Una de esas construcciones es la tesis conspirativa, tesis que puede tener diversas variantes:<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>&#8211; La gente consume y consume, y la sanidad es un \u00e1rea en la que puede consumir en apariencia \u00aba coste cero\u00bb\u2026 \u00bfpor qu\u00e9 no debiera hacerlo? Tesis del consumismo y el copago.<\/p>\n<p>&#8211; Existen importantes fuerzas de mercado, entre ellas la industria farmac\u00e9utica, enormemente interesadas en crear necesidades de salud ficticias con el \u00fanico prop\u00f3sito de enriquecerse. Tesis de la medicalizaci\u00f3n conspirativa.<\/p>\n<p>&#8211; Los profesionales justifican su carga de trabajo induciendo una demanda que podr\u00eda ser resuelta en la propia comunidad o en la familia. Otras veces inducen esta demanda como simple manera de enriquecerse (medicina est\u00e9tica y, en general, medicina satisfactiva) lo que acaba por repercutir en los servicios p\u00fablicos. Tesis del profesional irresponsable.<\/p>\n<p>&#8211; Los medios usan la salud como un bien de consumo m\u00e1s, creando la ficci\u00f3n de que a mayor consumo mayor felicidad. Tesis del Mundo Feliz.<\/p>\n<p>Estas tesis no s\u00f3lo est\u00e1n en boca de los pol\u00edticos, sino de muchos profesionales e intelectuales. Un chiste de El Roto s\u00f3lo resulta comprensible \u2013y s\u00f3lo da risa\u2013 bajo el paraguas conspiratorio. En este chiste se ve a un farmac\u00e9utico mirando una estanter\u00eda repleta de f\u00e1rmacos y pregunt\u00e1ndose: \u00ab\u00bfPor qu\u00e9 ser\u00e1 que quienes descubren las enfermedades son tambi\u00e9n los que hacen las medicinas?\u00bb. El chiste provoca la risa (la m\u00eda tambi\u00e9n), pero resulta enormemente demag\u00f3gico. Las tesis conspirativas en ning\u00fan momento de la historia humana han capturado la complejidad de la evoluci\u00f3n social, entre otras razones porque los comportamientos sociales derivan de fuerzas que \u00abalguien\u00bb (por ejemplo, una multinacional mal\u00e9vola) puede \u00abempujar\u00bb, pero dif\u00edcilmente \u00abprovocar\u00bb su emergencia.<\/p>\n<p>En el presente art\u00edculo voy a defender la idea de que las tesis conspirativas (tan bien desarrolladas en el siglo XX por fil\u00f3sofos como Foucault) son un obst\u00e1culo para pensar nuestra realidad. Pueden ser adecuadas para vestir discursos \u00abinternos\u00bb de las clases dirigentes, pero son incapaces de explicar la realidad social.<\/p>\n<p>Discursos de uso interno<\/p>\n<p>Propongo que las clases dirigentes \u2013y los profesionales tambi\u00e9n estamos en esta categor\u00eda\u2013 tienen dos tipos de discurso: uno oficial, \u00abserio\u00bb, al que dan publicidad, y otro de \u00abuso interno\u00bb. El discurso interno les \u2013nos\u2013 sirve para explicar fen\u00f3menos borrosos y casi nunca aflora en el discurso oficial.<\/p>\n<p>Son los comentarios de pasillo, la explicaci\u00f3n trivial de por qu\u00e9 tal grupo social reclama eso y no lo otro, etc. Son interpretaciones y atribuciones de causa y de culpa que preservan las decisiones tomadas, la propia estima y la autoimagen. Los discursos internos resultan casi indestructibles, porque dirigen sus andanadas hacia \u00abmultinacionales\u00bb, la gente \u00abque no sabe lo que quiere\u00bb o hacia los eslabones de la organizaci\u00f3n m\u00e1s indefensos (los que precisamente no pueden contestar a las cr\u00edticas). La atenci\u00f3n primaria de salud ha padecido muchas de estas invectivas: que si no sabe filtrar las urgencias, o regular la demanda, o prescribir adecuadamente\u2026<\/p>\n<p>Lo que resulta m\u00e1s interesante es el retrato robot que emerge de estos discursos justificativos y conspirativos (y no importa el partido pol\u00edtico que est\u00e9 en el poder): el retrato de un ciudadano caprichoso y manipulable que a veces act\u00faa sin racionalidad y casi siempre de manera ego\u00edsta y buscando el mejor c\u00e1lculo de utilidad; pero \u00bfes ese, en verdad, el ciudadano del siglo XXI?<\/p>\n<p>La tesis del Gran Hermano casa bien con las tesis conspirativas pero no captura la realidad del siglo XXI. En cualquier momento hist\u00f3rico que deseemos considerar existe en la sociedad un residual de gente par\u00e1sita que adopta dos perfiles: agresivo y pasivo. El agresivo en forma de delincuencia, el pasivo en forma de inactividad, casi siempre disimulada. No es un porcentaje importante, pero condiciona las decisiones de la colectividad. En un mundo en el que transferimos mayor poder al ciudadano, tambi\u00e9n transferimos a esta minor\u00eda mayor capacidad de perjudicar a la colectividad. Ello condiciona respuestas colectivas de mayor control que f\u00e1cilmente pueden interpretarse como una marcha inexorable hacia un Gran Hermano.Incluso puede que en alguna sociedad oriental, de mentalidad muy colectivista, se puedan dar organizaciones que nos recuerden un Gran Hermano.<\/p>\n<p>Sin embargo, jam\u00e1s hab\u00eda habido m\u00e1s amor por la libertad que en este siglo XXI. Este siglo \u2013a mi manera de ver\u2013 se caracteriza por una expansi\u00f3n demogr\u00e1fica sin precedentes, que obligar\u00e1 a nuevas formas de vida y a nuevos principios \u00e9ticos. Deberemos comedirnos en el uso arbitrario de la energ\u00eda, ser m\u00e1s pacientes con las razones de los otros, m\u00e1s pacientes incluso con su mera presencia (\u00bfrecuerdan ustedes las calles apenas transitadas de las grandes capitales de los a\u00f1os cincuenta?). La ausencia de mundos inexplorados trasladar\u00e1 el esp\u00edritu aventurero hacia nuestro propio mundo interior. Cada persona tiene ya la posibilidad de contagiar con sus descubrimientos \u2013o man\u00edas\u2013 a muchos cong\u00e9neres, allende las fronteras de su ciudad y pa\u00eds. Ello no desplaza en absoluto la tribu de amigos o familiares con los que precisa compartir cara a cara sus vivencias, tribus en las que se cuecen los estados de opini\u00f3n. Una opini\u00f3n cada vez m\u00e1s ilustrada, m\u00e1s sensata, m\u00e1s llena de razones. Jam\u00e1s el ser humano hab\u00eda tenido tanto terreno para el uso pac\u00edfico de su libertad y ello conduce a mayor diversidad en todos los aspectos, pero diversidad solidaria.<\/p>\n<p>Sin embargo, esta \u00abracionalidad\u00bb no est\u00e1 exenta de problemas, derivados del aggiornamento de temas eternos: la ambici\u00f3n, el miedo y el narcisismo. Valga como ejemplo los diferentes \u00abnoes\u00bb a la Constituci\u00f3n Europea y al Tratado de Lisboa. En este caso, los pol\u00edticos ofician de voz razonable y razonada ante los embates de una competencia entre continentes que nos empuja inexorablemente a mayores cotas de solidaridad europeas, en tanto surgen grupos de opini\u00f3n locales que enarbolan banderas ego\u00edstas, gualdrapeadas por el miedo colectivo a lo desconocido, a la globalizaci\u00f3n.<br \/>\n\u00abSin tetas no hay para\u00edso\u00bb<\/p>\n<p>La moda de la cirug\u00eda est\u00e9tica es otra muestra de irracionalidad. Al grito de \u00absin tetas no hay para\u00edso\u00bb millares de jovencitas a\u00fapan los valores en bolsa de la compa\u00f1\u00eda est\u00e9tica de turno. Los chicos, por su parte, queman testosterona en los gimnasios para \u00abfibrarse\u00bb y lucir corpach\u00f3n culturista en las playas. Pero no saquemos conclusiones precipitadas. Tambi\u00e9n muchos j\u00f3venes aguantan discursos opuestos e incluso extremos. Tienen menos presencia en los medios, pero ah\u00ed est\u00e1n, en las fiestas okupas o paseando sus rastas. Al ser humano le gusta explorar todo el horizonte de posibilidades que cada momento hist\u00f3rico le ofrece e, incluso, los l\u00edmites de este horizonte.<\/p>\n<p>Ahora bien, la gente no es tonta, puede seguir hasta cierto punto modas, pero el comportamiento de la colectividad no acostumbra a ser una moda. Por ello, los m\u00e9dicos caemos f\u00e1cilmente en discursos justificativos cuando tratamos de explicar nuestra realidad asistencial a partir de los hipocondr\u00edacos que frecuentan nuestras consultas.<\/p>\n<p>De acuerdo que son una minor\u00eda dif\u00edcil de abordar, de acuerdo que criticarlos puede liberarnos de cierta tensi\u00f3n, pero no podemos achacarles los males de nuestras saturadas agendas. Cuando una persona se queja, siempre hay que tomarla en serio. De aqu\u00ed el peligro que comportan los discursos que alertan sobre la medicalizaci\u00f3n de la sociedad, y que en sus versiones m\u00e1s ingenuas jalean al m\u00e9dico para que rechace educadamente tales demandas. El m\u00e9dico ante todo debe analizar sin prejuicios cualquier queja o demanda que se le formula, sobre todo si se la formula un hipocondr\u00edaco, porque tambi\u00e9n los hipocondr\u00edacos acaban por morirse. Otra cosa es que ante los insistentes \u00bfqu\u00e9 me pasa?, \u00bfcu\u00e1l es el diagn\u00f3stico?, debamos aprender a decir: \u00abno lo s\u00e9, hay muchas cosas que la medicina ignora, pero s\u00ed le puedo decir que no es grave\u00bb. Magn\u00edfica frase socr\u00e1tica en la que aparentemente declaramos nuestra ignorancia, cuando en realidad pregonamos la sabidur\u00eda del no saber.<\/p>\n<p>Al servicio de las razones<\/p>\n<p>Se ha enfatizado el car\u00e1cter cohesionador de la sanidad, pero poco se habla del car\u00e1cter razonador que tambi\u00e9n tiene. Y lo tiene, vaya si lo tiene&#8230; Las encuestas nos indican sin ninguna duda que los ciudadanos depositan su confianza en la informaci\u00f3n que reciben de los m\u00e9dicos, sobre todo de los m\u00e9dicos de familia.<\/p>\n<p>Los m\u00e9dicos de familia hemos evolucionado de una manera de pensar contaminada por los usos culturales, a la Medicina Basada en Pruebas (Evidence Based Medicine). Cuando empec\u00e9 mi tarea asistencial (finales de los 70), los antibi\u00f3ticos eran \u00abfuertes\u00bb o \u00abd\u00e9biles\u00bb y a las personas les hac\u00edan m\u00e1s efecto si \u00abno los hab\u00edan tomado nunca previamente\u00bb. Esas creencias est\u00e1n activas en la poblaci\u00f3n, pero eran creencias difundidas por los m\u00e9dicos de entonces. Cuando se quer\u00eda cortar una bronquitis \u00aben serio\u00bb se apelaba a unas inyecciones (cargadas las jeringas multiuso de VHC, la epidemia silenciosa de aquellos a\u00f1os). Los criterios m\u00e9dicos se alimentaban de dogmas impartidos por c\u00e1tedros reverenciados. Cuando sali\u00f3 la ranitidina era pecado mortal darla \u00aba demanda\u00bb para alivio de ulcerosos, hasta que los anglosajones acudieron al rescate de los espa\u00f1oles disp\u00e9pticos.<br \/>\n\u00a1Qu\u00e9 alivio supuso la entrada del pragmatismo anglosaj\u00f3n sobre la escol\u00e1stica espa\u00f1ola! Perdimos, eso s\u00ed, ciertos h\u00e1bitos basados en el efecto placebo, por ejemplo: \u00abeso lo vamos a cortar en una semana\u00bb, \u00abest\u00e1 fatal de los bronquios, menos mal que me vino\u00bb. Frases heroicas de una medicina que cultivaba cierto culto a la personalidad del m\u00e9dico, pero poco recomendables en el cibermundo.<br \/>\nNo obstante, al perder en efecto placebo gan\u00e1bamos en criterios basados en pruebas y, sobre todo, gan\u00e1bamos en explicar el mundo de otra manera. No s\u00f3lo por los contenidos de lo que explicamos (los antibi\u00f3ticos dejan de ser \u00abfuertes o d\u00e9biles\u00bb para tener \u00abresistencias\u00bb) sino por la manera en que lo hacemos: \u00abeso no lo s\u00e9\u00bb, \u00abeso tengo que mirarlo con mayor detenimiento\u00bb, \u00abtengo que pensar en su caso\u00bb, \u00abdebo pedir otras opiniones\u00bb, \u00abmirar\u00e9 estudios internacionales\u00bb, \u00abesa recomendaci\u00f3n se basa en un consenso de expertos\u00bb, \u00abdiscutimos su caso en sesi\u00f3n cl\u00ednica\u00bb, etc. Maravillosas frases que anuncian una nueva racionalidad emergente, una racionalidad que con los a\u00f1os vamos a contagiar a la poblaci\u00f3n. Puede ser nuestra m\u00e1s callada contribuci\u00f3n a la racionalidad del siglo XXI.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\">\u00abAl grito de &#8216;sin tetas no hay para\u00edso&#8217; millares de jovencitas a\u00fapan los valores en bolsa de la corporaci\u00f3n est\u00e9tica de turno.<br \/>\nTomasdo de JANO.es<br \/>\nHumanidades M\u00e9dicas<br \/>\nSeptiembre\/2008<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>F. Borrell i Carri\u00f3 M\u00e9dico de Familia. ICS. Profesor de la Facultat de Medicina. Departament Ci\u00e8ncies Cl\u00edniques, Campus de Bellvitge. Universitat de Barcelona. Los pol\u00edticos est\u00e1n asustados. Las demandas de salud parecen no tener fin. 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