{"id":48733,"date":"2021-02-26T11:46:24","date_gmt":"2021-02-26T16:16:24","guid":{"rendered":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=48733"},"modified":"2021-02-27T07:59:10","modified_gmt":"2021-02-27T12:29:10","slug":"la-genialidad-de-bethoven-lecciones-de-un-ilustre-para-la-vida","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/48733","title":{"rendered":"La genialidad de Bethoven. Lecciones de un ilustre para la vida"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2021\/02\/Ed466-firma2-image1.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-48734\" src=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2021\/02\/Ed466-firma2-image1.jpg\" alt=\"\" width=\"397\" height=\"576\" srcset=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Ed466-firma2-image1.jpg 397w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/02\/Ed466-firma2-image1-331x480.jpg 331w\" sizes=\"auto, (max-width: 397px) 100vw, 397px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Dr. Antonio David P\u00e9rez-Elizondo<\/strong><br \/>\nM\u00e9dico Dermatoonc\u00f3logo<br \/>\nInstituto Materno-Infantil del Estado de M\u00e9xico<br \/>\nProfesor Em\u00e9rito de la Facultad de Medicina del Universidad Aut\u00f3noma del Estado de M\u00e9xico<br \/>\nColegio Ibero-Latinoamericano de Dermatolog\u00eda<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>\u2026\u201dDurante estos \u00faltimos d\u00edas he apreciado que mi energ\u00eda f\u00edsica ha mejorado m\u00e1s que nunca y ha reforzado tambi\u00e9n mi energ\u00eda mental; estrangular\u00e9 al destino por la garganta que no me aplastar\u00e1 ni me doblegar\u00e1 por completo\u201d, escrib\u00eda el genio de Bonn a su querido amigo el Dr. Frank Wegeler en 1801 en alusi\u00f3n a la inexorable p\u00e9rdida progresiva de la audici\u00f3n. Casi siempre deprimido, melanc\u00f3lico y taciturno con alusivas ideaciones suicidas; en su ilustre carta el \u201cTestamento de Heilligenstadt\u201d expresa a Karl y Johann, dos de sus 6 hermanos \u201cNo voy a quitarme la vida porque mi apreciada misi\u00f3n en esta azarosa vida es otorgar al mundo la obra del que soy capaz de fantasear como compositor\u201d. Adem\u00e1s de aquejar dolorosos malestares digestivos que lo postraban en cama por semanas enteras, su personalidad antisocial, introvertida y misantr\u00f3pica lo inspir\u00f3 a crear excelsos quehaceres musicales de esplendor inigualable, una manifestaci\u00f3n art\u00edstica muy singular para la \u00e9poca e incluso disfrutados y reconocidos como magistrales hasta nuestros d\u00edas. Siempre aut\u00f3nomo, aut\u00e9ntico e independiente Ludwig van Beethoven estuvo muy por encima de su tiempo; la Heroica, su tercera sinfon\u00eda en mi bemol mayor quiz\u00e1s el nacimiento del romanticismo musical dedicada inicialmente a Napole\u00f3n Bonaparte, rompi\u00f3 las primera p\u00e1gina y la dedicaci\u00f3n personal con coraje desmesurado al enterarse de su nombramiento como emperador para el ilustrado un acontecimiento no esperado.<\/p>\n<p>Sin duda, su entusiasmo inquebrantable, grandiosidad y originalidad se sustentan en su car\u00e1cter tan fuerte como su legado. Un innovador innato en su arte que probablemente gracias a su abrumadora sordera es un vivo ejemplo de superaci\u00f3n que nos invita a comprender que su limitaci\u00f3n f\u00edsica no marca una deficiencia sino una verdadera diferencia.<\/p>\n<p>Es ahora que el mundo asfixiado y sofocante por su ego\u00edsmo abyecto e impertinente grita de manera ensordecedora la imperiosa necesidad de reabrir las ventanas para respirar aire fresco y renovado, aquel ya olvidado pero impulsado por aquellos h\u00e9roes indomables.<\/p>\n<p>\u00bfQUE SE APRENDE DE UN GENIO?<\/p>\n<p>El peque\u00f1o Ludwig huidizo hacia los bosques fr\u00edos, l\u00fagubres y obscuros alej\u00e1ndose de su padre alcoh\u00f3lico intolerante y represivo, de hecho su primer profesor de m\u00fasica; un muchacho inquieto y perseverante, tuvo la incre\u00edble peculiaridad del entusiasmo por el aprendizaje intenso y voraz que lo llev\u00f3 al instalarse en Viena, la capital de la innovaci\u00f3n del momento ya como tecladista consagrado pese su corta edad, lugar hist\u00f3rico donde conoci\u00f3 a su primer mentor, el gran Joseph Haydn. Sol\u00eda tocar en los lujosos salones de la nobleza austr\u00edaca como pianista virtuoso, ya con la implacable sordera acompa\u00f1ada por un molesto y perturbador zumbido, comenz\u00f3 a ganar fama y reconocimiento como compositor al publicar sus dos primeras sinfon\u00edas.<\/p>\n<p>Una primera ense\u00f1anza digna de mencionarse es la disciplina entusiasta e inagotable que invita al placer de ejecutar un oficio enriquecedor y productivo, pese a las pesadas vicisitudes vividas que de manera incuestionable implica horas de enjundiosa labor, practicando, corrigiendo, eliminando y a\u00f1adiendo hasta obtener la anhelada perfecci\u00f3n, y a\u00fan as\u00ed nunca se logra conseguir. Es destacable la humildad y prudencia para emprender la b\u00fasqueda de alguna ayuda tutelar de alguien con mayor experiencia y sabidur\u00eda que contribuya a. un conocimiento m\u00e1s detallado y profundo sin reposar en los laureles del \u00e9xito y popularidad ya alcanzados. Hablamos de la beneficiosa e incesante instrucci\u00f3n que jam\u00e1s culmina; bien podr\u00edamos considerar que alcanzamos bonanza y certidumbre del buen conocimiento de lo que hacemos pero siempre existe un resquicio por perfeccionar, alg\u00fan detalle siempre incitador a trabajar a\u00fan m\u00e1s para fortificar habilidades o modificar el rumbo en una direcci\u00f3n muy distinta. La tenacidad sin alguna duda inquebrantable de Ludwig van Beethoven queda citada diciendo \u201cNo estoy satisfecho con el esfuerzo que he realizado hasta ahora, en adelante, tengo la firme convicci\u00f3n de dirigir un nuevo camino para la eternidad\u201d, casi a la mitad de su desempe\u00f1o art\u00edstico; sin embargo estaba plenamente convencido de su capacidad de hacerlo a\u00fan mejor.<\/p>\n<p>Otra lecci\u00f3n por emular es trabajar con ah\u00ednco muchas veces perturbado pero esquivando los obst\u00e1culos que entorpecen los tortuosos senderos sin impedimento de nuestro ansioso caminar hacia el final del t\u00fanel donde se vislumbra la iluminaci\u00f3n. De seguro habr\u00e1 agotamiento, desesperanza y frustraci\u00f3n y quiz\u00e1s el intento de desistir o renunciar en definitiva el debido cumplimiento de la tarea encomendada por esta vida otorgada. Beethoven compuso muchas de sus obras completamente sordo, incluidas la bagatela Para Elisa, una corta y dulce pieza del romanticismo dedicada a su amiga, la soprano alemana Elizabeth R\u00f6ckel, as\u00ed como la sonata Claro de Luna para la n\u00fabil condesa Giuletta Guiciardi con la gustosa pero infructuosa pretensi\u00f3n de contraer nupcias. Del todo inimaginable y sorprendente es la capacidad de alguien con evidentes limitaciones f\u00edsicas y psicol\u00f3gicas que sin excusas culposas haya encontrado las diferentes maneras de superar cualquier desaf\u00edo. Es de inter\u00e9s comentar que el estudioso audaz y obstinando no requer\u00eda de todos los sonidos para conducir e idear sus creaciones, era tal su talento que bien dominaba cualquier entresijo del piano utilizando una varilla apretujada entre sus dientes cuando la apoyaba sobre la caja resonante del instrumento cuyas ondas sonoras le transmit\u00edan la vibraciones de la tonalidad musical inform\u00e1ndole cada nota por m\u00e1s sutil que fuera, algo muy alejado de lo com\u00fan, simplemente un privilegio de aquel portentoso.<\/p>\n<p>Bien debemos conocer que el camino hacia el reconocimiento y prosperidad tiene un entretejido una serie de altibajos muy complejos y fluctuantes, en lugar de postergar una demora innecesaria o rendirse, es importante esperar y replantear el objetivo siempre tratando de enderezar los defectos o tropiezos inusitados. Sus conflictos personales y familiares, entre su progresiva discapacidad, la crianza de un sobrino a la deriva y la guerra dificultaban llegar holgadamente hacia el final de mes. No hubo espacio alguno para la derrota o desilusi\u00f3n, as\u00ed que con escrupulosa cautela y esmerada atenci\u00f3n, Beethoven evolucion\u00f3 su reconocido estilo y conocida trayectoria musical en una divergencia inusitada ayudado por sus mentores y protectores que lo financiaban en su proyecto profesional.<\/p>\n<p>En el caso del precursor del romanticismo cl\u00e1sico educ\u00f3 a muchos alumnos particularmente a los hijos de la nobleza para complementar sus ingresos econ\u00f3micos, adem\u00e1s de otorgarle una gratificaci\u00f3n rejuvenecedora les permiti\u00f3 mejorar sus emp\u00edricas interpretaciones en el piano y viol\u00edn. Uno de sus disc\u00edpulos m\u00e1s destacados, Carl Czerny, estren\u00f3 casi una d\u00e9cada despu\u00e9s el quinto concierto de su memorable profesor, rememor\u00e1ndolo con creces amortizadas su valioso aprendizaje.<\/p>\n<p>Beethoven capitaliz\u00f3 sus \u00e9xitos; tom\u00f3 decisiones que no rindieron los frutos esperados de inmediato, como es de considerar aparecer\u00e1n detractores para aquel que hace algo inusual, pero para ser extraordinario y \u00fanico implica hacer algo que por supuesto otros no lo realizar\u00edan. A pesar de ser un simple plebeyo y por obviedad rechazado por carecer la nobleza de sangre, Beethoven exigi\u00f3 el respeto, si percib\u00eda una audiencia distra\u00edda y desinteresada solo dejaba de tocar porque el era el motivo central de atenci\u00f3n, al fin una celebridad, siempre elev\u00e1ndose a las circunstancias probablemente desconocidas como adversas por su genialidad.<\/p>\n<p>Un privilegiado que alcanza la universalidad sabe el justo momento de transitar al pleno desarrollo y madurez personal innovando su c\u00f3moda perspectiva y proyecto de vida. El compositor inmensurable sab\u00eda que el p\u00fablico que lo admiraba respond\u00eda a las emociones que pretend\u00eda enaltecer y casi siempre lo lograba, estas constantemente cambian, los hechos concretos constituyen una banal mercanc\u00eda.<\/p>\n<p>La mejor forma de lograr el \u00e9xito es generar muchos resultados; todos enfrentamos obst\u00e1culos en muchos instantes de nuestro existir, en lugar de cerrar el camino por andar habr\u00e1 que reconocer y superar los benditos desaf\u00edos. El consagrado Ludwig van Beethoven inicia su Sinfon\u00eda no. 5 con una introducci\u00f3n atronadora y simbrante que despert\u00f3 a su p\u00fablico invitando a ser escuchado y sembrando el inter\u00e9s de lo que se pretende comunicar.<\/p>\n<p>Finalmente entre los a\u00f1os 1814 y 1824 compuso su obra monumental, la Novena Sinfon\u00eda en re menor opus 125 ante la estremecedora ovaci\u00f3n de una espectadora y motivada ovaci\u00f3n de la audiencia en el Teatro K\u00e4rtnertor, dando la espalda al respetable, hoy ignor\u00e1ndose si la contralto Caroline Unger o el solista Jacob Hochbrucker, le hicieron voltear para recibir el merecido homenaje de alcance mundial regocijado hasta hoy, escuchado la perfecci\u00f3n personificada en el ayer y para siempre.<\/p>\n<p>En esta pesadumbre que vivimos en la actualidad, tenemos mucha tarea por aprender\u2026<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es ahora que el mundo asfixiado y sofocante por su ego\u00edsmo abyecto e impertinente grita de manera ensordecedora la imperiosa necesidad de reabrir las ventanas para respirar aire fresco y renovado, aquel ya olvidado pero impulsado por aquellos h\u00e9roes indomables<\/p>\n","protected":false},"author":107,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[50],"tags":[],"class_list":["post-48733","post","type-post","status-publish","format-standard","","category-de-mi-experiencia"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48733","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/107"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=48733"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/48733\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=48733"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=48733"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=48733"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}