{"id":53386,"date":"2026-05-06T07:16:37","date_gmt":"2026-05-06T11:16:37","guid":{"rendered":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=53386"},"modified":"2026-05-06T10:51:53","modified_gmt":"2026-05-06T14:51:53","slug":"leer-la-piel","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/53386","title":{"rendered":"LEER LA PIEL"},"content":{"rendered":"<figure id=\"attachment_53387\" aria-describedby=\"caption-attachment-53387\" style=\"width: 618px\" class=\"wp-caption aligncenter\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"size-large wp-image-53387\" src=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2026\/05\/the-sick-child-v1-1886-1010x1024.jpg\" alt=\"\" width=\"618\" height=\"627\" srcset=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/the-sick-child-v1-1886-1010x1024.jpg 1010w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/the-sick-child-v1-1886-390x396.jpg 390w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/the-sick-child-v1-1886-768x779.jpg 768w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/05\/the-sick-child-v1-1886.jpg 1200w\" sizes=\"auto, (max-width: 618px) 100vw, 618px\" \/><figcaption id=\"caption-attachment-53387\" class=\"wp-caption-text\">Edvard Munch, The Sick Child, 1885\u20131886.<\/figcaption><\/figure>\n<p>Le relaci\u00f3n entre la medicina y la literatura es duradera, amplia y profunda. Tanto que podr\u00edamos decir que <strong>todos los m\u00e9dicos podr\u00edamos ser escritores en potencia<\/strong>, lo que es particularmente cierto en quienes por razones propias de nuestra especialidad cultivamos la descripci\u00f3n como un camino seguro para llegar al diagn\u00f3stico.<\/p>\n<p>Simplificando quiz\u00e1 excesivamente, diremos que existen dos categor\u00edas en las que se expresa la relaci\u00f3n entre la medicina y la literatura: obras de la literatura universal escritas por m\u00e9dicos y obras de la literatura universal que, no habiendo sido escritas por m\u00e9dicos, tratan de temas relacionados con la medicina.<\/p>\n<p>En la primera categor\u00eda la n\u00f3mina es numerosa y, con frecuencia muy distinguida. Desde Hip\u00f3crates hasta Ezzideen Shehab, m\u00e9dico gazat\u00ed que acaba de publicar sus experiencias atendiendo a las v\u00edctimas de los ataques israel\u00edes en su tierra natal (<em>Diario de un joven m\u00e9dico. Notas sobre el genocidio en Gaza<\/em>. Sexi Barral, 2026), los m\u00e9dicos escritores forman una legi\u00f3n que <strong>han dado lustre a la profesi\u00f3n<\/strong> y no pocas veces se han codeado con los mejores escritores de su \u00e9poca o de otras.<\/p>\n<p><strong>La piel sana y enferma ha sido, es y ser\u00e1 objeto de tratamiento literario por m\u00faltiples razones. La m\u00e1s evidente es su exposici\u00f3n a todas las miradas.<\/strong> Sin embargo, no todos la ven de la misma manera. Quienes ejercen la dermatolog\u00eda tienen un especial inter\u00e9s en ella que, por ser un enfoque especializado, es necesariamente una visi\u00f3n parcial cuyo reduccionismo s\u00f3lo puede conjurarse si el m\u00e9dico ha bebido lo suficiente (nunca es suficiente) de las aguas frescas y abundantes de la literatura y otras disciplinas human\u00edsticas.<\/p>\n<p><strong>Imposible agotar el tema<\/strong>. Fieles seguidores de Baltasar Graci\u00e1n (\u201cLo bueno, si breve, dos veces bueno. Y lo malo, si breve, no tan malo\u201d), escogeremos un par de ejemplos relacionados con Rusia, patria de Ant\u00f3n Ch\u00e9jov, el m\u00e9dico-escritor por autonomasia, que nos permitan ilustrar la relaci\u00f3n entre la dermatolog\u00eda y la literatura e intentar demostrar que sin esta, el dermat\u00f3logo, por erudito que sea en su ramo y por m\u00e1s enterado que est\u00e9 de las \u00faltimas novedades diagn\u00f3sticas y terap\u00e9uticas de la dermatolog\u00eda, carecer\u00e1 de una verdadera visi\u00f3n de conjunto y ser\u00e1 incapaz de ver lo que la literatura le puede develar en unas cuantas palabras.<\/p>\n<p>Tomemos primero la hermosa y breve novela <em>Diario de un joven m\u00e9dico<\/em> (Alianza editorial, 2019), del m\u00e9dico y escritor ruso Mijail Bulg\u00e1kov (1891-1940). El protagonista es un m\u00e9dico reci\u00e9n graduado que en septiembre de 1917 es destinado a una peque\u00f1a aldea. Su encuentro con la s\u00edfilis es el tema del capitulo titulado <em>La erupci\u00f3n estrellada<\/em>:<\/p>\n<p>\u00abEra ella. Me lo suger\u00eda el instinto. No pod\u00eda contar con mi experiencia. Yo, un m\u00e9dico que hab\u00eda terminado la universidad hac\u00eda apenas seis meses, no la ten\u00eda.<\/p>\n<p>Tuve miedo de tocar el hombro desnudo y c\u00e1lido de aquel hombre (aunque no hab\u00eda nada que temer) y entonces le orden\u00e9:<\/p>\n<p><em>\u2013\u00a1A ver, ac\u00e9rquese a la luz!<\/em><\/p>\n<p>El hombre se volvi\u00f3 como yo deseaba, y la luz de la l\u00e1mpara de petr\u00f3leo inund\u00f3 su piel amarillenta. Sobre el prominente pecho y en ambos costados, a trav\u00e9s del color amarillento, se pod\u00eda ver una erupci\u00f3n blancuzca. \u201cComo estrellas en el cielo\u201d, pens\u00e9, y con un ligero fr\u00edo en el coraz\u00f3n me inclin\u00e9 hacia su pecho. Luego apart\u00e9 la mirada y la levant\u00e9 hacia su rostro [\u2026]\n<p>\u201cEs ella, la s\u00edfilis\u201d, me dije mentalmente y con severidad por segunda vez. Era la primera vez en mi vida profesional que yo \u2013un m\u00e9dico que a principios de la revoluci\u00f3n hab\u00eda sido arrojado directamente del pupitre universitario a un remoto lugar en el campo\u2013 me encontraba con ella.<\/p>\n<p>Me top\u00e9 con la sifilis por casualidad [\u2026]\n<p>La ronquera, el siniestro color rojo de la garganta con las extra\u00f1as manchas blancas, el pecho marm\u00f3reo, y lo adivin\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p>Ahora el segundo ejemplo. Su autor no es ni ruso ni m\u00e9dico, sino un escritor espa\u00f1ol. Se trata de Sergio del Molino, que\u00a0 ha escrito, entre otras celebradas obras, <em>La piel<\/em> (Alfaguara, 2020). Ya su t\u00edtulo despierta de inmediato mi inter\u00e9s, aumentado por la imagen de la portada, un extraordinario acercamiento del <em>Autorretrato<\/em> del pintor Joseph Wright of Derby (1734-1797) del que, \u00a1oh casulidad de la que me acabo de percatar!, ya hab\u00eda tenido la oportunidad de admirar una obra en la National Gallery de Londres: <em>Experimento con un p\u00e1jaro en una bomba de aire<\/em>, sobre la que despu\u00e9s escrib\u00ed algunas reflexiones.<\/p>\n<p>Volvamos a Sergio del Molino porque en <em>La piel<\/em> nos revela que padece psoriasis y en esta novela, adem\u00e1s de hablar sobre s\u00ed mismo y su enfermedad, lo hace sobre algunos personajes famosos que tambi\u00e9n la padecieron: Stalin, el narcotraficante Pablo Escobar, los escritores John Updike y Vladimir Nabokov, la cantante Cindy Lauper y otros m\u00e1s. Ech\u00e9mosle un vistazo a Stalin:<\/p>\n<p>\u00ab\u00c9rase una vez un se\u00f1or con bigote que gobernaba desde las llanuras de Europa hasta el mar de Jap\u00f3n, y desde el polo norte hasta los desiertos de Persia [\u2026] El se\u00f1or del bigote se hac\u00eda llamar Stalin, es decir, el Hombre de Acero. Para sus amigos bolcheviques era el <em>Vozhd<\/em>, el gu\u00eda [\u2026]\n<p>En Siberia, en los a\u00f1os en que los que jueces zaristas lo tuvieron condenado, se le congel\u00f3 un brazo, y desde entonces sufr\u00eda dolores reum\u00e1ticos atroces. Tambi\u00e9n le hab\u00edan diagnosticado una amigdalitis cr\u00f3nica y una afecci\u00f3n dermatol\u00f3gica sin cura (la psoriasis, claro). Cu\u00e1l de estos males se deb\u00eda a la guerra revolucionaria y cu\u00e1l era un castigo de la gen\u00e9tica resultaba imposible de dilucidar para la ciencia m\u00e9dica de la \u00e9poca. Lo terrible era la impotencia: Stalin pod\u00eda cambiar el mundo, pero no pod\u00eda dejar de rascarse. Para qu\u00e9 sirve ser todopoderoso y temido desde las llanuras de Europa hasta el mar de Jap\u00f3n y desde el polo norte hasta los desiertos de Persia si cada noche los huesos duelen y la piel escuece [\u2026]\n<p><em>Artiom, hijo, deja lo que est\u00e9s haciendo y ven a ba\u00f1arte con tu viejo.<\/em><\/p>\n<p>Al otro lado de la cerca, el <em>Vozhd <\/em>se quitaba la camisa holgada y los pantalones claros de verano para mostrarse desnudo de la coronilla a los pies. No ha quedado testimonio de lo que ve\u00eda Artiom: qu\u00e9 llevaba su padre adoptivo impreso en la epidermis. El cuerpo de nuestros padres es ruido y paisaje familiar. Ni siquiera lo vemos. Nada hay en sus arrugas, durezas y gorduras que nos pueda sorprender o intrigar. Para Artiom, Stalin en la piscina no era un secreto de Estado sovi\u00e9tico expuesto a sus ojos\u00bb.<\/p>\n<p>Lo anterior no es sino una min\u00fascula muestra de los temas dermatol\u00f3gicos que podemos encontrar en la literatura universal. Y es una invitaci\u00f3n para disfrutar de un buen libro sin alejarnos de nuestros intereses, tanto m\u00e9dicos como humanos.<\/p>\n<p><strong>Dr. Luis Mu\u00f1oz Fernandez<br \/>\n<\/strong><strong>Co-Editor Piel Latinoamericana <\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><b>La piel sana y enferma ha sido, es y ser\u00e1 objeto de tratamiento literario por m\u00faltiples razones. La m\u00e1s evidente es su exposici\u00f3n a todas las miradas<\/b>. Sin embargo, no todos la ven de la misma manera. Quienes ejercen la dermatolog\u00eda tienen un especial inter\u00e9s en ella que, por ser un enfoque especializado, es necesariamente una visi\u00f3n parcial cuyo reduccionismo s\u00f3lo puede conjurarse si el m\u00e9dico ha bebido lo suficiente (nunca es suficiente) de las aguas frescas y abundantes de la literatura y otras disciplinas human\u00edsticas.<\/p>\n","protected":false},"author":132,"featured_media":53387,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[15],"tags":[],"class_list":["post-53386","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","","category-editorial"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53386","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/132"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=53386"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/53386\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media\/53387"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=53386"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=53386"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=53386"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}