{"id":53439,"date":"2026-07-06T01:02:41","date_gmt":"2026-07-06T05:02:41","guid":{"rendered":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=53439"},"modified":"2026-07-06T01:02:41","modified_gmt":"2026-07-06T05:02:41","slug":"las-miserias-y-las-virtudes-de-una-sociedad-afloran-tras-un-terremoto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/53439","title":{"rendered":"Las miserias y las virtudes de una sociedad afloran tras un terremoto"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter wp-image-53440 size-full\" src=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2026\/07\/guaira-terremoto-2026.jpg\" alt=\"\" width=\"568\" height=\"380\" srcset=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/guaira-terremoto-2026.jpg 568w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/guaira-terremoto-2026-390x261.jpg 390w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2026\/07\/guaira-terremoto-2026-110x75.jpg 110w\" sizes=\"auto, (max-width: 568px) 100vw, 568px\" \/><\/p>\n<p>El pasado mi\u00e9rcoles 24 de junio, d\u00eda feriado en Venezuela por la conmemoraci\u00f3n de la Batalla de Carabobo que marc\u00f3 el desenlace de la Guerra de Independencia de Venezuela, y Dia de San Juan Bautista, festivo en casi todo el mundo. Buena parte de la poblaci\u00f3n venezolana se encontraba descansando en sus hogares o disfrutando de un d\u00eda de playa. A las 6:04 de la tarde, el noroeste del pa\u00eds comenz\u00f3 a temblar violentamente con un ruido ensordecedor y terror\u00edfico desconocido para casi todos, pero que impel\u00eda a correr. Era el primer terremoto que\u00a0\u00a0 treinta y nueve segundos despu\u00e9s, dio paso al segundo se\u00edsmo que intensific\u00f3 al primero, agravando sus efectos y multiplicando la devastaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Quienes nos encontr\u00e1bamos al aire libre, en el sureste de Caracas, no fuimos testigos inmediatos de la tragedia humana que se viv\u00eda en el norte de la capital y en otras regiones del pa\u00eds, especialmente en el Estado La Guaira. Los minutos y las horas parec\u00edan interminables. La informaci\u00f3n que llegaba a trav\u00e9s de los medios de comunicaci\u00f3n y de los organismos competentes era escasa e insuficiente. Sin embargo, poco a poco comenz\u00f3 a hacerse evidente la magnitud del desastre y comprendimos que el pa\u00eds enfrentaba una cat\u00e1strofe de enormes proporciones.<\/p>\n<p>Al amanecer del d\u00eda siguiente ocurri\u00f3 algo que, en medio del dolor, renov\u00f3 la esperanza. De manera espont\u00e1nea, miles de ciudadanos salieron a rescatar a quienes permanec\u00edan atrapados bajo los escombros y a socorrer a los sobrevivientes, muchos de ellos desamparados f\u00edsica, psicol\u00f3gica y socialmente. La solidaridad lleg\u00f3 desde todos los rincones del pa\u00eds y tambi\u00e9n desde el exterior, tanto de personas de forma individual como de organizaciones y grupos de voluntarios.<\/p>\n<p>La respuesta ciudadana se convirti\u00f3 en un poderoso catalizador social. La tragedia rompi\u00f3 la rutina y dej\u00f3 al descubierto tanto las fortalezas como las profundas desigualdades de nuestra sociedad. En las horas m\u00e1s dif\u00edciles aflor\u00f3 lo mejor del ser humano, pero tambi\u00e9n aparecieron conductas que reflejaron debilidades. Manos desnudas que separaban piedras de lo que hab\u00eda sido su hogar, desesperaci\u00f3n ante tanto horror y falta de respuesta inmediata gubernamental que reflejaba falta de previsi\u00f3n ante los cataclismos y ning\u00fan plan de acci\u00f3n de las \u201cfuerzas del orden\u201d.<\/p>\n<p>Fuimos testigos de c\u00f3mo se activaron las redes de apoyo para rescatar personas atrapadas, compartir alimentos, ofrecer refugio y brindar asistencia a quienes lo hab\u00edan perdido todo. Equipos de rescate organizados con premura trabajaron incansablemente, mientras la ayuda humanitaria y las donaciones comenzaron a llegar desde distintas regiones y pa\u00edses. La resiliencia comunitaria qued\u00f3 de manifiesto en la capacidad de miles de personas para unirse con un mismo prop\u00f3sito: salvar vidas, aliviar el sufrimiento para dar paso a la dif\u00edcil reconstrucci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, junto a esos ejemplos de solidaridad tambi\u00e9n surgieron expresiones de miseria humana. Hubo saqueos, actos de pillaje, intentos de aprovechar el caos, fallas institucionales y una preocupante tendencia a trasladar la polarizaci\u00f3n pol\u00edtica a un momento que exig\u00eda unidad y cooperaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Los desastres naturales tienen la capacidad de desnudar a las sociedades. Sacan a la luz tanto sus virtudes como sus carencias. Revelan el valor de la solidaridad, la generosidad y el compromiso ciudadano, pero tambi\u00e9n evidencian la fragilidad de las instituciones, las desigualdades acumuladas y el ego\u00edsmo de quienes intentan beneficiarse del sufrimiento ajeno.<\/p>\n<p>Hoy, m\u00e1s que nunca, este debe ser un momento para dejar de lado las diferencias pol\u00edticas, ideol\u00f3gicas o personales y concentrar todos los esfuerzos en un objetivo com\u00fan: proteger la vida, aliviar el dolor de las v\u00edctimas y reconstruir el tejido social. La historia demuestra que las naciones superan las grandes tragedias cuando sus ciudadanos son capaces de unirse por encima de sus diferencias.<\/p>\n<p>27 a\u00f1os de la tragedia que asol\u00f3 al Estado Vargas, hoy Estado La Guaira, no sirvieron para aleccionar a los que compete la protecci\u00f3n de los ciudadanos venezolanos y permitieron que estaciones sismol\u00f3gicas fueran reducidas de 300 a 10, y de paso inoperantes, pudieran impulsar acciones para enfrentar fen\u00f3menos naturales de manera oportuna. Todo un desaf\u00edo para gobernantes y gobernados.<\/p>\n<p>Gracias a los gobiernos que desplegaron sus fuerzas especiales en ayuda a Venezuela, gracias a los mensajes de solidaridad recibidos y gracias a Dios por darnos fuerzas para seguir adelante.<\/p>\n<p><strong>Jaime Piquero Mart\u00edn<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los desastres naturales tienen la capacidad de desnudar a las sociedades. 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