{"id":5352,"date":"2008-12-12T20:27:47","date_gmt":"2008-12-13T00:27:47","guid":{"rendered":"http:\/\/piel-l.org\/blog\/?p=5352"},"modified":"2008-12-12T20:27:47","modified_gmt":"2008-12-13T00:27:47","slug":"un-punto-de-vista-personal-sobre-a-bernard-ackerman-con-motivo-de-su-deceso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/piel-l.org\/blog\/5352","title":{"rendered":"Un Punto De Vista Personal Sobre A. Bernard Ackerman Con Motivo De Su Deceso"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: center;\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" height=\"220\" width=\"190\" class=\"alignnone size-full wp-image-5470\" title=\"ack1\" alt=\"\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2008\/12\/ack1.jpg\" \/><br \/>\n<em><span style=\"color: rgb(153, 153, 153);\">Dr. A. Bernard Ackerman, in 2006 in New York, at the Ackerman Academy of Dermatopathology, where he was director. <br \/>\nRichard Perry\/The New York Times<\/span><\/em><br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>Aldo Gonz\u00e1lez-Serva<br \/>\nBoston, Massachusetts, USA<br \/>\nDiciembre 10, 2008<\/strong><\/em><\/p>\n<p>El pasado viernes 5 de Diciembre de 2008 mi buen amigo, Seth Orlow, jefe del servicio de dermatolog\u00eda de la Universidad de Nueva York, me envi\u00f3 un correo-e impactante. La noticia interrumpi\u00f3 mi cena cubana en un restaurante en el medio de una fr\u00eda noche de Boston. El mensaje avisaba de la muerte inesperada, ese mismo d\u00eda en su apartamento y por masivo ataque card\u00edaco, de nuestro com\u00fan amigo Bernard Ackerman.<\/p>\n<p><!--more--><\/p>\n<p>Entre pernil y congr\u00ed, le escrib\u00ed a Seth de vuelta, apurado, acongojado. Le dije que hab\u00eda muerto un gigante, pero no el &ldquo;gigante blando y fofo&rdquo; de los cuentos de hadas (&lsquo;gentle giant&rsquo; de la estereotipia cuent\u00edstica norteamericana), sino un gigante de pasos firmes y rotundos, pasos capaces no solo de hacer avanzar la dermatopatolog\u00eda en grandes zancadas, sino tambi\u00e9n de desencajar semblanzas y de pisar callos de gentes con conceptos atravesados u opuestos a la nueva visi\u00f3n que \u00e9l propon\u00eda. Tambi\u00e9n le record\u00e9 a Seth que mi emigraci\u00f3n a los Estados Unidos se deb\u00eda a la contrataci\u00f3n que Bernie me ofreci\u00f3 en 1983 para ser su asociado en New York University a partir de Mayo de 1984. <\/p>\n<p>Y es que Bernie, como afectuosamente le conoc\u00edamos, no naci\u00f3 para ser grande y silente como las estatuas consagradas, sino ser un ca\u00f1\u00f3n de bronce moviente que disparase, cual bolas ardientes, obras buenas de su cosecha personal o de su escuela, as\u00ed como apasionados apoyos o devastadores contraargumentos a las ideas que lo rodearon. <\/p>\n<p>No solo Bernie fue un l\u00edder de conceptos brillantes y \u00fatiles sino que ha sido, en mis ojos, uno de los virtuosos del microscopio. Si hubiese sido m\u00fasico, no habr\u00eda sido solo Teresa Carre\u00f1o, excepcional pianista nuestra del siglo XIX, sino tambi\u00e9n Aldemaro Romero, compositor original de nuestros d\u00edas, y hasta Gustavo Dudamel, conductor apasionado de orquestas que sacan mejor m\u00fasica que la de sus orquestantes tocando solos. <\/p>\n<p>Verlo sentado al microscopio era un espect\u00e1culo singular. En los ojos de Bernie, las enfermedades soltaban sus velos y se hac\u00edan diagnosticables en su vast\u00edsima mayor\u00eda. Los grupos de enfermedades se visualizaban como entes sociales cuyas identidades se defin\u00edan algor\u00edtmicamente. Los avances nosogr\u00e1ficos encontraban eco en im\u00e1genes que hasta el momento hab\u00edan sido hu\u00e9rfanas de nombre o de definici\u00f3n.<\/p>\n<hr \/>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" height=\"512\" width=\"384\" class=\"alignnone size-full wp-image-5469\" title=\"ack2\" alt=\"\" src=\"http:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/\/2008\/12\/ack2.jpg\" srcset=\"https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/ack2.jpg 384w, https:\/\/piel-l.org\/blog\/wp-content\/uploads\/2008\/12\/ack2-225x300.jpg 225w\" sizes=\"auto, (max-width: 384px) 100vw, 384px\" \/><br \/>\n<span style=\"color: rgb(153, 153, 153);\"><em>Bernard Ackerman abraza a mi alumna, Dr. Liliana Mu\u00f1oz Garc\u00eda, de Cali, Colombia. Otros visitantes conforman el grupo.<br \/>\nNueva York, Nov. 18, 2004<\/em><\/span><br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<p>Cuando yo llegue en 1984 a su mesa de trabajo en la oficina 7J de la primera avenida de la Gran Manzana, no imaginaba yo que la eficiencia en el diagn\u00f3stico no ten\u00eda que ver con la cantidad de tiempo que se le dedicase al estudio de una l\u00e1mina histol\u00f3gica sino con la lucidez del ojo y la existencia de un cat\u00e1logo mental indexante que permitiese darle nombre, sin mucho esperar, a un sentimiento o intuici\u00f3n diagn\u00f3stica. En esa l\u00ednea, un gran diagn\u00f3stico pod\u00eda hacerse en segundos y uno malo pod\u00eda tomar muchos d\u00edas y muchas lecturas de textos mal concebidos o pobremente digeridos. <\/p>\n<p>Esa combinaci\u00f3n de rapidez y certeza fue una invenci\u00f3n ackermaniana, claramente adaptada a las exigencias de una gran cantidad de referencias y consultas que ya entonces recib\u00eda en su laboratorio de Nueva York. Y es que esa ciudad no solo tiene maratones para trotadores de largo alcance sino que hace un ganador seguro de la meta hasta a un simple atleta. Si la voluntad existe en convertir esa meta de uno o dos kil\u00f3metros de trote pac\u00edfico en el pasado en una meta m\u00e1s desafiante, esa transformaci\u00f3n de peque\u00f1o a gran atleta ocurre en un marat\u00f3n de 26 millas de furioso batir de pies en la gran metr\u00f3polis. Eso mismo es lo que ocurr\u00eda a dermat\u00f3logos y pat\u00f3logos de toda pinta que se presentaban en el laboratorio neoyorquino de Ackerman: pasaban de buenos microscopistas a excelentes diagnosticadores y hasta en m\u00e1s fluidos pensadores originales, aparte de ser capaces de ver diez veces m\u00e1s casos por d\u00eda que lo que alguna vez pudieron. <\/p>\n<p>Si solo fuesen acrobacias las maromas sorprendentes de Bernie frente al ocular, yo las hubiese aplaudido pero quiz\u00e1s hubiese persistido en mis m\u00e9todos de diagn\u00f3stico lento de un peque\u00f1o monto de especimenes porque la tradici\u00f3n as\u00ed lo dictaba. Pero es que Bernie, un vertiginoso y contagiante maestro en el arte de torear al microscopio, engull\u00eda a sus co-microscopistas, incluido yo, en la vor\u00e1gine de la excelencia diagn\u00f3stica r\u00e1pida. No hab\u00eda modo de ser el mismo microscopista que se era antes de sentarse con Ackerman en los excitantes d\u00edas de su c\u00e1tedra en la Universidad de Nueva York. <\/p>\n<p>Siempre he dicho que el m\u00e9todo de Ackerman para ense\u00f1ar se parec\u00eda al acto de brincar en un tiovivo que no se detiene a esperar que uno se monte. Si girase muy r\u00e1pido para subirse con facilidad a su paltaforma, ya el postulante tendr\u00eda que empezar a correr tras el diagn\u00f3stico, que es el tiovivo, muchas veces arriado por el entusiasmo del maestro. En pocos d\u00edas o semanas, de acuerdo al bagaje histopatol\u00f3gico que se tra\u00eda, la subida al volante artefacto se hac\u00eda f\u00e1cil, al alcanzar cada individuo la velocidad de un tiovivo que nunca se detuvo y al ecualizar el giro del aparato con la velocidad de los propios ojos. No se aceptaban marchantes que exigiesen que el tiovivo se detuviese por ellos. Hab\u00eda que correr y encaramarse por el m\u00e9rito propio de las &lsquo;piernas&rsquo; del ojo y del cerebro. Si el tiovivo, en vez de gentiles caballos de madera multicolor, fuese un carrusel giratorio (o rueda de parque infantil) m\u00e1s espartano pero m\u00e1s veloz, el desaf\u00edo era mayor y los logros intelectuales m\u00e1s altos, a medida que la velocidad de observaci\u00f3n y de raciocinio aumentaba con los d\u00edas y con los desaf\u00edos. <\/p>\n<p>Despu\u00e9s de un tiempo con Ackerman, ocurr\u00eda un Pentecost\u00e9s personal, con lengua de fuego y todo sobre la cabeza del pat\u00f3logo o dermat\u00f3logo novicio y tambi\u00e9n del avanzado. Desde ese momento se ve\u00eda con claridad lo que a menudo era oscuro en el pasado y se comenzaba a hablar en lenguajes desconocidos, como de nuevo evangelizador en tierras ignotas, pero m\u00e1s acordes con la s\u00edntesis cl\u00ednico-patol\u00f3gica de la escuela ackermaniana o de la propia escuela personal modificada, si as\u00ed se desease. <\/p>\n<p>No quiere esto decir que todo lo que sal\u00eda de la boca de Bernie o de sus estudiantes fuese la verdad incuestionable pero a lo menos alg\u00fan juicio sal\u00eda de sus bocas y ello se articulaba en una hip\u00f3tesis diagn\u00f3stica que en su vida anterior como histopat\u00f3logo tradicional era dif\u00edcil para muchos de verter al mundo con valent\u00eda. <\/p>\n<p>Esta sensaci\u00f3n de empoderamiento es lo que hac\u00eda de la peregrinaci\u00f3n a Nueva York de cientos de estudiantes tan especial y casi tan c\u00faltica como lo era. No hay duda que ese Eros pedag\u00f3gico fue un atractivo factor del \u00e9xito docente de Albert Bernard Ackerman (a quien poco le gustaba lo de Albert). <\/p>\n<p>Pero aparte de empoderamiento que confer\u00eda su due\u00f1o, la reputaci\u00f3n del maestro arranca de la entrega de su libro &ldquo;Diagn\u00f3stico Histol\u00f3gico de la Enfermedades Inflamatorias de la Piel&rdquo;. Este fue un verdadero recurso nuevo de car\u00e1cter revolucionario. Creado sobre los hombros de otros gigantes (Wallace H. Clark y Hermann Pinkus, entre otros) pero todav\u00eda confeccionado como obra original por la mente de Bernie, el texto fue una revelaci\u00f3n para los estudiosos de la histopatolog\u00eda de la piel. Aun recuerdo cuando en alguno de mis viajes anuales a Nueva York en 1979-80 encontr\u00e9 ese libro entre muchos otros libros m\u00e9dicos en los estantes de la recordada librer\u00eda Barnes &amp; Noble de la Quinta Avenida. Impresionaba. Te hac\u00eda comprarlo y quererlo. Su cualidad de joya m\u00e9dica y editorial era evidente, sin necesidad de explicaci\u00f3n, propaganda o publicidad. Su utilidad se reconoc\u00eda pocos d\u00edas despu\u00e9s cuando serv\u00eda de mapa de ruta a su poseedor cada vez que se enfrentaba a un caso previamente irresoluble. <\/p>\n<p>Hasta que Bernie escribi\u00f3 esta obra (uno de sus 60 libros), los libros de dermatopatolog\u00eda eran como los viejos libros de anatom\u00eda descriptiva: gigantescos tratados de huesos, m\u00fasculos y v\u00edsceras desperdigados que no invitaban a su lectura. Cuando Bernie suelta su joya, ella era m\u00e1s parecida a los pocos libros de anatom\u00eda topogr\u00e1fica &ndash;la anatom\u00eda viva, aun la de los muertos- que se contrapone pero al final complementa a la anatom\u00eda descriptiva y en donde m\u00e1s bien se funden y entrelazan las v\u00edsceras, los huesos y las carnes en un pedazo real de un ser humano y no permanecen como part\u00edculas dispersas de un cad\u00e1ver de menor inter\u00e9s. <\/p>\n<p>Si bien la &lsquo;topograf\u00eda&rsquo; que Bernie mostraba en su m\u00e9todo no era de regiones corporales propiamente dichas, si lo era de regiones diagn\u00f3sticas definidas. Era la cristalizaci\u00f3n de un m\u00e9todo orientado en el s\u00edndrome visual, en el desbrozo de lo accesorio y la consolidaci\u00f3n de lo esencial de una imagen histol\u00f3gica sobre la base de patrones reconocibles de caso en caso. Las caracter\u00edsticas cruciales y comunes constituyeron entonces los nodos sobre los cuales los conceptos visuales y hasta nosol\u00f3gicos se encontraban o se desencontraban. <\/p>\n<p>Este reconocimiento al patr\u00f3n o molde de las estructuras tisulares como aparecen al microscopio abri\u00f3 las puertas al diagn\u00f3stico sofisticado por parte de galeotes previamente esclavizados, no a los remos de un trirreme griego, sino a la frustraci\u00f3n que tra\u00eda la insolubilidad de los signos microsc\u00f3picos encontrados en muchas biopsias dif\u00edciles. Al tener cerca el libro de Bernie, en cambio, los signos comenzaban a encontrarse entre si y a interactuar l\u00f3gicamente, comenzando a cantar felizmente el nombre de una enfermedad espec\u00edfica. <\/p>\n<p>Si bien es cierto que el nombre de una enfermedad no es la verdad absoluta en medicina, ese nombre es la convenci\u00f3n que necesitamos para seguir adelante con m\u00e1s ex\u00e1menes para diagn\u00f3stico m\u00e1s fino y, sobre todo, para instituir la terapia que el paciente necesita para ser curado o paliado. De hecho, yo he definido el oficio de pat\u00f3logo como el del indizador de los signos, el acumulo de los cuales produce diagn\u00f3sticos histol\u00f3gicos o cl\u00ednico-patol\u00f3gicos. <\/p>\n<p>Esta alacridad va en contra del dictum de Wallace H. Clark -mi magn\u00edfico amigo y maestro ya fenecido y poseedor tambi\u00e9n de virtudes no menos heroicas que las de Bernie- quien dec\u00eda que &ldquo;despu\u00e9s de ponerle nombre a los hallazgos histol\u00f3gicos, se deja de pensar&rdquo;. No dejo de estar de acuerdo con que muchos dejamos de pensar creativamente despu\u00e9s de evacuar un diagn\u00f3stico histol\u00f3gico. Se siente uno aliviado, de verdad, cuando el informe est\u00e1 listo. A menudo, cuando se cierra un caso y se mienta el diagn\u00f3stico renunciamos de seguidas a seguir expandiendo la conclusi\u00f3n, d\u00e1ndole fin a la pesquisa. Pero no es menos cierto que alguna vez tenemos que concluir sobre un diagn\u00f3stico y no dejarlo en el limbo de la humildad cient\u00edfica con el temor de ser inmodestos si lo alcanzamos. Sin embargo, no toda biopsia es un experimento cient\u00edfico. La mayor\u00eda son ejercicios sociales que necesitan decisi\u00f3n, conclusi\u00f3n y cierre, m\u00e1s que cogitaci\u00f3n sin fin y modestia sin l\u00edmite. Estos \u00faltimos rasgos de &ldquo;actitudes conclusas&rdquo; son los que estimul\u00f3 Bernie como partero de los nuevos &lsquo;ojos&rsquo; de muchos dermatopat\u00f3logos. <\/p>\n<p>Cerrando estas semblanzas, m\u00e1s abstractas y emocionales que factuales, no quise dejar sin tratarlas de este modo con motivo del deceso de Bernie. Su personalidad trasciende estas notas y su CV es extenso. Otros lo divulgaran. Yo atestiguo aqu\u00ed otras cosas, incluidas las facetas problem\u00e1ticas del maestro, como las veo yo. <\/p>\n<p>Bernie, el inventor de andamiajes diagn\u00f3sticas, fue un iconoclasta por excelencia, siempre cordial pero no siempre suave de r\u00e9plica o portador de tacto diplom\u00e1tico. A pesar de sus grandes logros, su adherencia a ultranza a lo morfol\u00f3gico lo puso en contra de ciertos est\u00e1ndares nuevos de pr\u00e1ctica. A pesar de su auge como sistematizador y de su prestigio como afinador en cuesti\u00f3n de clasificaci\u00f3n de enfermedades (&ldquo;splitter&rdquo;), en sus \u00faltimos a\u00f1os se convirti\u00f3 en un aglutinador (&ldquo;lumper&rdquo;) que menospreci\u00f3 las taxonom\u00edas que muchas enfermedades presentan al microscopio. <\/p>\n<p>En mi caso, si algo me gust\u00f3 en mis primeros tiempos como su disc\u00edpulo, fue su oposici\u00f3n al concepto &lsquo;sagrado&rsquo; de los nevus displ\u00e1sicos. El los ve\u00eda, como yo ahora, en todos lados, tanto as\u00ed que decidi\u00f3 llamarlos nevus de Clark. Esto le rest\u00f3 valor a la atipia inherente que portaban y que pod\u00eda, de ser gradada en leve, moderada o severa, como yo lo hago, darle al cl\u00ednico una medida de los riesgos que ten\u00edan los pacientes que presentaban muchos de ellos y que eran peores si tales nevus mostraban mucha atipia. Para m\u00ed, ese ejemplo de cambio tard\u00edo constituy\u00f3 una involuci\u00f3n de su pensamiento atomizador y a mi modo de ver correcto en su primera versi\u00f3n. <\/p>\n<p>Tambi\u00e9n tuvo Bernie un \u00edmpetu unificador sobre enfermedades que el com\u00fan reconoc\u00eda como poseedoras de muchas variedades dignas de ser mencionadas. Esto me mostr\u00f3 otra vez que Bernie se apartaba de sus bases primigenias de clasificador minucioso, de catalogador de peque\u00f1as pero diferentes especies de enfermedades o entidades. Ahora los grandes s\u00edndromes eran una sola enfermedad en su visi\u00f3n m\u00e1s reciente. <\/p>\n<p>Como todo ser humano, Bernie tuvo sus debilidades. Una de ellas, aun si los hechos le daban la raz\u00f3n, fue la de hacer de la controversia una de frecuente enfrentamiento personal y su apartamiento en los \u00faltimos a\u00f1os de muchos de sus antiguos asociados y disc\u00edpulos. <\/p>\n<p>No obstante, juzgando el balance de su vida, llego a la conclusi\u00f3n que pocas figuras en el mundo de la dermatolog\u00eda han sido tan preclaras e influyentes como Ackerman. <\/p>\n<p>Yo espero, como un ackermaniano &lsquo;reformado&rsquo; (m\u00e1s que ortodoxo, a la usanza de las denominaciones hebreas en USA), ver florecer las muchas semillas que Bernie sembr\u00f3 y que dif\u00edcilmente van a ser neutralizadas por la sequ\u00eda o el fuego o el olvido. Su ejemplo de infatigable guerrero del pensamiento y de la acci\u00f3n debe ser recordado y mencionado por aquellos que hemos sido tocados por su genio. <\/p>\n<p>La dermatopatolog\u00eda ha perdido, digo yo prematuramente, a un maestro de dimensi\u00f3n universal. Sus muchos alumnos ciertamente esparciremos la llama del recuerdo y del agradecimiento que tenemos de su memoria. <\/p>\n<p>Que en paz descanse! <br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<br \/>\n&nbsp;<\/p>\n<p>P.D.: Un obituario de Bernie apareci\u00f3 en el New York Times el 11 de Diciembre de 2008. Puede verse en:<br \/>\n<a href=\"http:\/\/ http:\/\/www.nytimes.com\/2008\/12\/11\/health\/11ackerman.html\" target=\"_blank\"><br \/>\nhttp:\/\/www.nytimes.com\/2008\/12\/11\/health\/11ackerman.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dr. A. Bernard Ackerman, in 2006 in New York, at the Ackerman Academy of Dermatopathology, where he was director. 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