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Recuerdo de Margaret Thatcher

(Paréntesis al habitual tema de salud)

Los medios de comunicación están justamente abarrotados de información, con motivo del fallecimiento de Margaret Thatcher, esa gran mujer, «la dama de hierro», que fue la primera mujer Primer Ministro (valga la redundancia) de Gran Bretaña por once años consecutivos.

Cuando mi esposa Martha y yo llegamos a Londres en septiembre de 1987 para representar a Venezuela en la Corte de St. James (si hay una función que es desempeñada óptimamente en pareja es sin duda la diplomacia), ya la Sra. Thatcher se había ganado la fama y la gloria de haber sacado a su país de un previo estado de marcada postración política, social y económica y estaba en la plenitud de su notable trayectoria política.

Ambos teníamos admiración por un personaje que en pocos años había podido revertir lo que parecía ser el destino obligado en declinación de lo que fuera hasta la primera mitad del siglo XX el poderoso Imperio Británico, y al familiarizarnos con el protocolo muy formal de nuestras funciones, pudimos observar que siendo el Reino Unido una monarquía constitucional en la cual el jefe del Estado es la reina Isabel II a la cual los embajadores de turno presentan sus cartas credenciales, no existía motivo alguno para ser presentados y así tener oportunidad de conocer personalmente a la Primer Ministro Sra. Thatcher.

Por circunstancias indescifrables a los pocos meses de nuestra permanencia en Londres fuimos invitados a un banquete en el palacio de Buckingham que la reina ofrecía al presidente de Turquía, en visita de estado al Reino Unido, y nos tocó en suerte ser de los muy pocos embajadores requeridos. Allí después de la cena, mientras los concurrentes teníamos oportunidad de conversar a voluntad con otros asistentes al evento, se me acercó un alto funcionario del «Foreign Office» (quien probablemente había sido informado de nuestro insistente deseo de ser presentados a la Primer Ministro) y me preguntó si deseábamos conversar con ella, algo que por supuesto a lo que aspirábamos vivamente. Como sucede entonces en estos casos, y en forma casi imperceptible fuimos conducidos hasta la Sra. Thatcher y debidamente presentados. Sobriamente elegante, se la notaba muy segura de si misma, pero sonreida y acogedora, nos dio oportunidad de conversar con ella, a solas, por varios minutos. Hay que recordar que esta era la época en que había muchas dudas y las más diversas conjeturas acerca de lo que iba a pasar en el mundo con el hasta entonces insondable e inconmovible imperio soviético gobernado por Michael Gorbachov, como su nuevo primer ministro. Conscientes de que se trataba de un encuentro breve, Martha no perdió tiempo en preguntarle a la Sra. Thatcher qué opinaba de Gorbachov, y recuerdo con toda nitidez la forma clara, convincente, contundente e instantánea como dio respuesta a nuestra pregunta, asegurándonos que Gorbachov era un estadista genuino, deseoso de sacar a su país del atolladero económico en que se encontraba y que era imprescindible que los líderes políticos de las potencias occidentales le diesen el apoyo y la credibilidad que necesitaba para adelantar su proyecto de cambio.

Tanto Martha como yo quedamos profundamente impactados por la seguridad de sus convicciones al respecto, que en esos momentos no eran todavía bien conocidas en el mundo político internacional, pero que pudimos posteriormente observar en su desarrollo y consolidación con la caída del muro de Berlín y todas sus ulteriores consecuencias.

Una vez más pudimos comprobar, a nuestra entera satisfacción, que una de las condiciones esenciales para llegar a ser un verdadero estadista, es tener buen y acertado criterio para juzgar, tratar y confiar en colaboradores y colegas, especialmente cuando se escala a posiciones tan encumbradas como las de presidir el gobierno de un país, incluso de una potencia internacional como Gran Bretaña. Algo que pudimos constatar con la posterior evolución de los acontecimientos y el significativo rol de la Sra. Thatcher en el derrumbe del comunismo, como amenaza a la paz, la libertad y la democracia a nivel internacional.

Francisco Kerdel-Vegas
www.bitacoramedica.com

Acerca de Francisco Kerdel Vegas

Médico dermatólogo. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo "Autorradiografía en Dermatología".

3 comentarios

  1. fernando brenner

    EN ARGENTINA TODOS LOS 2 DE MAYO RECORDAMOS EL ARTERO HUNDIMIENTO DEL CRUCERO GRAL BELGRANO,FUERA DEL AREA DE EXCLUSION,ORDENADO POR ESTA DAMA, DURANTE EL CONFLICTO DE 1982, POR LA ISLAS MALVINAS.FUE TORPEDEADO POR EL SUBMARINO NUCLEAR CONQUEROR Y COSTO LA VIDA DE 325 MARINOS ARGENTINOS.OCURRIO MIENTRAS SE LLEVABAN A CABO NEGOCIACIONES DIPLOMATICAS PARA EVITAR LA GUERRA.LUEGO DE ESTE BRUTAL ATAQUE YA NO HUBO MARCHA ATRAS.EL FINAL ES YA CONOCIDO.

  2. Guillermo Planas Girón

    Es obvio que cuando se analiza el desempeño de grandes liderazgos mundiales que tuvieron y aún gozan de gran relevancia internacional, las opiniones estaran siempre divididas de acuerdo a la óptica que se asuma con respecto a los grandes acontecimientos que tuvieron que lidiar esas destacadas personalidades. Sus actuaciones fueron en muchas ocasiones muy complejas y a la Sra. Margaret Thatcher le tocó desempeñar el importante cargo de primera ministro de una potencia como Inglaterra, en una época de postguerra de difícil equilibrio geopolítico. Por supuesto que las políticas públicas y las orientaciones económicas, así como sus posiciones relacionados con determinados decisiones de vital importancia tanto a nivel doméstico como internacional, tienen que ser evaluadas en el contexto de la época y a la luz de un examen histórico riguroso. En principio debemos rechazar todo acto de guerra, especialmente de las potencias nucleares contra países ubicados en cualquier lugar del globo terráqueo que se encuentren en inferioridad de condiciones defensivas, máxime si existe una superioridad evidente de armamentos y equipos bélicos sofisticados, de una Nación sobre otra. Los amantes de la paz, deseamos que todos los conflictos y diferencias entre las naciones, se diriman diplomáticamente para evitar situaciones lamentables que dejen huellas indelebles en el alma de los pueblos. Pienso que el Dr. Kerdel quiso destacar los rasgos indudables de liderazgo y de fuerte personalidad de la Sra. Thatcher, sin hacer juicios de valor sobre determinadas decisiones que seguramente no fueron las más justas. El día que se juzgue el desempeño de la Sra Angela Merkel, seguramente habrá países europeos que no aceptarán la política impulsada por esta destacada líder, con respecto a la ayuda económica reiterada que ha brindado el FMI y la CE a países que no han logrado salir de sus respectivas crisis económicas y que han puesto en peligro la estabilidad de la Comunidad Europea.

    Un saludo cordial
    Dr. Guillermo Planas Girón
    Caracas-Venezuela

  3. Amalia Panzarelli

    «Si un hombre no quiere trabajar no debe comer», segunda carta a los tesalonicenses (3.10). Con este versículo resumió Margaret Thatcher parte de su pensamiento económico ante la Iglesia de Escocia en mayo de 1988, una cita clave para entender su actitud ante el trabajo y los cambios económicos y sociales que lideró y que sacaron a la Gran Bretaña del marasmo en que se encontraba.
    Aquí, la Thatcher fracasaría rotundamente; la mayoría de la población quieren vivir mantenidos por el gobierno como es lo propio en estos socialismos caribeños y ya sabemos lo que eso ha traído: ruina, pobreza, miseria, escasez, violencia,y un largo etcétera de angustias.
    Me agradó su artículo y su visión personal de un personaje que marcó un antes y un después en la política europea y quizás mundial.
    Cordial saludo,

    Amalia Panzarelli
    Caracas, Venezuela.

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