A una madre

Aguarda tu dulce espera,

dulce espera, dulce niño,

quien espera, desespera,

cuando espera con cariño,

Siempre esperarás con ansia

el fruto bien deseado.

Tener tu niño en la Francia

es la siembra de tu amado

Que se deforme tu vientre,

aunque tus senos sean peras,

lucirás ante la gente,

con tu hermosa dulce espera.

Ser madre es la bendición.

que natura dio a la mujer:

la de amar y ver crecer

ese fruto de su unión

Y es el fruto de la unión

la que las hace crecer

y vivir en comunión

por alguien a quien querer

Bendiga Dios a ese niño

y alumbre su porvenir

que le rodee del cariño

en su camino a seguir

Dulce niña, dulce mía

Dulce el nombre de María

y bendito sea el día

del que te traerá alegría

Antonio Guzmán F.

El autor envia este poema el  3 de abri del 2007 dedicado a una becaria, residente  que fue a Paris a estudiar y quedo  en París, luego de terminar su beca.

Jaime Piquero Martín en base al poema realiza un relato en prosa de las vicisitudes que pudiera tener la joven. Este relato es completado a la alimón por el propio autor del poema Antonio Guzmán

 

Madre en  Paris

Corría el otoño en Paris, el cielo pintaba en gris y en el Quartier Latin  cerca de la orilla izquierda del Sena varias chicas, unas de piernas  blancas, otras de muslos de ébano,  inmigrantes,  solicitas se dirigen a la montaña de Santa Genoveva en búsqueda del saber, como también lo hace otra con un  Kebab en una mano y al  ristre orgullosa, un bebe.

Madre del sur de las Américas que trata de hacer su futuro,  atender al ser recién salido de sus entrañas y  una pareja sin trabajo, porque no domina la lengua gala, viviendo de lo poco que pueden conseguir con oficios a destajo y logrando verse solo al desvelo de la madrugadas.

Sola, sin ningún hombro sobre quién reclinarse a mitigar su pena, llora  a la vera de la fuente de María Médicis, en el Jardín de Luxemburgo  y añora volver a ver  la Casa de la Independencia, la Catedral, el Palacio de Gobierno y la estación del Ferrocarril

Allá corre como  ventisca la noticia de que estaba preñada y sola. Durante nueve azarosos meses vivió el tormento de las madres  solteras,  repudiada por su familia de ultramar, viviendo de lo poco que conseguía con  trabajos que nadie quería y saboreando a los apurones uno que otra exótica carne cortada entre giro y giro. Empecinada en forjar su futuro, deambula también los fríos pasillos del Hospital donde se mueve sin sueldo, tratando de salvar miserias humanas y llevarse el precioso tesoro del conocimiento para salvar indiecitos Guaranis

Sus días son intensos, a las 7.00 am ingresa al Hospital por Claude Vellefaux y a las 4:00 pm ya esta de rodillas limpiando la zona de servicios del Jardín de Luxemburgo. A las 8:00 recoge a su Bebé y llega a su buhardilla de la Rue de Vaugirard a amamantarlo y esperar la medianoche a que venga su Jack.

En la madrugada con la mirada en el carcomido techo con una pálida bombilla bamboleante anhela terminar su formación y regresar de las Francias triunfante a volver a oir los pájaros choguis, a socorrerse debajo de los lapachos rosados y observar como los guaranies venden baratijas y fruslerías, una manera disimulada de pedir limosnas, mientras que pueda socorrer a los necesitados y criar a su hijo en tierra buena.

Ella sabe que en algún momento quizás  en el fondo del túnel del oscuro metro de la Salpetiérre, hay una luz de esperanza, porque tiene amigos de ultramar que si saben cantarle al amor y a su maternidad. Sueña en su dulce espera los almíbares que le  deparará el futuro cercano, muchas manos compañeras al regresar a su terruño, el calor de su tierra y al deleite de escuchar por las calles las cadencias de su dulce idioma guaraní.

Intento de explicar el poema de Antonio Guzmán.

Jaime Piquero Martín y Antonio Guzmán

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