Inicio / Sección Inicial / De mi experiencia / El color de la dignidad humana

El color de la dignidad humana

Dr. Antonio David Pérez-Elizondo
Médico Internista-Dermatooncólogo
Instituto Materno-Infantil del Estado de México
Universidad Autónoma del Estado de México

 

What Is Your Race? The Flawed Effort Of The Census To Classify Americans, un libro del conocido sociólogo Kennet Prewitt propone eliminar cuestionamientos respecto a la etnicidad en las estadísticas censales de los Estados Unidos; por su parte Richard Popkin, filósofo de la escuela anti dogmática moderna circunscribió el origen del racismo actual en dos concepciones heterogéneas sobre la naturaleza del ser humano, los adamistas, aquellos descendientes directos de las figuras bíblicas, Adán y Eva, los verdaderos privilegiados del Divino entre los que destacan los vikingos, inquisidores españoles y los colonizadores anglosajones versus la degradación de la especie arquetípica situados en el polo opuesto,  los infrahumanos, no evangelizados, amorales, ignotos y sin capacidad de abstracción. Los frailes dominicos Montesinos y Bartolomé de las Casas arremetieron en su tiempo en contra de esta concepción reconociendo a los nativos de estas tierras sus dotes de bondad, inteligencia, razón y voluntad en franca transgresión a su explotación por los conquistadores. A pesar de todo, y lamentablemente la teoría adamista ha adquirido millones de adeptos en prejuicio de los mal considerados segregados sociales.

Es tal la ignominia, que la malintencionada degeneración de los alejados de la mano de Dios, “los de la piel oscura y rasgos burdos” son arrinconados en lo más  recóndito muy alejados de los ojos del mundo occidental, aunque también ocurre al otro lado del orbe, con la consiga errónea del encubrimiento de sus inexistentes pecados.

Por obviedad no existen razas humanas, ni las hubo nunca¡, los pensantes sin tapujos dogmáticos hablan de la gran diversidad humana de evolución ancestral y origen multifactorial; pese a la evidencia  irrefutable la intolerancia y recelo mítico aún se enquista, diversifica e intensifica en la sociedad actual. En su atinada disertación “De generis humani diverstate”, el anatomista Johann Blumenbach probablemente el padre de la antropología  física y promotor de la igualdad concibió que todos los seres humanos eran creación divina. Tal reflexión escrita en 1775 pretendió categorizar la enriquecedora y latente variedad humana de acuerdo a sus diferencias físicas y psíquicas, “todos son parte indistinta de una especie única y la peculiaridades diferenciales resultan de un espectro diversificado entre una población y otra”; sin duda, fue de los primeros en introducir el concepto de razas aunque lo consideró una metodología  arbitraria e innecesaria, según las cinco principales  regiones del mundo: americana, caucasiana, etíope, malaya y mongólica.

El abogado neoyorquino Madison Grant, líder ultraconservador y eugenesista, escribe en su texto “The Passing of Great Race”, una extraña amalgama de conceptos de antropaleontología, genética, y salvajismo ario, él entrañó un racismo científico aberrante.

Mide libertad, justicia y humanidad, salvaremos la democracia sólo cuando la democracia descubra su propia aristocracia” solía decir Hitler emulando su escolástica y con ello aprobando la segregación racial y la supremacía aria particularmente frente a los europeos meridionales y orientales para él muy inferiores, pero con aplastante peligrosa presencia continental. Los principios eugenésicos del Tercer Reich eran la consagración hereditaria y racial de la perfección pura y saludable. La tarea titánica  en medio de la crisis económico-social de los años 30´s se consolidó con la eliminación de los derechos humanos elementales en el contexto de la pseudociencia a través del Instituto de Higiene racial fundado por el psiquiatra Ernst Rüdin, uno de los arquitectos mentales del Führer. Él se encargó de preparar el anteproyecto de esterilización de los “desviados sociales” y la innombrable  determinación de la eliminación  de la sangre judía con la eliminación de los lazos matrimoniales con los germanos genuinos entre otras tropelías inauditas; el Holocausto fue la conclusión inevitable. La misma suerte correrían luego los gitanos, homosexuales, negros y mulatos, entre otros exterminados.

¿Dónde se escondía la justicia frente al mayor genocidio de la historia que contabiliza 17 millones de muertos en un régimen absolutista absurdo e implacable?; Rüdin fue enjuiciado y encarcelado en 1945 por crímenes de guerra y liberado tiempo después alegando ser un científico, no político .

En su libro “Diversidad genética e igualdad humana”, Dobzhansky, uno de los padres de la genética moderna enfatiza que los dos principios carecen de una necesaria relación; más bien la igualdad es un derecho y la propia diversidad es un valor. Por desgracia, estas diferencias entre los diversos grupos humanos han sido motivo irracional para la persecución y aniquilación mientras los sistemas político-administrativos escapan de los evidentes excesos y con ello se siembra la oposición a la existencia, oportunidad y riqueza sociocultural.

La hipotética categorización de las razas por el color de la piel, cabello y ojos,  estructura de la anatomía facial e incluso el grupo sanguíneo es un intento antropológico exiguo y fallido de entender la diversidad humana casi siempre repleta de confusiones respecto a diversas razones científicas, culturales, económicas, legales morales y religiosas. Sería congruente responder a la pregunta ¿Es realmente necesario confrontar al congénere racista si no existen razas, solo diversos grupos humanos en contienda desigual y permanente?, un hecho consumado es la instigación ante la más mínima ofensa, pero además hay muchos que transgreden las mezclas genéticas al momento de dar rienda suelta a su impulsividad agresiva y con ello justificar su debilidad. A pesar de los logros alcanzados en las últimas décadas la problemática se encuentra en un punto inalcanzable para poder resolverlo.

En realidad, todos somos afines compartiendo un historial milenario entre lo climático y la mezcolanza hereditaria que influyen en gran medida en las características físicas, costumbres folclóricas y temperamentos de cada pueblo en la extensa geografía que habitamos. Sin duda, todos compartimos algo más allá del esquema tricromático enraizado desde siglos atrás, más bien la concepción biológica unificada sin frontera mediática determinada se convertiría en un ideal coherente en algún momento de nuestras vidas.

La misma UNESCO en 1950 declaró que “todos los seres humanos pertenecen a una misma especie; el concepto  raza no contempla realidad alguna, no tiene fundamento científico o cultural.

Amén

Acerca de Antonio David Pérez-Elizondo

Jefe de Consulta Externa del Hospital para el niño. Instituto Materno Infantil. Estado de México. Profesor de Pre y Postgrado, Universidad Autonoma del Estado de México

Un comentario

  1. Estimado Dr. Pérez Elizondo lo felicito por esta firma de reflexión, casi siempre lo leo cuando sale un número de la Revista Piel Latinoamericana, siempre muy agudo y crítico, esta vez más contenido quizás por la problemática que se nos viene encima y muy probablemente usted lo sepa; guardo lo de Erich Fromm y el de entre Mencken y Platón excelentes¡
    Saludos afectuosos
    Edgar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies