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Semblanza de un maestro y amigo: Prof. Luis Conde-Salazar Gómez

Piel latinoamericana, agradece y se enorgullece con la nueva sección «Historia de la medicina» que sera conducida por el Prof Dr. Luis Conde Salazar (Profesor de dermatología laboral de la escuela nacional de medicina del trabajo (jubilado). Profesor de dermatología laboral de la escuela de medicina del trabajo Universidad Complutense Madrid. Jefe del servicio de dermatología laboral del instituto nacional de medicina del trabajo. Maestro de la Dermatología Iberolatinoamericana).
Tenemos el honor de que su semblanza y presentación la realiza el Prof Dr.Amaro Garcia Diaz ( Catedrático de Dermatología de la Universidad Autónoma de Madrid).
Bienvenidos a Piel Latinoamericana
Los Editores

Agradezco muy sinceramente la invitación que me ha hecho mi amigo el Prof. Jaime Piquero para escribir una semblanza del Prof. Luis Conde. Ello me permite hacer un modesto homenaje al amigo entrañable, refiriendo aconteceres y emociones vividas entremezclados con recuerdos y añoranzas. También me sirve para difundir y dar a conocer el testimonio de una persona que con su cotidiano, continuo y tenaz esfuerzo ha asentado su vida en un profundo sentido del trabajo, la ética y la amistad. 

Me referiré en primer lugar a la amistad. Conocí a Luis a mediados de junio de 1970, cuando desde León me incorporo al Servicio de Dermatología del Prof. Gómez Orbaneja, en el Hospital Clínico de Madrid.  Allí fui destinado a las camas de mujeres y de niños que entonces estaban a cargo del Prof. Hernández Moro, y como médico residente el Dr. Conde.  Era ya entonces un hombre jovial, alegre, que fingía cierto aire despistado, con ligero acento andaluz -quizás malagueño por su ascendencia materna-, que además fumaba en pipa.  Su rápida aceptación y su calidez me dejaron hondamente impresionado. Luis, muy cercano, como residente mayor, tuvo la gentileza de guiar mis incipientes pasos en la Dermatología, orientándome cuando yo comenzaba. Por ello siempre le estaré agradecido.

Desde entonces he tenido el privilegio de contar con su amistad que ha ido creciendo a lo largo de los años, y que ha posibilitado compartir numerosas vivencias y no menos anécdotas a lo largo de ya nuestra dilatada vida. Gracias a Luis yo dicté mi primera conferencia, gracias a él comencé a impartir las clases que en los diversos cursos de Médico de Empresa que organizaba asignándome los temas que más me agradaban, y también gracias a él publiqué uno de mis primeros trabajos internacionales. Su profundo conocimiento de la parcela a la que ha dedicado su vida (eczema de contacto y otras enfermedades profesionales) me ha permitido estar actualizado simplemente escuchando su vasto saber en conversaciones informales.  Tiene la habilidad de, casi sin darnos cuenta, comunicar y comentar las novedades más actuales en su campo y lo que es más importante su visión crítica de las mismas.

Hemos hecho numerosos viajes juntos tanto de trabajo como de placer. El primero que yo recuerdo fue a Barcelona en el año 1972, a una reunión que organizaba el Prof. Piñol en Barcelona. Fuimos en su Seat 600 recién adquirido (que, por cierto, le ayude a conducirlo desde el concesionario a su casa porque, aunque tenía carné de conducir, al parecer no había practicado mucho) gracias al bien hacer y a la gentileza financiera del Prof.  Hernández Moro, porque entonces nuestra economía no se destacaba por su opulencia. 

 

Cuando éramos jóvenes compartimos nuestras inquietudes e ilusiones, preparando juntos oposiciones, para lo cual consiguió plaza en un colegio mayor muy próximo al que yo residía. Intercambiábamos entonces no solo “apuntes” sino anhelos y esperanzas entre tema y tema. Gracias a su altruismo disfruté en varias ocasiones de diversas invitaciones, cuando conseguía un objetivo o cuando se lo prometían, aunque luego no llegaran a concedérselo. He tenido el privilegio de formar parte del tribunal de su excelente tesis doctoral, leída en 1980 titulada “Sensibilidad profesional a componentes de las gomas” que estudiaba 684 casos y destacaba el alto índice de sensibilización a las gomas entre las dermatosis profesionales.

  Ya posteriormente resolvió desinteresadamente los problemas de dermatología laboral que se me han presentado en el día a día en el trabajo. Con una generosidad encomiable ha acogido a los residentes de mi Servicio en las rotaciones anuales a los que ha enseñado con su habitual dedicación y esfuerzo. Muchos años después, con motivo de mis oposiciones cátedra tuvo la gentileza de venir a mi domicilio y, escuchando los ensayos de los ejercicios, darme su valiosa opinión, que sin duda mejoraba la exposición. 

En el ámbito profesional su magnífico curriculum le ha permitido gozar de gran prestigio y fue un verdadero maestro de los buenos, de los que enseña a pensar a sus discípulos.  Tan prestigiado estaba su servicio que por él rotaban – no infrecuentemente con una prolongada lista de espera- muchos residentes de Dermatología tanto españoles como latinoamericanos, a los que trataba con especial dedicación.  Los logros de sus discípulos así lo atestiguan. Fue uno de los fundadores del GEIDC, del que fue su secretario General y posteriormente fue uno de los mayores mantenedores, tanto por sus originales aportaciones como por su criterio.

Ha sido autor de diversos libros de la especialidad, algunos de lectura obligada para el especialista, de numerosos capítulos de libros y más de 300 trabajos y artículos.  Pero quizás una de las contribuciones mayores del Luis a la Dermatología sea haber dado a conocer una faceta de la especialidad que hasta entonces había tenido escaso predicamento: La dermatología laboral. Partiendo prácticamente de cero, fue capaz de crear y dar a conocer la importancia de las dermatosis profesionales, para lo cual no le importaba ir al puesto de trabajo y observar de primera mano cual era la forma de trabajo de los operarios, para así investigar y justificar el tipo y distribución de lesiones, algunos francamente originales. Recuerdo un eczema de contacto a la goma del cable de una plancha con lesiones en la eminencia hipotenar, o el de el manillar de la moto, con lesiones difíciles de encuadrar.

Todo ello ha hecho que sea un hombre muy querido y respetado en numerosos países, singularmente en Latinoamérica y no es raro que en los congresos tuviera que prodigarse por la frecuencia con que recibía agasajos y felicitaciones.  Por ello, y sobre todos por sus méritos fue nombrado Maestro de la Dermatología Iberolatinoamericana en 2005, distinción de la que siempre presume. Además de muchos otros cargos honoríficos, es Miembro de Honor de las Sociedades Dermatológicas de prácticamente todos los países de Centro y Sudamérica. 

La segunda parte del curriculum del Dr. Conde es su trayectoria de jubilado y prejubilado. Alguien dijo que un especialista puro es un hemipléjico intelectual, y esto se aplica muy bien al Dr. Conde. Además de jugar al golf – él dice que lo hace muy bien- tiene otras ocupaciones. Ya antes de su jubilación y simultaneando con su trabajo, inicia e impulsa y través del AEDV la no fácil consecución del museo Olavide – que estaba embalado y depositado en cajas en un Hospital de Madrid-. Después de arduas negociaciones lo consigue alrededor de 2006. Con su dedicación, esfuerzo y horas de trabajo lo ha restaurado y lo ha dotado del espacio donde se exhibe.  Realizó un trabajo de investigación verdaderamente memorable y lo ha dado a conocer mediante sus publicaciones, sus charlas y conferencias, sus conversaciones y exposiciones temáticas no solo en España, sino también internacionalmente. Además, se ha preocupado y ha conseguido restaurar la biblioteca a de la Academia (Biblioteca García Pérez) que cuenta hoy con más de 2000 ejemplares, además de la numerosa documentación referida al museo Olavide que Luis se ha encargado de recopilar, ordenar y ofrecer al público.  Ha sido director de dicho museo hasta este mismo año, donde después de nombrarlo director honorifico, lo han relevado de su cargo. Pero el Dr. Conde ya ha encontrado una nueva afición: según me comunicó muy recientemente va a dedicar su tiempo a la Historia de la Medicina, y seguro que esta disciplina se va a enriquecer con los logros de tan eximio investigador. 

En resumen, de Luis se puede decir que es un amigo leal y generoso, que goza de numerosos amigos y admiradores, que es un hombre sólido y leal y que es un maestro y una autoridad mundial en dermatología laboral.  Es sin duda un honor para mí tenerlo entre mis amigos, y haber compartido con él una no pequeña parte de mi tiempo. Espero y confío en poder seguir haciéndolo durante uno cuantos años más.

Amaro García Diez
Catedrático de Dermatología jubilado
Universidad Autónoma de Madrid

 

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Mesa de redacción de Piel Latinoamericana. Donde recibimos casos, aportes e información de interés para la comunidad latinoamericana dermatólogica

Un comentario

  1. Víctor Lopez-Barrantes

    Para los que somos compañeros y amigos es fácil solidarizarse con lo que expresa el Profesor Amaro .
    Luis , no te jubiles nunca , sigue siendo tu . Disfruta y haznos disfrutar de tus anhelos profesionales de investigación y de tus ratos de amistad .
    Seguir así , nos mantiene hacia delante y arriba con fuerza .
    Con espíritu deportivo , como cuando “ golfeamos” , estamos contigo.
    Los años podrán con nosotros cuando nosotros queramos , pero no cuando “ellos” quieran.
    Un fuerte abrazo desde la amistad y compañerismo .

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