El Arte como Icono de Resiliencia

El pasado 24 de junio (2026), una serie de devastadores sismos con magnitudes de 7,2 y 7,5 sacudieron diversas regiones de Venezuela, dejando más de 6.500 muertos, severos daños en la infraestructura vial y habitacional, y un profundo impacto emocional en la población, con especial gravedad en el estado La Guaira. Frente a este panorama de contingencia y dolor, el reconocido artista venezolano Oscar Olivares presentó el 3 de agosto una monumental obra alegórica concebida para transformar la incertidumbre y el trauma colectivos en un testimonio imperecedero de memoria histórica, solidaridad y respuesta comunitaria. Esta emotiva obra trasciende el mero ejercicio pictórico. Se eleva como un icono social que reúne cerca de 70 personajes inmortalizando la resiliencia del pueblo venezolano.

“El arte tiene la facultad diagnóstica de retratar la herida social, pero también la virtud terapéutica de proyectar la cicatrización a través de la solidaridad y la esperanza.»

La composición contrapone la dureza de las estructuras colapsadas con la calidez humana. En la sección izquierda y central, las escenas de derrumbes y el esfuerzo físico desesperado se entrelazan con la ayuda mutua. Olivares inmortalizó la figura alegórica de una Venezuela sostenida en brazos por un motorizado y un niño, recordando que, en momentos de catástrofe, la verdadera estructura de soporte nacional reside en los ciudadanos comunes.

Impresiona la fidelidad con la que se registran las distintas fases de la atención en crisis: el rescate heroico de familias entre las ruinas, el despliegue del personal de rescate nacional e internacional, la noble labor del perro rescatista Tsunami y la movilización civil sin precedentes. La donación de insumos y alimentos, donde las estampas del álbum del Mundial 2026 fueron poéticamente sustituidas por las banderas de las naciones hermanas que enviaron ayuda, reflejando una terapéutica colectiva basada en la empatía universal.

Es bien importante el tributo rendido al Dr. José María Vargas dentro del lienzo. Padre de la medicina venezolana y símbolo republicano del saber puesto al servicio del pueblo, su presencia en la obra evoca la responsabilidad ineludible del gremio médico ante las contingencias nacionales. Junto a él, la imagen de la Virgen del Valle y la sutil presencia de la mariposa como metáfora universal de metamorfosis y evolución nos invitan a reflexionar sobre la capacidad de transmutar el dolor en renovación moral y social.

El punto focal y culminante de la obra nos traslada a la costa de La Guaira, uno de los estados más duramente impactados por la tragedia. Allí, frente al balanceo sereno del mar, una niña observa en pie el despuntar de un amanecer dorado. La niña, ataviada con elementos de la identidad venezolana, contempla el movimiento incesante de voluntarios, socorristas y familias que reconstruyen el entorno sobre los cimientos del esfuerzo compartido.

Como profesional de la medicina con más de 40 años recorriendo los pasillos hospitalarios y las calles de La Guaira en labores asistenciales, diviso en ese amanecer una lección indispensable para la comunidad científica de nuestro país. El ejercicio médico cobra su verdadero sentido cuando se funde con la sensibilidad social y la fe en el porvenir.

La obra de Oscar Olivares conserva la memoria histórica de una tragedia, pero sobre todo celebra la victoria de la solidaridad sobre la devastación.

Dr. Ricardo Pérez Alfonzo.
Director del Programa de Postgrado de Dermatología, Instituto de Biomedicina «Dr. Jacinto Convit», Hospital Vargas de Caracas / UCV

Acerca de Ricardo Pérez Alfonzo

Director de Postgrado de Dermatología. Instituto de Biomedicina “Dr. Jacinto Convit”. Hospital Vargas. Universidad Central de Venezuela. Caracas. Venezuela

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