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Prosa: “Doña Flor y sus dos maridos” (Novela)

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"Doña Flor y sus dos maridos" (Novela)
Autor: Jorge Amado

Fue escrita en 1966, y tiene como protagonista a una bella y candorosa mujer que posee la particularidad de compartir su vida con dos hombres.

Sus cualidades morales, sin embargo, no se ven mancilladas, ya que conserva sus principios inalterables. Es sencillamente adorable, buena ama de casa, destacándose en sus dotes culinarias, simpática y pícara.

La obra, ambientada en Bahía, muestra un retrato realista de la sociedad y personajes de la época, la lujuria, los prejuicios y las creencias, que envuelven sus vidas.

Su tema es el amor, aunque no representado en una persona sino en dos, un sentimiento que trasciende lo terreno para unir a los seres amados más allá de la muerte, aunque con la interferencia de alguno que reside en el mundo de los vivos.

En 1976, fue llevada al cine, con la dirección de Bruno Barreto, protagonizada por Sonia Braga y José Wilker.

"No por ser desordenado día de lamentación, tristeza y llanto, debe dejarse transcurrir el velorio a la buena de Dios. Si la dueña de casa, sollozante y abatida, fuera de sí, embargada por el dolor o muerta en el cajón no pudiera hacerlo, entonces un pariente o una persona de su amistad debe encargarse de atender la velada, pues no se va a dejar a secas, sin nada de comer ni de beber, a los pobrecitos que solidariamente se hacen presentes a lo largo de la noche. Para que una vigilia tenga animación y realmente honre al difunto que la preside, haciéndole más llevadera esa primera y confusa noche de su muerte, hay que atender solícitamente a los circunstantes, cuidando de su moral y de su apetito. ¿;Cuándo y qué ofrecer? Durante toda la noche, del comienzo al fin, es indispensable el café; naturalmente, solo. El café completo -con leche, pan, manteca, queso, algunos bizcochitos, algunos bollitos de mandioca y rebanadas de tortas de maíz con huevos estrellados-, sólo se servirá por la mañana y para los que allí amaneciesen. Es conveniente mantener el agua siempre a punto para el café, de modo que nunca falte, ya que continuamente está llegando gente. Debe servirse con tortitas de harina y bizcochos. De vez en cuando hay que pasar una bandeja con saladitos, tales como bocadillos de queso, jamón y mortadela, pues para consumición mayor ya basta y sobra con la del difunto. Sin embargo, si el velorio fuese de categoría, uno de esos velorios en que se tira el dinero, en ese caso, se impone dar una jicara de chocolate a medianoche, bien espeso y caliente, o un caldo de gallina con arroz. Y, para completar, bollitos de bacalao, frituras, croquetas de toda clase, dulces variados y frutas secas. Para beber, si se trata de una familia pudiente, además de café puede haber cerveza o vino, un vaso, y sólo para acompañar el caldo y la fritada. Nunca champán: se considera de mal gusto servirlo en tales circunstancias".

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José Jorge Amado Farías (nace el 10 de Agosto de 1912 y muere el 6 de agosto de 2001, Bahía Brasil) es un excelso observador de la sociedad que lo rodea; el mismo se autoproclama el pregonero en el inicio de la novela, al decir: «Narrada por Jorge Amado, escriba público, establecido en el barrio de Río Vermelho, en la ciudad del Salvador de Bahía de todos los santos, en las vecindades del lago de Santana donde habita Yemanja, señora de las aguas». Jorge es un hombre comprometido con el entorno en que vive, de tal manera que ese compromiso lo dirige sapientemente hacia una escritura exenta de solemnidades, simpática y entretenida. Descubre para nosotros como lectores, una expresión nueva de la literatura de América del Sur. Nos regala con esta novela un carnaval lleno de olores y sabores, un verdadero festín para los sentidos, sin perder el rumbo de la delicia y la malicia, el lector penetra en cada rincón de la sociedad bahiense, donde la gran enseñanza recogida al terminar de leerla es el desapego de lo material para aprender a vivir sin la neurosis opresiva de las grandes metrópolis. Con lujo descriptivo, Amado disecciona el entorno social de los habitantes de barrio de San Salvador, asistimos así envueltos con el aura brujeril de profunda raigambre en las tradiciones africanas al núcleo folklórico del alma brasileña, allí se dan la mano personajes callejeros de renombrada categoría como pueden ser las metiches vecinas, el vividor y su perenne flota de acompañantes, sobre todo, cuando aquél gana en los juegos de azar, el sacerdote, el farmacéutico, el candomblé, la macumba y la inquietante atmósfera mágica del Vudú. A través de los personajes, el autor recrea con la fidelidad propia de un grande de la literatura, los aconteceres diarios de este conglomerado que tiene como verdadera finalidad hacer menos pesado su transitar. Los dramas de sus habitantes siempre se revierten en episodios llevaderos aunque el dolor esté presente y si es posible acudir a la ayuda de la magia para resolver sus problemas, ellos lo hacen.
La novela está fincada en tres aspectos primordiales: tono erótico, musicalidad y magia, trinidad toral que deviene en una expresión abundante en matices. Entre ellos se cuela el aspecto culinario que nos da un repaso de la comida regional. En todas las acciones hay un toque erótico que está acariciando la atmósfera, y la narrativa discurre acompañada de una samba que no se escucha pero que esta ahí como presagio de todos los movimientos. Jorge Amado nos hace subir, bajar, nos integra a la circulación en angostas y empinadas calles. Nos hace saborear los guisos de Doña Flor, nos convierte en cómplices de las pillerías de Vadinho y en partícipe de los escarceos amorosos de ambos. Va tejiendo una hamaca sensual y adormecedora en la cual nos mecemos bajo el embeleso de Doña Flor. Ella en sí, es un bocado de cardenal; cualquier lector que se deje llevar por el entramado de esta novela inevitablemente se enamorará de Doña Flor, mujer en toda su potencia femenina, que avasalla con virtudes inapelables: recatada, discreta, inteligente, dueña de un par de nalgas monumentales y con una lujuria personal que atesora para entregársela al hombre que ella desea: Vadinho, pendenciero, jugador, mujeriego, abrevado en la formación mundana, inteligentemente descubre el cuerpo y la líbido de la bella mujer hasta hacerla esclava del deseo, pero Vadinho muere prematuramente acuciado por los excesos y deja a Doña Flor en el pináculo de la pasión. En el transcurso de su viudez las circunstancias interactúan que la llevan a casarse de nuevo con Teodoro Modureira, antípoda del fallecido Vadinho y de posición económica de relativa holgura, amoroso y atento. A pesar que Doña Flor es amada y tiene todo lo que quiere su cuerpo se le rebela y acude a la magia para traer a su Vadinho del alma. Sólo así ella es feliz. Doña Flor ¡ah! Doña Flor. El folklore, la magia, la comida, el erotismo de un pueblo fueron recreados en esta estupenda novela.

Acerca de Raquel Ramos

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