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Responsabilidad social de los científicos*


La fragua de Vulcano de Diego de Velásquez 1630 . Museo del Prado

Por Dr. Francisco Kerdel-Vegas**
www.bitacoramedica.com

La columna de la distinguida periodista argentina Nora Bär en el diario “La Nación” de Buenos Aires (31 de diciembre de 2010) nos enfoca hacia una pregunta hoy más válida que nunca, dada la importancia e impacto en la vida diaria de la investigación científica en el mundo actual:

¿Cuál es la reponsabilidad del científico frente a la sociedad?

Las dos posiciones extremas existentes -y por cierto muy beligerantes-, parecen estar buscando un consenso. De una parte quienes piensan que el investigador científico sirve mejor a la sociedad, concentrándose en su trabajo, es decir, haciendo investigación de alta calidad, sin preocuparse de la utilización eventual de sus descubrimientos. Y, en el extremo opuesto, quienes están convencidos que el científico tiene una “responsabilidad moral de discutir públicamente las implicaciones sociales de su investigación, no solamente promoviendo sus beneficios sino también, y más importante aun, advirtiendo sobre sus potenciales peligros.”

Pensamos que la segunda posición tiene un peso adicional en el terreno de la investigación en medicina, ya que lo que allí está en juego es la salud del ser humano, y hasta la propia vida.

Es muy probable que sea el investigador -por razones cronológicas obvias-, quien primero se percate y se interrogue a sí mismo de las posibles consecuencias positivas y negativas de su descubrimiento, de allí -al menos en parte- la lógica de atribuirle responsabilidad moral en el asunto.

David Dickson (Editorial de SciDev net, 31.12.2010) nos informa del aparente consenso de que “la comunidad científica debe comprometerse con la comunicación, como una parte integral de la profesión del investigador.” Efectivamente, ese nuevo consenso “se refleja en un documento borrador de directrices que puede ser influyente, escrito por el Comité de Libertad y Responsabilidad de la Conducta Científica, del Consejo Internacional para la Ciencia (ICS por sus siglas en inglés)”, aprobado en la reunión de noviembre de 2010 en la reunión copatrocinada por la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Colombia y la Universidad Nacional, que tuvo lugar en Bogotá.

El documento mencionado, “describe tanto las oportunidades como las amenazas para comunicar efectivamente la ciencia contemporánea usando los medios electrónicos, y subraya un reto: ¿cómo informar sobre las complejidades y las incertidumbres?” Efectivamente el gran público tiene la tendencia a pensar que en el mundo de las ciencias todo es blanco o negro, y por lo tanto ajeno a lo que significan esas dos palabras claves: complejidades e incertidumbres, especialmente válidas en el terreno de la biomedicina.

“ … los científicos necesitan ser realistas al estimar la importancia, las implicaciones y el impacto de la investigación, y deben evitar tanto el alarmismo como la complacencia cuando comenten sobre emergencias públicas … los científicos no deben presentar exclusivamente sus resultados, sino además deben estar preparados para considerar las necesidades y opiniones del público.”

Dickson afirma, “Lo que es nuevo en un contexto más amplio, es el aparente deseo de la comunidad científica de reconocer que el estímulo a una comunicación de la ciencia adecuada no es un aderezo voluntario, sino una parte integral de la responsabilidad de los científicos.” Y, va más lejos aún al proponer extender una especie de Juramento Hipocrático a los científicos: “Los médicos recién graduados prometen cumplir con el juramento hipocrático, comprometiéndose a actuar buscando lo mejor para sus pacientes. ¿Sería ir demasiado lejos pedirle a los científicos recién egresados hacer un compromiso similar para actuar en el mejor intrés de la sociedad? ”

La necesidad de difundir y explicar -en lenguaje comprensible-, la ciencia al gran público ha sido reconocida desde hace mucho tiempo y fue en esencia la razón para el establecimiento en Londres de esa venerable y exitosa organización que se denomina la “Royal Institution” hace 212 años, que nació bajo el patrocinio de una de las sociedad científicas más antiguas y respetables del mundo, la “Royal Society” (fundada en 1606).

De las más gratas experiencias que me ha tocado vivir fue asistir a varias de sus famosas conferencias, donde invitan a reconocidos investigadores (entre ellos a los Premios Nobel de ciencias) a disertar sobre sus descubrimientos. Muchos de ellos, los presentan adicionalmente en las famosas “Christmas Lectures”, iniciadas por Michael Faraday en 1825, y focalizadas a los niños, pero enormemente populares a todo público. Llevar complejos y profundos conocimientos a un lenguaje inteligible a todo el mundo, no es tarea fácil, pero es tomada muy en serio por quienes son requeridos a dictar esas muy famosas conferencias.

La mera existencia de  portales/blogs como Bitácora Médica y Piel Latinoamericana refleja la necesidad de llevar los conocimientos y nuevas investigaciones en el sector de la salud, no solo a los médicos, sino al gran público, aprovechando el medio electrónico que hoy en día ofrece un potencial verdaderamente ubicuo.

(*) Editorial publicado el dia  17 de Enero 2011 en la revista online Bitácora Medica

(**) Médico dermatólogo, miembro del Comité editorial de Piel Latinoamericana. Embajador y académico recibió Premio Martín Vegas de la Sociedad Venezolana de Dermatología. Individuo de Número de la Academia de Ciencias Físicas y Matemáticas de Venezuela (Sillón XIII, 1971). Doctor en Ciencias Médicas de la UCV. Vicerrector Académico (fundador) de la Universidad Simón Bolívar. Fue elegido directamente Individuo de Número de la Academia Nacional de Medicina Sillón XXIV en 1967, incorporado por su trabajo “Autorradiografía en Dermatología”.

Acerca de PIEL-L

Mesa de redacción de Piel Latinoamericana. Donde recibimos casos, aportes e información de interés para la comunidad latinoamericana dermatólogica

Un comentario

  1. antonio clemente h

    Creemos muy oportuno este editorial, pues es frecuente que los descubrimientos de la ciencia no se incorporen al día a día clínico. Aúl el retardo no es excusable.

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