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¿Existen relaciones entre las enfermedades de la piel y su microbioma?


La piel es un órgano de renovación continua, considerado como un ecosistema estable, compuesto por un conjunto de nichos con características particulares que determinan diferentes hábitat y su colonización por una amplia gama de microorganismos, algunos de ellos dañinos y otros de gran beneficio, ej. bacterias, hongos y virus. El conjunto de estos microorganismos que colonizan y coexisten en la piel es lo que se conoce en términos generales como microbioma de la piel, el conocimiento del mismo es de gran interés en términos tanto microbiológicos como dermatológicos.1 Es de suponer la existencia de un estricto balance entre estos microorganismos y su respectivo hospedador, ya que cualquier perturbación en la estabilidad de este ecosistema puede generar enfermedades o infecciones de la piel del hospedador.

En humanos, la identificación de la comunidad microbiana y sus implicaciones en salud ha generado el llamado Proyecto Microbioma Humano (PMH).2,3 El análisis metagenómico ha permitido elucidar el microbioma de la piel.1,4 Específicamente, las bacterias de la piel pertenecen a cuatro phyla dominantes: Actinobacteria, Firmicutes, Bacteroidetes y Proteobacteria; los microorganismos de mayor abundancia en piel pertenecen al primero de estos phyla. Estos mismos estudios demuestran que la diversidad del microbioma de la piel está relacionada con los sitios de hábitat o nicho.

El tratamiento antimicrobiano de muchos desórdenes de la piel sugiere una relación directa con su microbioma; sin embargo, no siempre es fácil establecer tal relación. En este sentido, Grice y Segre (2011)1 han ejemplificado la compleja interacción que puede presentarse en los siguientes casos:

 

  1. Desórdenes de la piel que tienen relación con un microorganismo en particular, ej. el acné, un desorden inflamatorio producido por  Propionibacterium acnes, una bacteria comensal muy abundante en áreas sebáceas de la piel que secreta una serie de componentes que causan daño en la piel e inducen la producción de citoquinas proinflamatorias. 5
  2. Desórdenes donde no se identifican componentes microbianos, ej. llagas crónicas en pacientes diabéticos o inmovilizados en quienes la falta de cicatrización genera un microambiente propicio para el crecimiento y desarrollo de microorganismos originalmente comensales de la piel; la identificación molecular de estos microorganismos muestra que no son específicamente los mismos entre pacientes. Estudios en ratones diabéticos muestran que cambios selectivos de la microbiota parecen estar asociado a alteraciones en la respuesta inmune innata. 6
  3. Desórdenes generados por microorganismos comensales de la piel, ej. infecciones a través de material hospitalario debidas a Staphylococcus epidermidis, una bacteria comensal que modula la respuesta inmune innata del hospedador.

El sistema inmune innato, a través de sus mecanismos sensores-receptores de superficie, tales como PRRs y TLLRs, o citoplasmáticos, tales como los NODs, juegan un  papel fundamental en la colonización y modulación de la microbiota de la piel; sin embargo, no queda claro cómo se establece esta discriminación entre microorganismos comensales y patógenos. En algunos desórdenes de la piel, tales como la psoriasis y la dermatitis atópica, en los cuales los problemas de la respuesta inmune son evidentes, se ha intentado evaluar alteraciones de la microbiota con resultados poco claros. 7

Sería interesante preguntarse por las consecuencias de la desaparición de la microbiota humana. 8 Tomando en cuenta la asociación de la microbiota a un ambiente definido (nicho) y sus interrelaciones en la estructuración de un ecosistema, como por ej. microbiota-piel, las consecuencias en términos fisiológicos y de salud que podrían presentarse serían parcialmente predecibles. Si tomamos en cuenta la individualidad genética de las poblaciones humanas y la interrelación con su microbiota, probablemente estaríamos más cerca de tener enfoques novedosos y apropiados que contribuyan a la salud humana a través de la prevención y tratamiento de enfermedades generadas por el desbalance o interrupción de la dinámica de ecosistemas particulares.

 Referencias

1.  Grice EA and Segre JA (2011) Nature Rev Microbiol 9, 244-253. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pubmed/21407241

2.  Mendoza-León A (2010) Proyecto Microbioma. Piel-L. Ventana Molecular. https://piel-l.org/blog/16087

3. Peterson J et al. (2009) Genome Res 19, 2317-2323. http://genome.cshlp.org/content/19/12/2317.full.pdf+html

4.  Mendoza-León A (2010) Metagenómica y Piel. Piel-L. Ventana Molecular. https://piel-l.org/blog/14359

5.  Kim J (2005)  Dermatology 211, 193-198. http://content.karger.com/ProdukteDB/produkte.asp?Aktion=ShowAbstract&ArtikelNr=87011&Ausgabe=231251&ProduktNr=224164

6. Grice EA et al. (2010) Proc Natl Acad Sci USA 107, 14799-14804. http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC2930465/pdf/pnas.201004204.pdf

7.  Nomura I et al. (2003) J Allergy Clin Immunol 171, 3262-3269. http://www.jimmunol.org/content/171/6/3262.full.pdf+html

8.  Blaser MJ and Falkow S (2009) Nature Rev Microbiol 7, 887-894. http://www.nature.com/nrmicro/journal/v7/n12/abs/nrmicro2245.html

 

Acerca de Alexis Mendoza-León

Alexis Mendoza-León, PhD. Venezolano, UCVista, Biólogo

Un comentario

  1. Luz B Villalobos

    La investigación de las comunidades microbianas humanas se ha beneficiado a partir de la incorporación de métodos y conceptos de la ecología para recopilar y analizar la gran cantidad de datos generados por las nuevas tecnologías secuenciales.
    La caracterización espacial y temporal de la microbiota en diferentes poblaciones, ha proporcionado una visión más profunda de la dinámica de las bacterias comensales y su resistencia a las perturbaciones en el cuerpo humano. La capacidad de analizar las comunidades microbianas más a menor costo nos permitirá probar la reproducibilidad de estas conclusiones
    de acuerdo a la edad, las dietas y etnias. Al mismo tiempo, la posibilidad de aprovechar su estudio en perturbaciones que nos permiten identificar redes de interacciones entre los taxones microbianos y determinar qué especies pueden ser más eficaces para ser utilizadas en terapéutica. Los estudios de la metagenomica humana que incluye ahora a los virus, con una comprensión más ampliada en términos ecológicos de los seres microbianos, será la clave para una medicina más personalizada que no se basa en el genoma humano del cual compartimos el 99,9% sino en el el microbioma, que varía indeterminadamente y hace la diferencia entre uno y otro humano.

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