La Saga del Streptomyces: Microbios, Tierra y Milagros Farmacológicos

Dr. Ricardo Pérez Alfonzo 1
Dra. Jennifer Frías 2

  • Director del Programa de Postgrado de Dermatología, UCV – Instituto de Biomedicina / Hospital Vargas de Caracas.
  • Adjunto Servicio Dermatología Instituto de Biomedicina / Hospital Vargas de Caracas.

Si existe un protagonista humilde pero infinitamente generoso en la historia de los medicamentos que salvan vidas cotidianamente en nuestras consultas, es sin duda el género Streptomyces.

Perteneciente al grupo de las actinobacterias, el Streptomyces es una bacteria grampositiva de crecimiento micelial que imita la apariencia morfológica de los hongos. Habita calladamente como saprófito en la tierra y entre la vegetación. Sin embargo, detrás de esa modesta vida microscópica en el mantillo terrestre se esconde la fábrica química más portentosa del mundo microbiano. De sus miles de compuestos secundarios registrados, la ciencia médica ha extraído herramientas vitales con efectos antifúngicos, antibacterianos, antiparasitarios, antivirales, antineoplásicos e inmunomoduladores.

Es para nosotros, los venezolanos y latinoamericanos, un motivo de inmenso orgullo recordar la impronta indeleble que nuestra geografía dejó en esta epopeya científica. En 1947, el ilustre médico y científico venezolano Dr. Enrique Tejera Guevara aisló, a partir de una muestra de suelo tomado de Caracas, el Streptomyces venezuelae, microorganismo pionero a partir del cual se logró sintetizar el cloranfenicol. Asimismo, de los sedimentos fértiles a orillas de nuestro majestuoso Río Orinoco, se cultivó en 1955 el Streptomyces nodosus en los laboratorios Squibb, del cual deriva la anfotericina B, baluarte indiscutible contra las micosis sistémicas más severas y la Leishmania.

En el ámbito de la infectología, le debemos al Streptomyces fradiae la neomicina y al Streptomyces erythreus la eritromicina, pilar fundamental de los macrólidos. De igual forma, el aislamiento del Streptomyces griseus por parte del Dr. Albert Schatz dio lugar a la estreptomicina, hallazgo reconocido con el Premio Nobel de Medicina en 1952, el primer aminoglucósido que transformó de manera radical el pronóstico y tratamiento de la tuberculosis diseminada. Su impacto se extiende con la misma fuerza hacia la oncología, donde las antraciclinas derivadas de diversas cepas de Streptomyces, entre las que destacan la daunorrubicina y la doxorrubicina, continúan siendo esquemas de primera línea en la quimioterapia antineoplásica.

En el campo de la medicina traslacional, del laboratorio al paciente y la dermatología inflamatoria moderna, este género bacteriano marcó un hito revolucionario al dar origen a los inmunomoduladores macrólidos e inhibidores de la calcineurina. El tacrolimus (FK 506) fue aislado en 1984 cerca del Monte Tsukuba en Japón por los investigadores T. Goto, T. Kino y H. Hatanaka a partir del Streptomyces tsukubaensis, acuñando su nombre del acrónimo Tsukuba acrolide immunosuppressant”, cuya aplicación transitó de la prevención del rechazo en trasplantes alogénicos al tratamiento tópico de la dermatitis atópica severa. Paralelamente, del Streptomyces hygroscopicus var. ascomyceticus deriva la ascomicina, a partir de la cual los laboratorios Novartis desarrollaron el pimecrolimus (SDZ ASM 981). Estrechamente emparentado con el tacrolimus por su dualidad inmunosupresora y antimicótica, el pimecrolimus en crema al 1% transformó el abordaje de la dermatitis atópica y diversas dermatosis inmunomediadas, consolidándose como una alternativa eficaz y segura frente al uso prolongado de corticosteroides.

De esa misma especie, el Streptomyces hygroscopicus, obtenido de las muestras de suelo en la remota Isla de Pascua (Rapa Nui), surgió la rapamicina o sirolimus. Inicialmente valorada por su potente actividad antifúngica e inmunosupresora en la prevención del rechazo de trasplantes, hoy la incorporamos a la terapéutica dermatológica sobre todo vascular. En formulaciones tópicas en gel o crema al 0.2%–0.4%, la rapamicina ha demostrado un éxito extraordinario en el tratamiento de los angiofibromas faciales en la esclerosis tuberosa, el manejo de malformaciones vasculares complejas recalcitrantes y el alivio de las manifestaciones cutáneas en la esclerodermia sistémica.

Por último, el impacto antiparasitario de este género ha transformado la salud pública global. A partir de muestras de suelo obtenidas en 1978 por Satoshi ?mura en la Universidad de Kitasato, se aisló el Streptomyces avermitilis (o avermectinius), del cual se obtuvieron 8 sustancias producto de su fermentación conocidas como las avermectinas. Posteriormente, el Dr. William Campbell evaluó su extraordinaria actividad antiparasitaria en modelos animales de laboratorio, demostrando su condición de potente antihelmíntico, insecticida y acaricida. Su derivado, la ivermectina, se convirtió en una herramienta revolucionaria para reducir drásticamente la incidencia de enfermedades tropicales desatendidas como la filariasis linfática y la oncocercosis. Esta colosal hazaña científica devolvió la visión, la salud y la dignidad a millones de personas en todo el mundo, valiéndoles a Satoshi ?mura y William Campbell el Premio Nobel de Fisiología o Medicina en 2015.

Al reflexionar sobre la saga del Streptomyces en esta edición de agosto de Piel Latinoamericana, nos reencontramos con la esencia de nuestro ejercicio: el asombro ante la naturaleza y la gratitud hacia la investigación científica nacional y mundial que convierte el medio ambiente en una fuente inagotable de recursos terapéuticos

Referencias consultadas

  • Rui, S., et al. (2025). Biological activity of secondary metabolites of actinomycetes and their potential sources as antineoplastic drugs: a review. Frontiers in Microbiology.
  • Schlimpert, S. & Elliot, M. A. (2023). The Best of Both Worlds—Streptomyces coelicolor and Streptomyces venezuelae as Model Species. Journal of Bacteriology.
  • Ait Assou, S. & El Hassouni, M. (2025). New Streptomyces-Derived Antibacterial Compounds Targeting Gram-Positive Bacteria: A Systematic Review. The Scientific World Journal.
  • Espinosa, J., et al. (2021). Streptomyces: «La vieja confiable». Desde el Herbario CICY.

 

Acerca de Ricardo Pérez Alfonzo

Director de Postgrado de Dermatología. Instituto de Biomedicina “Dr. Jacinto Convit”. Hospital Vargas. Universidad Central de Venezuela. Caracas. Venezuela

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