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Enfermo vs Enfermedad

lepra
“EL TULLIDO CON LEPRA”

(Basilea, Museo de Arte.), pintor desconocido del círculo de Konrad Witz, 1450.
Fuente: INFECTIO
W. Schreber, F.K. Mathys
1987, EDITIONES <ROCHE>
F. Hoffmann- La Roche & Cía., S,A., Basilea, Suiza

El título nos sugiere una controversia planteada desde tiempos inmemoriales y que nosotros, como especialistas, muchas veces obviamos tratando de ser pragmáticos con el enfermo que plantea su dolencia.

Conocedores de nuestro arsenal terapéutico vamos directo a solucionar la patología que tenemos delante haciendo abstracción del ser humano que la padece, aun habiendo aprendido que todo su  bagaje biológico, psíquico y social redunda en esa enfermedad y va a repercutir en el beneficio que va a producir ell tratamiento que recomendemos.


Por otro lado hay otro importante grupo de colegas que se ciñe estrictamente a la atención de la persona sin tomar en cuenta la enfermedad, precepto también equivocado,  utiliza procedimientos y medicamentos alternativos, muchas veces sin ningún base medica, obviando totalmente la medicina probada con suficienciente evidencia en la patología que estamos manejando.

Mas allá de la lógica respuesta, que debemos tomar de las dos corrientes y delante de nuestros pacientes, nos preguntamos

¿Donde esta el fiel de la balanza? la respuesta es lógica pues evidentemente estamos hablando de un elemento indivisible enfermo-enfermedad que contempla aspectos diversos del complejo ser humano y es obligación del médico ofrecerle a sus pacientes la solución más acertada a corto, mediano y largo plazo, tomando como norte su curación y calidad de vida.

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Mesa de redacción de Piel Latinoamericana. Donde recibimos casos, aportes e información de interés para la comunidad latinoamericana dermatólogica

Un comentario

  1. Mas que una decisión del médico, de cómo enfrenta a su paciente que le consulta por una enfermedad, hoy esa trascendental decisión la tomaron los adminstradores e intermediarios que guiados por el afán de producir resultados y repartir dividendos entre sus inversionistas definieron al paciente como “cliente”, a la enfermedad como “evento” y a la atención como “procedimiento” desvirtuando la relación médico-paciente, cosificando al enfermo y a su enfermedad y encajonando al médico dentro de unos esquemas que coartan su libre ejercicio y anteponen consideraciones económicas a las clínicas.

    Debemos, entonces, aceptar estos cambios que la “modernidad” impuso a nuestra profesión y asumir con paciencia y resignación esta derrota? Por supuesto que no! Creo que la Dermatología nos da una oportunidad de ejercer por encima de esas mezquinas consideraciones.

    En los países que tienen sistemas mercantilistas para la atención medicina, la mayoría de las cosas que hacemos los dermatólogos son consideradas “cosméticas” y, por ende estan fuera de cobertura; en este cajón de sastre han metido la protección antisolar, el cuidado de la piel seca, la atención de los nevus, etc., que son verdaderas actividades médicas para el cuidado de la salud y la prevención de enfermedades potencialmente graves.

    Las personas que acuden a nosotros a veces lo hacen buscando solución a una enfermedad y otras buscando una orientación para hallar, mantener o recuperar el aspecto hermosos de su piel. En ambas situaciones los dermatólogos cumplimos con la definición de “salud” de la OMS. Y en ambas situaciones podemos dar a nuestros pacientes (“enfermo”) una atención que centrada en resolver su problema (“enfermedad”) vaya mas allá de la simple expedición de la fórmula. No temamos involucrarnos, quitemos las barreras y permitamos un poco mas de intercción humana y afectiva con quienes se confían a nuestro cuidado.

    Yo, como paciente, valoro mucho y agradezco cuando mi doctor pregunta por alguien de mi familia o se interesa por cómo van las cosas en mi trabajo. Y como médico he tenido la satisfacción de oirle decir a algunos de mis pacientes: “Gracias, cómo me hacia de falta esta conversación”.

    Recuerdo la manida (pero muy real) frase de uno de mis maestros: “el dermatólogo que en los 3 primeros minutos de la consulta no ha hecho el diagnóstico, dificilmente lo va a hacer”. Y, entonces en qué empleados los otros 17 o 27 minutos del tiempo por el que ha pagado el paciente? Usemos una parte de ellos para interesarnos mas por el paciente.

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