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Acerca de Raquel Ramos

5 comentarios

  1. Jaime Piquero Martin

    Raquel, desde que Cabrujas abandono a todos los seguidores del artículo periodistico agudo y comprometido, no había alguien que pudiera calzar sus botas como ahora lo hace Ibsen Martinez. Gracias por el magnífico comentario que hace de la novela de Ibsen sobre Marx, Oscar marcano y gracias por su articulo sobre Dudamel. Los Lunes compro Tal cual solo para leer a Ibsen Martinez

  2. Raquel M Ramos M

    Querido Jaime, tantas cosas quisiera decirte. He tenido dias de un recogimiento para reestructurar y al abrir esta edición y encontrarme con su editorial, siento que todas las cosas se suceden en el momento perfecto.Mis lecturas de adolescente de “Medico de cuerpos y almas” (no armas) y “La ciudadela” fueron el abono para la fortaleza de hoy.Pretendo ser una persona coherente con mi vida y mis ideas, esto por supuesto incluye, mi realidad. Admiro a aquellos que pueden mantener universos tan paralelos. Tengo un sufrimiento profundo por nuestra realidad actual, si te dijera que no, estaria mas loca de lo que creo. Al admitirlo, estoy haciendo frente a este demonio. Desde mis primeros estudios, oi hasta el cansancio, que la familia es el nucleo de la sociedad, esto es una realidad. Y asi estoy trabajando. En mi familia gobierno yo, no Sabanetor. Aqui hay limpieza, por mas que falte el agua, hay orden y principios. SE procede con honestidad. He adquirido, una nueva visión, mas compasiva si es posible, de los enfermos que llegan a mi consulta, porque son mas victimas de esta realidad social. Y en esta realidad social, se mantienen al pie de lucha, personas como tu, como Rolando, como Felix Jacobo, como Guillermo Planas, como… Ibsen, este encantador y brillante hombre de letras, comprometido con su país, con sus ideas, con un discurso maravilloso, que llega a personas que como tu lo leen todos los lunes. Nos ha dejado Cabrujas, Montejo, pero van renaciendo hombres admirables. Esta es la vida.

  3. Guillermo Planas Girón

    Saben algo Jaime y Raquel: Cabrujas era un individuo brillante como escritor, apuntalado por sus diferentes perfiles culturales, donde también se destacaba como individuo de excepción.
    Me contaba entre sus asiduos lectores. Tenía una interpretación increiblemente inteligente y oportuna de la situación política de la época, que solía acompañar y adornar con relatos y frases extraidas de su inmenso bagaje cultural, salpicada de una ironía y un sarcasmo magistralmente manejado. Se imaginan lo que sería Cabrujas analizando la actual situación politico-económica y moral del país ?. Es lo que llamo un intelectual con peso específico, donde si algo influenció su relación con Isabel Palacios, una gran mezzosoprano intérprete de la música Barroca con su famosa Camerata de Caracas, fue en enriquecer culturalmente el entorno familiar.

    Con Ibsen Martínez,en mi opinión,se ha dado una situación similar. Intelectual de gran talla, estudioso, articulista de primera de difusión nacional e internacional, se lanza con su interesante novela “El Señor Marx No Está En Casa”, muy bien comentada por Oscar Marcano. Pero resulta curioso que tanto Martínez como su ex-compañera de vida marital, la famosa historiadora Inés Quintero, trabajaron sobre el mismo tema de Marx. Esta última, publicó su estudio crítico “El Bolivar de Mark”, conjuntamente con el filósofo e historiador Vladimir Acosta (2007). Este ensayo crítico se inicia con la carta denigrante de Marx sobre Bolívar: Simón Bolívar Y Ponte, “El Libertador”, donde del conjunto de sus ideas y prácticas políticas, destaca solo su tendencia al depotismo, sus afanes reeleccionistas y sus proyectos y ambiciones dictatoriales. Un buen tema para un interesante comentario. Porque habría que relacionarlo con la obra de Laureano Vallenilla Lanz “El gendarme necesario” y posteriormente el “Cesarismo democrático” (1919), que apuntalan la necesidad del hombre fuerte, necesario para estabilizar estas naciones del continente, contra la anarquia reinante. La historia reciente se ha encargado de desmentir esta filosofía estimulada por el ilustre intelectual, quien fue calificado por Laureano Gómez “el inescupruloso apoligista y filósofo de la Dictadura” (Se refiere a la del Gral. J.V Gómez).

    Habría que recordar, que el autor de “El Capital”, sufría desde los 46 años de una severa Hidroadenitis Supurativa a nivel de regiones glúteas y en regiones inguinales, que según Sam Shuster en artículo publicado en el British Journal of Dermatology, le producía un estado de depresión y alienación, limitando su trabajo y produciendo una situación de baja autoestima y pobreza, según revela en una carta dirigida a Friedrich Engels.

    Por último, aunque no menos importante, te felicito Raquel por tu profunda reflexión sobre la vida y sus circunstancias que brotaron de tu alma después de un prolongado período de mutismo e introspección. Esas soledades, acompañadas por nosotros mismos y por nuestra conciencia como compañera, inducen a la meditación , al autoanálisis, a la reconsideración de nuestras propias espectativas que tenemos sobre la vida, nuestro futuro, sin obviar nuestro inevitable entorno.

    Un saludo cordial
    Dr. Guillermo Planas Girón
    Caracas-Venezuela

  4. Raquel M Ramos M

    Querido Guillermo , gracias por acompañarme en este modulo. Mi abuelita materna tuvo 12 hijos, los levanto con una maquina de coser, pero era una mujer tan agudamente crítica, tan sagaz, que me sorprendia cuando hablaba. Al morir, encontre entre sus cosas muchisimos articulos de Cabrujas, recortados de los periódicos, que guardaba entre sus pertenencias….En estos momentos de mi vida, en que siento que puedo comprender muchas cosas, soy implacable con esas “inteligencias circences”, que han sentado precedentes en la historia de la humanidad, pero se han comportado en su propia historia personal tan retorcidos como un cayado. Marx con su materialismo dialectico, es una viva representación de ello. Lo que te adjunto a continuación se explica por si mismo:
    “No fueron especialmente felices los primeros años del exilio londinense de Karl Marx. En agosto de 1849 nuestro personaje había llegado a Inglaterra tras unos años de vida agitada en Alemania, Bélgica y Francia. Desde el principio de su estancia en Londres pasó por serios problemas económicos que sólo parcialmente solucionaban las frecuentes ayudas que recibía de su amigo Engels, hombre de buena fortuna familiar, que fue el sostén económico de Marx durante más de la mitad de la vida de éste. Los Marx, Karl y su esposa Jenny, tuvieron siempre muy poco de bohemios. Por el contrario, eran personas a las que les habría gustado vivir con el nivel de confort adecuado a un burgués de la época. Lo mismo podría decirse de los principios morales que compartían, por lo general, bastantes conservadores. Nunca fue cómoda, en efecto, su relación con la mujer de Engels, por la simple razón de que éste nunca se casó con ella. Y si sus circunstancias económicas hubieran sido diferentes es probable que sus relaciones con los Engels hubieran sido también distintas.

    Esta vida familiar, a menudo tensa a causa de la falta de dinero, sufrió un serio sobresalto a principios de la década de 1860. Helene Demuth, la mujer que cuidaba la casa de los Marx, dio a luz un niño de padre desconocido. Hoy sabemos muy bien que el padre era Karl Marx, pero el hecho fue objeto de todo tipo de especulaciones durante largo tiempo. La figura de Helene como fiel sirviente doméstica de la familia es interesante, entre otras cosas porque refleja muchas de las contradicciones personales del pensador alemán. Helene Demuth había nacido en 1823, por lo que debía tener cerca de cuarenta años cuando nació su hijo. Sirvió a los Marx durante décadas; y estuvo tan ligada a ellos hasta el final de sus días que sus restos reposan en la tumba del cementerio londinense de Highgate, en la que están enterrados Karl y Jenny Marx, su hija Eleonora y su nieto Harry.

    ¿Cuál fue la relación de Marx con su hijo ilegítimo? Muy poco cordial, de acuerdo con los escasos testimonios de los que disponemos. En primer lugar nunca lo reconoció y aceptó con gusto que, para la mayoría de la gente, pasara por hijo de Engels. El nombre que se puso al niño, Frederick, fue en efecto, el del amigo de Marx. La mejor fuente de la que disponemos para conocer estos hechos es una carta de Luisa Freyberger-Kautsky (la primera esposa de Karl Kautsky) a August Bebel, fechada en diciembre de 1898. En ella se habla de que Marx no amó a su hijo, de que Engels le hizo un gran favor aceptando una presunta paternidad y evitándole así un serio conflicto familiar y de que nunca hizo nada por el niño, tal vez por miedo al escándalo que se habría producido si se hubiera sabido quién era el verdadero padre. Actitudes estas bastante poco revolucionarias, por cierto.

    Desde el punto de vista humano este despego es especialmente llamativo, porque, durante mucho tiempo, Marx estuvo realmente obsesionado por tener un hijo varón; y las opiniones que manifestó en el momento del nacimiento de sus hijas no serían hoy consideradas políticamente muy correctas. Cuando nació su hija Francesca en 1851 informó de la siguiente manera a Engels: “Mi esposa ha dado a luz un bebé; desgraciadamente es una niña y no un chico”. Y cuatro años más tarde escribía de nuevo a su amigo: “ayer por la mañana, entre las seis y las siete, mi esposa dio a luz a una criatura, desgraciadamente del sexo “per excellence” (sic). Mucho mejor habría sido que hubiera sido varón”. Si a esto añadimos que el mismo año 1855 murió su único hijo varón Edgar, con sólo ocho años de edad, parece que Marx debería haber tratado un poco mejor al hijo de Helene, que, en palabras de Luisa Freyberger-Kautsky, se parecía mucho a su padre, con su mismo rostro hebreo y su pelo negro.

    Sabemos también que los herederos intelectuales de Marx echaron tierra sobre este asunto y destruyeron cuantos documentos encontraron relacionados con él. ¿Fue por pensar que la conducta de Marx no era aceptable para la moral de la época? ¿Creían acaso, que la figura del luchador heroico que en Londres sentaba las bases del socialismo científico no encajaba bien con la de un burgués que engañaba a su mujer y le hacía un hijo a la criada? Visto desde nuestros días, con una moral mucho menos estrecha, la conducta de Marx sigue sin despertar muchas simpatías, no tanto por su infidelidad como por el despego hacia el hijo y el extraño papel que hizo desempeñar a Engels. Éste, poco antes de morir, llegó a tener un serio problema con la hija de Marx, quien, al conocer muy tardíamente los hechos, se negó al principio a reconocer la verdad de lo ocurrido. “Eleonor quiere hacer de su padre un ídolo”, sentenció filosóficamente el anciano. Lo malo es que Eleonor no fue la única en intentarlo…”.
    MUchos saludos Guillermo,
    Raquel

  5. Raquel M Ramos M

    Transcribo esta breve nota de mi querido Ibsen Martínez:

    Querida Raquel:
    Mil, mil gracias por el fervor que juzgo, pese a todo, inmerecido.
    La nota que compartes con tus colegas son en extremo muy de agradecer.

    Cordialmente:
    Ibsen

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