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El color de la piel

“Los indios se volvieron angelitos”. Iglesia de Cosme y Damiao (primera iglesia cristiana de Brasil), Olivia Castro Cranwell (nació en Paría, vivió en Recife y Buenos Aires)

 

¡La catira Petronila la volvió a poner!

Quien así se queja es la dueña de la casa, la esposa del comerciante acomodado que por enésima vez protesta la incompetencia de la doméstica. Esa matrona tiene nombre porque todos la conocen como la negra,  es la jefa y a veces ama de la catira.

Veamos la paradoja: una negra “dueña” de una catira. En Venezuela esta realidad es cotidiana, pero no por ello tenemos un país excluido de prejuicios raciales. Claro, en la colonia,  cuando la rotunda separación de las clases sociales,  a veces, a la catira Petronila,    la ironía   de los poderosos la mentarían “blanca de orilla”

Con el tiempo estas dos mujeres solo utilizaran su nombre de pila para propósitos legales y mucho de sus amigos se sorprenderían cuando leyeran en su obituario el nombre de pila con el que fueron asentadas.

Estas referencias son una breve muestra del carácter identificador que tiene la pigmentación de la piel en cualquier sociedad y en cualquier tiempo; de hecho la lista de términos asociados al color de la piel que a diario empleamos para nombrar al prójimo es larga y no está cerrada. De algunos de estos alegóricos ejemplo, recordamos a el  negro primero, el catire Carpio, el catire quitapesares,  la negra Juana María, la negra del maraquero , la negra Encarnación, la negra mojina, y muchas más que  posiblemente se podrían incluir.

Desde esta consideración podemos decir que el color de la piel humana mete sus manos en el inconsciente colectivo; allí en ese espacio a veces modula las conductas sociales y por supuesto la conciencia del individuo sobre sí mismo, el entorno y hasta la visión del mundo.

La llegada de Barack  Obama a la Presidencia de los EEUU, no solo produjo las consabidas opiniones en el orden político, sino cierta opinión nacional e internacional por el color de la piel y la pertenencia a un grupo étnico hace cuarenta años brutalmente segregado, pero también en abierto racismo reciproco contra los blancos y los grupos de latinos emigrantes.

El color de nuestra piel transversaliza el sistema de valores con los que actúa la sociedad; valores como la libertad expresada en la capacidad de cada individuo para optar, suele ir influenciada por nuestra piel; ¿o es que acaso es cuento los condicionamientos raciales en la elección de la pareja de la amistad o del matrimonio? ¿Cuántas veces en la oficina de reclutamiento de personal de un ente púbico o privado,  en la elección de las autoridades universitarias, o el presidente de un club  la condición racial le hace peso a la balanza?

El color de la piel de cada persona está determinado, en gran parte por su herencia y se debe a la presencia de dos tipos de pigmentos: la melanina de la epidermis y la hemoglobina de los glóbulos rojos,  que circulan por los vasos sanguíneos situados en la dermis. La melanina es la responsable del color constitutivo moreno de la piel de muchos latinoamericanos y también del color facultativo a través del estimulo solar, riesgo innecesario por las graves consecuencias que tal práctica conlleva sobre la piel; El principal determinante del color normal de la piel es la actividad de los melanocitos, es decir la cantidad y calidad de la producción de pigmento, no la densidad de los mismos (1)

Diversos factores desempeñan un importante y determinante papel  en el nivel de actividad de los melanocitos, como son las características específicas de los melanosomas del individuo, como el diámetro, así como los niveles de actividad, tanto basales como estimulados como sucede en el color facultativo.

En nuestra Latinoamérica los diversos colores de la piel de sus habitantes erigen un inmenso arcoíris de belleza, fuerza y unión, que hacen del hombre de esta tierra una estirpe única. El valor de una persona no se mide por el color de su piel, sino por la bondad de sus acciones.

(1) Bolognia JL, Pawelek JM. Biology of hypopigmentation. J Am Acad Dermatol. 1988;19:217-55

 Rolando Hernández Pérez

 

Dr. Rolando Hernández Pérez

Acerca de Rolando Hernández Pérez

Médico Dermatólogo. Jefe Servicio Dermatología Hospital Universitario "Dr. Luis Razetti" Barinas. Profesor Facultad de Medicina ULA. Ex-Presidente SVDMQE. Co-editor y fundador de Piel-L Latinoamericana.

5 comentarios

  1. Maria Bibiana Leroux

    Cuanta verdad, Rolando encierra tu editorial. En el presente la discriminación se señala como uno de los peores pecados. Sin embargo, muchos todavía no han podido derribar la barrera del color de la piel que se alza en sus propias conciencias. Hoy parece que es correcto atender los pedidos de las minorías y de los humildes, pero la mirada sigue siendo selectiva al color de piel. No se dice, ni siquiera se deja entrever, pero la comunicación no verbal, no avala el secreto. Porqué un muchacho morocho o negro parece más amenazante que uno de piel clara en el imaginario popular?…
    Creo que la aceptación del otro, -del diferente- es un camino personal y también, comunitario. Si Yo acepto y me acerco al otro, el ejemplo vale. Si un grupo de adultos se abre para acoger al que no pertenece, nuestros hijos lo verán como un gesto posible e imitable.
    La discriminación se aprende en casa (en la de cada uno).
    La aceptación, la inclusión y la solidaridad son valores fuertes en nuestros pueblos sudamericanos. Sin embargo es necesario tomar conciencia sobre la necesidad de reforzarlos aún más, contagiandolos a los que nos rodean.
    Saludos
    Bibiana

  2. Jaime Piquero Martin

    Rolando tocastes un tema que siempre me ha apasionado, por lo que he escrito varias cosas por ahi.
    Los latinoamericanos somos desde el punto de vista cultural, la misma vaina como diríamos en Venezuela y Colombia aunque como decía Facundo Cabral, “que los centroamericanos eran indigenas, los mexicanos mestizos, los caribeños mulatos, zambos, cuarterones quinterones, zambo prieto y salto atras, pero los argentinos provenían de los barcos.
    Aunque tratamos de decir que somos la misma vaina desde el punto de vista cultural no lo somos socialmente, ya que desde la colonia arrastramos esa estratificacion que habia de : Blancos peninsulares, blancos criollos, blancos del estado llano, pardos, indios y negros.
    Pero en algun momento nos daremos cuenta que los natinvos y los provenientes de Europa y africa en esencia hemos logrado un crisol que va mas alla de los distingos raciales, de casta o clase que puderan pensarse y esa olla de mezclado no cesa de cocerse

  3. Eugenio Vega Martinez.

    Amigo Rolando,el crisol de razas que hace notar tu articulo es evidente en este mundo de intercambio genético aleatorio , basado en la libertad de relaciones humanas y solo hacemos notar las características fenotipicas (color y rasgos físicos) , pero como toda raza en el reino animal , sobre todo los mamíferos domésticos , también presentan un carácter , una personalidad especifica relacionada a su raza.
    Esto en el ser humano parece un tema tabú , pues creo , que entraríamos en el verdadero sustrato del comportamiento de hombre en la humanidad , esto a su vez condimentado con la crianza familiar y el nivel socioeconomico en el cual crecio.
    Saludos y un abrazo.

  4. Excelente editorial
    Venezuela de mi infancia era un paraíso y oasis para todos los inmigrantes independiente de su origen color o religión
    La armonía respeto y cariño siempre me hacia sentir bien.
    Mi padre un judío húngaro sobreviviente del holocausto y refugiado me decía que nunca encontró tanta aceptación ni en su país natal.
    Cuando yo comencé a vivir en los Estados Unidos y trabajar en el Jackson memorial me llamo mucho la atención el subliminal grado de separación entre las diferentes etnias y el necesario cuidado o como aquí llaman “polítical correct” forma de hablar
    Recientemente fui a Venezuela y por primera vez sentí que había cierto grado de discriminación
    Casi era un musiu en mi patria
    Que ha pasado?
    Eduardo Weiss

  5. Rolando Hernández Pérez

    Una de las mayores discriminaciones raciales del mundo “moderno” es tristemente conocido como “el experimento Tuskegee sobre sífilis no tratada en varones negros” , este estudio clínico se realizó entre los años 1932 y 1972,en Tuskegee – Alabama – EEUU, por los servicios públicos de salud americanos, en 399 hombres negros – afroamericanos, en su mayoría analfabetos, fueron estudiados para ver la evolución natural de la Sífilis; cuarenta (40) años de engaño, segregación y de inhumanidad, pues ya se conocía la buena respuesta del treponema pallidum a la penicilina (1947) y a otros antibióticos. Este experimento es hoy conocido como la mayor infame biomédica de la historia de los EEUU que trajo como consecuencia el famoso informe Belmont y la creación del Consejo Nacional de Investigación en Humanos. Es esto pues, otra de las muchos ejemplos de exclusión que existen en la historia occidental y muy seguramente color de la piel jugó un papel importante en esta trágica selección.
    Gracias a todos los colegas que han participado con valiosas opiniones.

    Rolando Hernández Pérez

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