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Mi rostro es horrible y nadie me cree, estoy enfermo no estoy loco

vigorexia2El trastorno dismórfico corporal no solamente puso en duda aquel dicho que daba por cierto que la condición de feo en el hombre podía ocasionar goce en la mujer y por tanto orgullo, en este, de ser “…como el oso…”; sino que —y allí está lo lamentable—- se llevó por delante el sosiego y buena parte de la salud mental de algunas personas. De modo que gracias a este padecimiento queda en sospecha que ser feo: ¡No paga…!

Ahora bien, el problema se complica porque en realidad no se trata de una fealdad física que desarmonizara y hasta volviera aparatoso el aspecto físico del hombre —-casos en los que el desarrollo de la conciencia y otras virtudes de la evolución humana se encargarían de       aminorar—— sino de un trastorno de percepción de sí mismo que experimentan algunos individuos.

Veamos el siguiente caso:

Camilo Sebastián es un adolescente de 17 años de edad, natural y procedente de Barinas e hijo de padres canarios quienes llegaron a Venezuela hace 40 años y criaron una familia de dos varones con muchos sacrificio y restricciones, ambos padres muy autoritarios y severos.

Camilo va a la consulta por supuestas manchas blancas y oscuras en su cara y una deformidad de la nariz que difícilmente se ve; además de múltiples cicatrices atróficas e hipertróficas en las mejillas como consecuencia de un acné severo que sufrió algunos años atrás, que tampoco vemos a simple vista.

El paciente llamó varias veces tratando de concertar una cita lo más pronto posible; tanto fue su insistencia que se presentó a la  Emergencia de la clínica conminando al médico para que llamara al dermatólogo de guardia, y así fue como me encontré a un paciente fototipo I, ansioso, sudoroso  y lo primero que me dijo fue: “usted es el octavo médico que consulto y vengo porque todas las personas me dicen que usted me solucionará mi problema”.  Inmediatamente me muestra con el índice y de forma impulsiva  sus “defectos”, es decir, las casi imperceptibles manchas en su cara y la deformidad de la nariz de forma repetitiva y cargado de una gran ansiedad, triste porque nadie le cree. Camilo vino acompañado con su novia quien a su momento señalaba que estaba loco.

Después de una atenta observación y de haber escuchado con mucho esmero el relato, paso a examinarlo y, realmente alcanzo a ver minúsculos signos a los que él insistentemente se refiere cual si fuesen lesiones severas en su rostro.

Creo que estamos frente a un paciente con un trastorno dismórfico corporal, que es un caso relativamente común; el mismo consiste en una percepción distorsionada de la imagen corporal; en el fondo se trata de una anomalía imaginaria que motiva una preocupación exagerada de la apariencia personal pese a lo insignificante del defecto corporal presente como en este caso.

Recientemente el trastorno dismórfico corporal ha sido reconocido como un síndrome específico, con características autónomas; forma parte entonces del espectro que engloba los trastornos obsesivo-compulsivo; incluso podría relacionarse también con el espectro  de las enfermedades afectivas. No obstante, las conclusiones definitivas sobre esas relaciones son aún limitadas por el poco conocimiento sobre la etiopatogenia del trastorno obsesivo corporal.

Estos pacientes creen firmemente en su deformidad, se perciben sencillamente feos o poco atractivos. En realidad, el tal defecto que condiciona la apariencia es mínimo o inexistente, esa distorsión cognitiva se torna en una obsesión, y los pensamientos causan estrés y se hacen difícilmente controlables, ocupando el individuo gran parte de su tiempo con estas falsas ideas sobre su aspecto físico.

Con frecuencia el defecto suele ser, a una distancia normal, inaparente al médico  dermatólogo  durante  la entrevista; caso contrario a lo desbastador como es percibido y experimentado por el paciente dentro de una ansiedad estresante que lo lleva, de modo irracional, a una búsqueda de la perfección en la apariencia.

Para diferenciar a los trastornos dismórficos corporales  de las quejas normales de los pacientes con aparente patología dermatológica, que son comunes en la población general,  debe observarse que este trastorno causa un estrés significativo en el funcionamiento cotidiano. Es más común que esta preocupación comprometa áreas de la cara, cuero cabelludo, pelos,  cejas, orejas, glúteos, genitales  y principalmente nariz, sin embargo cualquier parte del cuerpo puede ser foco de preocupación.

Los pacientes refieren una evidente incapacidad para bloquear los pensamientos sobre la percepción del defecto como también dificultad en controlar tal obsesión, que puede tornarse más intensa bajo presión  o cuando comparten situaciones en donde serán más observados, como una actividad social cualquiera.

Intentan, reiteradamente, disminuir el estrés usando estrategias que generalmente tienen poca o ningún resultado beneficioso o exitoso. Los comportamientos más comunes son la reafirmación de la apariencia  mediante la observación constante a través de un espejo o superficies reflectantes, como vidrios, etc., para certificar que están normales o aceptables; el camuflaje del defecto con el cabello, los maquillajes, los lentes oscuros o ropas que ocultan; el control de la  posición del cuerpo para evitar que el “defecto” sea observado;  cuidados personales excesivos en salones de bellezas, con cambios del corte y color de los cabellos, por ejemplo; o la utilización de maquillajes excesivos, tratamientos dermatológicos  repetidos, bronceamiento artificial, dietas, arreglo de uñas, etc.

Frecuentemente puede presentarse una sobreposición (ovelap) entre trastornos dismórfico corporal,  escoriaciones patológicas y la tricotilomanía, pero las motivaciones son distintas.

Los pacientes con trastornos dismórficos corporales responden bien y de entrada con los antidepresivos tipo ISRS (inhibidores de la recaptación de serotonina) como la fluoxetina, fluovoxamina, proxetina, sertralina, citalopram y escitalopram y también a los antidepresivos tricíclicos. Se recomienda tratamiento reeducativo con el objeto de enseñar al paciente obsesivo a conocer sus síntomas, aproximarse a las tareas de la vida real y crearle un contacto sano con las personas que le rodean; también se ha intentado enfocar la terapia: a) luchando contra ansiedad, mediante la administración de ansiolíticos, neurolépticos , o incluso, una cura de sueño; b) tratando la personalidad subyacente con timoanalépticos y c) modificación de la estructura neurótica con terapia analítica.

Los pacientes responden al tratamiento disminuyendo las preocupaciones, relajando el incómodo y acartonado y disminuyendo el comportamiento ritualísticos; además de la importante mejoría al participar con mayor seguridad en los asuntos sociales y laborales. El defecto sigue notándose, es raro que no se perciba más, pero generalmente no causa la incomodidad que existía anterior al tratamiento. Es fundamental la presencia de un médico psiquiatra en un servicio de dermatología, como apoyo inmediato que la interconsulta en otro servicio, piso o hasta en otro hospital.

Pero ¡ojo!, el caso contrario también podría acarrear anormalidades en la conducta; me estoy refiriendo a cierto cultivo exagerado de la buena apariencia física, una modalidad obsesiva de narcisismo con la nueva expresión en lo que ahora se denomina metrosexual, conducta que motiva a un individuo a permanecer contemplándose horas frente a un espejo, admirando o modificando su apariencia física. Para esta patología también hay penicilina.

Acerca de Rolando Hernández Pérez

Médico Dermatólogo. Jefe Servicio Dermatología Hospital Universitario "Dr. Luis Razetti" Barinas. Profesor Facultad de Medicina ULA. Ex-Presidente SVDMQE. Co-editor y fundador de Piel-L Latinoamericana.

4 comentarios

  1. Excelente Editorial Dr Rolando . Nosotros como dermatologos tenemos que estar atentos y vigilantes, sobre todo para no ser envueltos por asi decir en la necesidad imperiosa de estos pacientes para que le hagamos muchas veces procedimientos innecesarios que nos llevarían ademas de la iatrogenia a reforzar cada vez mas la conducta o trastorno en estos pacientes .

  2. Luz marina Aular Machado

    Excelente editorial RHP, siempre he visto con interés este tema del dismorfismo, cada día es más común los pacientes que van a consultar por “emergencia” con “lesiones” casi imperceptibles al ojo experimentado del dermatólogo, la ansiedad que muestran impresiona al familiar, al médico y a todo su entorno.
    Preocupan estos pacientes cuando caen en manos inescrupulosas e ignorantes de los correctos tratamientos estéticos, ya que se convierten en víctimas y llegan a someterse a cualquier procedimiento buscando un resultado del que nunca se estará conforme ya que el problema está en la mente. Pienso que nuestro principal papel es convencer al paciente de acudir al psiquiatra
    La moda fittness que esta de “moda” en gimnasios, estéticas, centros de nutrición y por supuesto mis amadas redes sociales, también han contribuido a empeorar los pacientes con Síndrome Dismorfico y han creado un nuevo grupo de “pacientes” los metrosexuales, hombres y mujeres fanáticos de la belleza “saludable”, los cuales buscan la perfección corporal al punto de sustituir horas de trabajo o descanso por estar ejercitándose hasta 8 horas diarias, someterse a cirugías y procedimientos estéticos, dietas agresivas e incluso a dietas para celiacos ya que la pérdida de peso es rápida, cámaras de bronceado, oxigeno hiperbárico, la nueva Crioterapia para regeneración celular, visten solo ropa deportiva, cargando una cantimplora con agua para sustituir alguna comida por tan preciado líquido. Este nuevo grupo pueden mezclarse con el dismorfico y se nos hace difícil diferenciar entre uno que se ve lesiones donde no hay o son muy pequeñas y el otro que busca verse bello, “sano” y deseable.
    Las imágenes de gente bella, elegante y sexi de actores, deportistas, los reatity show de glamour, belleza, elegancia y otros menesteres harán cara día más difícil el manejo de estos pacientes, como explicarle que no se puede parecer a Cristiano Ronaldo o a Kim Kardashian sino que necesitan un Psiquiatra, es difícil.
    Saludos
    Luz marina Aular Machado

  3. ASÍE ES NOMÁS. LOS PSIQUIATRAS LLAMAN A ESTE CUADRO “DISMORFO FOBIA”: SI TIENEN UN MINI PATOLOGÍA LA HIPERTROFIAN Y SI N O LA TIENE LA INVENTAN. EL RIESGO ES QUE PUEDEN TERMINAR COMO LA DUQUESA DE ALBA. ERA LIDA CUANDO JÓVEN Y QUISO SERLO MÁS AÚN DE MAYOR…
    “COSAS VEDERES SANCHO QUE NON CREDERES”
    NO ES UN ASUNTO FÁCIL DE RESOLVER QUIZÁ HAYA QUE SEGUIRLES LA CORRIENTE-
    UN ABRAZO. OSCAR

  4. Antonio Rondón Lugo

    La dismorfofobia o trastorno dismorfico corporal es una enfernedad que produce una preocupación por algún defecto fisico inmaginado, o que si existe produce una preocupaci;on excesiva/ El dermatólogo es el mas consultado.Muy importante esta publicación que hace el Rolando Hernández,quien ya nos tiene acostumbrado a presentar revisiones útiles e importantes.
    Queria recomendar el capitulo 19 del libro DERMATOLOGÍA IBERO AMERICANA ON LINE, del cual soy editor,escrito por la Dra Susana Misticone,donde realiza una revisión muy importante. puede buscarlo en http://www.piel L,libreria,Cilad org,www.antoniorondonlugo.com

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